11 Mayo 2022

La estrategia digital del Clan del Golfo: terrorismo en internet

Crédito: Yamith Mariño Diaz

No importa si los despiadados videos y fotografías que circularon por las redes sociales sucedieron realmente o no durante el paro armado. Ante una audiencia proclive a aceptar como cierto todo lo que le llega, el efecto ya está hecho: la sensación que queda de la sevicia con la que opera el Clan del Golfo.

Por: Maria F. Fitzgerald

Dos mujeres jóvenes aparecen arrodilladas al borde de una trocha. Alguien las obliga a levantarse el cabello. De repente, una de ellas recibe un disparo en la cabeza. La otra tiene apenas una fracción de segundo para voltear a verla, antes de recibir un tiro ella también. Ambas caen al suelo. Sus ejecutores, con odio, las rematan con balazos en la cara y en el cuello.

Las imágenes, de una crudeza demoledora, hacen parte de uno de los tantos videos y fotografías que circularon por las redes sociales, en especial por WhatsApp, durante el paro armado decretado por el Clan del Golfo, que dejó seis asesinatos y paralizó a al menos 74 poblaciones en 11 departamentos. ¿Cómo saber si realmente esas imágenes pertenecían al paro?

Luego de recibir varios de estos videos a través de WhatsApp, todos ellos en extremo gráficos en sus niveles de violencia, quisimos saber si estas imágenes habían ocurrido todas durante el paro armado. Para ello, acudimos a la experticia de dos investigadores de Bellingcat, un colectivo internacional de analistas de datos que se ha enfocado en hacer reconstrucciones forenses.

Dado que no es posible acceder a los datos que arroja la metadata (es decir, al registro que queda en los archivos originales que podría comprobar la ubicación y la fecha de grabación), y que los videos y las fotos fueron tomados en ángulos muy cerrados (y no permiten hacer una geolocalización precisa), el análisis tuvo que desarrollarse a partir de la observación. Los analistas de Bellingcat señalaron cinco puntos que compartimos a continuación:

1. Un hombre descalzo en la ejecución de las mujeres

Pese a que no se puede descartar que haya sucedido durante el paro, llama la atención que en el video de la ejecución a las dos mujeres –mencionamos al inicio de este texto–, el verdugo viste una pantaloneta y está descalzo. Esas no suelen ser las prendas que portan los grupos armados ilegales, mucho menos los grupos paramilitares, y mucho menos cuando están patrullando. Si no están en uniforme, como mínimo cargan un chaleco táctico de protección, y es usual que cubran sus rostros cuando aparecen en videos.

2. El estilo de los ajusticiamientos

Aunque tampoco se puede para descartar la autoría de los paramilitares, ni que haya sucedido durante el paro armado, los analistas de Bellingcat señalan que, de acuerdo con su experiencia, la forma en que ejecutan a varias de las víctimas, apuntando a deformar el rostro, suele ser una forma de operación más utilizada en las guerras entre pandillas rivales. Aseguran que, al menos en registros que han analizado antes, no es común que los paramilitares operen ni con armas de corto alcance –tipo revólver, como se ve en los videos–, ni disparando de esta manera a sus víctimas. Por lo general, portan fusiles como las AK-47. Cuando quieren enviar un mensaje, sus métodos son incluso más sanguinarios.

3. El acento es extraño

Sobre otro de los videos de ajusticiamiento, los analistas de Bellingcat señalan que tanto el acento como las palabras utilizadas (“métele” y “suéltale”) son más comúnmente utilizadas en Venezuela. Esto, sumado a la forma en que asesinan a la víctima y al tipo de armas que están portando los victimarios, lleva a pensar que en realidad se trate, también, de un ajuste de cuentas entre pandillas.

4. No es en Colombia sino en Nicaragua

Luego de transformar los videos a imágenes cuadro a cuadro, utilizamos los cuadros más representativos de cada video para hacer una búsqueda de imágenes en reversa. Es decir, pasamos las imágenes por un procesador de bases de datos de imágenes (Bing, Yandex, TinEye y Google Search), para saber si se han sido publicadas antes en otros contextos. Al hacer la búsqueda en reversa de una de las imágenes que rondaron por redes, encontramos que ya había sido publicada en Nicaragua y que este caso puntual se había efectuado allá.

