Más que hacerme reír, Murakami me deja diciendo ¡Wow!: entrevista con el ilustrador colombiano de Murakami

Hakuri Murakami y Daniel Liévano.

Crédito: Colprensa

18 Mayo 2024

Más que hacerme reír, Murakami me deja diciendo ¡Wow!: entrevista con el ilustrador colombiano de Murakami

Daniel Liévano, uno de los grandes ilustradores colombianos contemporáneos, le contó a CAMBIO, pacientemente, la dificultad, la luz y la oscuridad que suponen ilustrar la obra de Haruki Murakami.

Por: Juan Francisco García

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Daniel Liévano es un artista e ilustrador conceptual colombiano que ha colaborado con medios como The New Yorker, The Financial Times y El Malpensante. Su libro La gravedad y otras sustancias recibió la medalla de oro de la prestigiosa sociedad de ilustradores de Nueva York. En los últimos años ha sido el ilustrador de la premiada colección de Hakuri Murakami de la editorial inglesa Folio Society. Conversamos con él sobre el privilegio y el reto de poner en imágenes la obra del escritor japonés vivo más importante. 

CAMBIO: Murakami es onírico. En su obra se conjugan el realismo más crudo con desarrollos fantásticos como la little people y un hombre que habla con los gatos. La realidad siempre tiene fisuras que colindan con lo surreal ¿Qué tan retador es entrar en consonancia con la mirada del japonés?

Daniel Liévano: Este proyecto nació gracias a la editorial Folio SocietyEllos nombraron al autor –Murakami– al final de un proceso de selección en el que quedamos cuatro ilustradores. Nos pidieron ilustrar un fragmento de un capítulo de Kafka en la orilla en el que hay unos niños tirados en un bosque con las pupilas dilatadas y con síntomas de alucinaciones. Para mí fue una revelación tener que ilustrar páginas de esta naturaleza surreal y onírica, y no una narrativa contemplativa o costumbrista típica japonesa. La mezcla de drogas y niños –y no el melodrama típico del adulto que se "chuta"– me pareció fascinante y muy kafkiano –o más bien murakamiano–: esa brusquedad sutil de lo que uno no se espera. 

Desde ahí sentí que su escritura resonaba en mí y que no debía ilustrarla desde un registro estereotípico de las alucinaciones, sino más bien desde la abstracción y el juego. Siento que la propuesta de Murakami es un juego en el que no todo debe entenderse racionalmente; un collage de pensamientos. Lo sentí desde el principio y lo mantuve hasta el final. Busqué hacer un rompecabezas visual; que el lector de la imagen pudiera hacer sus propias conexiones a partir de las posibilidades de los objetos. 

CAMBIO: Una de las cosas que hace grande a Murakami es el humor. El humor en el vacío y en el horror y ante la muerte. ¿Cómo fue plasmar ese humor en imágenes?

D.L.: Esto me parece importante porque, en mi caso, después de leer varios libros de él, no recuerdo haber soltado ni una sola carcajada. Sin embargo, sí creo que hay una relación con el humor, pero que más que un humor de risas es un humor sardónico. Me parece que Murakami es sarcástico, pero sin querer ser provocador con el lector: no me lo imagino como alguien cínico. Más bien plantea situaciones que son irónicas, oscuras, vacías y con un espacio para la abstracción y la poesía que a mí, más que arrancarme una carcajada, me hacen decir wow

Llevé todo esto a imágenes a partir de asociaciones entre objetos que me entregan sus narraciones: gatos, botellas de whisky, esas cosas que llueven surrealmente en sus relatos como pescados y animales... Lo que hice fue mezclarlos, no para enfatizar en una sola escena, sino para integrar varias escenas que hacen que el lector sienta las imágenes como un juego y no como una explicación. Como una ilustración en el sentido en que da luz y diagrama lo que pasa a través de imágenes. De nuevo vuelvo a la idea del rompecabezas: mover las fichas, sacarlas, ver si funcionan o no. Si bien mi trabajo suele ser sarcástico, supe que con Murakami necesitaba ser más juguetón y caprichoso y usar menos mensajes escondidos. Me lo tomé como un juego formal: con las líneas, con las conexiones, con los objetos, con la sutileza. 

CAMBIO: Suicidios. Soledad brutal. El abismo entre los seres. Los reveses del sexo. La locura. Los tópicos de Murakami y sus personajes se le clavan a uno como agujas. Me imagino que tener que leerlo y releerlo para ilustrarlo es hasta un reto psíquico. ¿Ha soñado con sus personajes?