5. Es probable que sí sean recientes

De la gran mayoría de imágenes y videos no se encuentra registro previo, lo que lleva a pensar en que hayan ocurrido recientemente. En algunas de estas imágenes, el acento es coincidente con el de las regiones de las que dicen venir (como es el caso de los Montes de María y Antioquia), lo cual también lleva a pensar que pueden ser de la zona. Pero un punto que lleva a dudar es la falta de mención a las AGC o grupos paramilitares. Debido a que lo que se quiere es crear esa recordación y dar muestra de su poderío, es extraño que no mencionen al grupo armado en ningún video.

Pese a que todos estos son puntos que hay que sopesar para saber si estas acciones ocurrieron durante el paro armado, lo único que queda claro es el impacto que causan, el imaginario de poderío y control que se forma en quienes ven los videos sin filtro y sin sospechas.

 

El terror es real

“La meta es mostrar el poder, y los videos sirven para eso, porque lo confirman”, asegura Kyle Johnson, cofundador e investigador de Conflict Responses (CORE). Johnson considera que ante la fallida estrategia de seguridad implementada por el actual Gobierno, el avance paramilitar en los últimos dos a tres años es innegable y este Paro Armado lo demostró: “Todo esto (los videos e imágenes) sirve para crear un imaginario colectivo que muestra que es el grupo el que manda. Y que el grupo no es cualquier cosa, sino que va en serio”.

CORE, una fundación que se dedica a monitorear y analizar el conflicto armado en Colombia, ha registrado que las zonas con mayor expansión paramilitar han sido el sur del Chocó, los Montes de María, el Suroccidente de Antioquia y el Magdalena. Sin embargo, señala que zonas como Nariño, Valle del Cauca y el Meta tienen una presencia paramilitar también muy fuerte, que suele ser subestimada.

Fue justamente de todos estos territorios de donde empezaron a llegar los videos que inundaron las redes. Para Johnson, eso deja una marca a nivel local y a nivel nacional: “si vives en la zona y ves un video de esos, tomas mucho más en serio el tema. Y a nivel nacional, sirve para que se cree una idea de que el grupo armado tiene más poder que el Estado, al menos en esas zonas. Y si un grupo armado tiene más poder que el Estado en aproximadamente 180 municipios, pues eso dice mucho”.

 

Una estrategia que empieza a ser usual

No es la primera vez en que los grupos armados utilizan las redes sociales para dispersar su mensaje. El ELN, por ejemplo, tiene una publicación mensual, un podcast y distintos grupos de Telegram desde los que mueven información concerniente al grupo. Este resultó ser un método muy efectivo de comunicación para promover el último paro armado que tuvieron, en marzo de este año.

Las Disidencias, por su parte, utilizan estos medios para instaurar las nuevas reglas en diversas poblaciones, principalmente en el norte del Cauca, que es donde tienen una presencia más fuerte en la actualidad.

Sin embargo, ningún grupo había usado las redes para causar el terror de forma tan gráfica. Johnson considera que, justamente, ese es el objetivo: mostrar los hechos para generar terror y así imponer respeto. Es usual que hagan videos que muestren acciones para darse mayor validez que la que tienen en realidad, o incluso para atribuirse mayor poder. Sin embargo, y lo que para él es preocupante, es que el Clan del Golfo y las AGC sí han logrado demostrar, en la virtualidad y la realidad, el poderío que han alcanzado.

Basta con observar el claro despliegue que tuvieron en estos días y que hace recordar el conflicto armado de hace 10 o 15 años: “hay cada vez más voces uniéndose a decir que los retrocesos son enormes, sobre todo desde que subió este Gobierno, y que su discurso casi de negación ha sido una estrategia que, a todas luces, no le ha funcionado”.