D.L.: Quisiera rescatar dos cosas: la primera es que no solo he soñado con los personajes, sino que me he identificado directamente con ellos –como seguramente les ha pasado a millones de lectores–, y con lo punzante y oscuro que pueden ser el suicidio y la muerte en sus libros. Siento que esto pasa porque Murakami toca estos temas a partir de un relato paciente, cuidadoso, delicado y sutil. Igual que lo hace para hablar del dolor del despertar sexual, que en mi opinión es común en todos los seres humanos. Lo sexual siempre resulta siendo una forma muy difícil de poner en lenguaje. 

Acá pienso especialmente en Tokio Blues, que es el libro más realista y menos mágico de los que he leído e ilustrado. Para este, me fui por un lado más tranquilo, de recorte de collage que me trajo a un lugar más manual, más literario, más contemplativo. 

Sobre la locura, y acá va el segundo pensamiento, me hace pensar en Kafka en la orilla, en el que la locura se torna hacia lo mágico y onírico. En este sentido sí que he soñado con sus personajes y con su forma de abordar la locura. Kafka en la orilla habla la metáfora como el lenguaje universal, que es un tema que siempre me ha interesado. Si llegan los extraterrestres a la Tierra, hay matemáticos que dicen que la mejor manera de comunicarse con seres que no hablan nuestro lenguaje es a través del lenguaje matemático; yo en cambio pienso que la mejor forma sería a través de la metáfora. En este libro siento que Murakami hace uso de las metáforas para llevar la oscuridad hacia la luz y la luz hacia la oscuridad, en esos términos. Todo esto resonó en mí: Murakami habla de la oscuridad literal, del medioevo cuando no existía el bombillo y de pronto la oscuridad era la noche y la noche era, literal, la oscuridad para pensar nuestros sueños y todo era mágico y la realidad era, a la vez imaginada y oscura. Lo literal de la metáfora de la oscuridad me pareció brillante. 

CAMBIO: En su obra y su poética también hay coqueteos con lo metafísico, con lo que está siempre al revés del lenguaje y de la imagen. ¿Sintió que mientras leía a Murakami se miraba en un espejo?

D.L.: Creo que cualquier buena obra de arte: musical, artística, lo que sea que hable del inconsciente, automáticamente el observador se va a sentir identificado, pues creo que el inconsciente es universal. Creo en el inconsciente colectivo y que todo lo que está en lo más profundo es compartido y por ende podemos todos identificarnos. 

CAMBIO: ¿Qué se pierde y qué se gana en la cópula entre prosa e imagen?

D.L.: Buena pregunta... Siempre digo que cualquier intento de comunicación ha de tener una ruptura, un vacío. Generalmente esto es visto como algo malo, pues hay algo que no llega, que se pierde. Pero entrando directamente a su pregunta le diría que nada se pierde; pues lo que se da es un baile y en el baile no se pierde nada: una imagen dice algo, el texto dice otra cosa, y lo que sucede es que se entremezclan, se conjugan y se da una complementación muy bonita. 

CAMBIO: ¿Qué no le gustó de Murakami?

D.L.: Le agradezco esta pregunta. Aunque me he sentido muy identificado con los personajes de Murakami, siento que tienen rasgos que yo he querido cambiar en mí y que me recuerdan aspectos que pueden cambiar. Me refiero a su versión masculina de lo femenino. Siento que Murakami siempre pone a la mujer como este ser de otra dimensión, elevada, que a pesar de que puede estar ahí, teniendo sexo con uno, en realidad nunca está. Y entonces está siempre el sufrimiento y el longing. Esto me parece muy doloroso. La he vivido y siento que es una visión de la mujer que se puede superar. Y que es un patrón que he visto en los cuatro libros que he leído de él. No es una femme fatal sino, al contrario, la hace inconquistable a raíz de su ternura, su intimidad, sus secretos, y por supuesto su sexualidad. Lo mismo ocurre en la película basada en su cuento Drive my car. 

CAMBIO: ¿Por qué leer a Murakami?

D.L.: Porque es un escritor que trae una cultura –la japonesa– que es muy difícil de entender desde Occidente y que a la vez es un autor muy occidental. Una gran mezcla cultural. Hay que leerlo porque da cuenta de la realidad muy fielmente pero también desde los sueños: propone estados de abstracción que el lector debe conjugar. Es un escritor muy elegante. 

Cuéntenos de su trabajo. ¿Qué se viene después del premiado La gravedad y otras sustancias? 

D.L.: Tengo un proyecto editorial que llevo ya tiempo remojándolo, escribiéndolo, demorándolo, olvidándolo (risas). Es otra versión de La gravedad y otras sustancias, pero esta vez sobre lo externo. Si la gravedad era sobre lo interno, este es sobre lo opuesto: lo que es visible y aparente. Estoy en eso y algún día verá la luz. 

 

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