18 Febrero 2022

La inteligencia del Ejército en crisis

Las acciones armadas realizadas por grupos al margen de la ley contra guarniciones militares y estaciones de policía, con el objetivo de mostrarse fuertes en este año electoral, desafían la capacidad del Estado de prevenir el terrorismo.

Más de 15 muertos y 60 heridos –la mayoría de la fuerza pública– en los dos meses que van del año, y que fueron víctimas de explosivos y ataques con armas de fuego, tienen una característica común: la falta de medidas de seguridad que habrían podido evitarlos y en las que los servicios de inteligencia y contrainteligencia juegan un papel fundamental.

Solo en las últimas dos semanas, por ejemplo, el país fue testigo del estallido de una motocicleta-bomba frente a las instalaciones del Batallón de Infantería N° 21 Batalla Pantano de Vargas, ubicado en las afueras del municipio de Granada, Meta. Saldo: dos personas muertas –un militar y un civil–, además de otros seis uniformados heridos.

El ataque fue realizado por integrantes del frente I de las disidencias de las Farc, al mando de alias Gentil Duarte.

Dos días antes, la Brigada 30 del Ejército, situada en Cúcuta, fue atacada con tres artefactos explosivos lanzados por integrantes del ELN. Las cargas solo dejaron daños materiales, pero demostraron fallas en la seguridad, en especial de la inteligencia. Esa misma guarnición militar ya había sido impactada, en junio de 2021, por un carro-bomba que dejó más de 30 heridos a causa de la onda explosiva.

La Policía Nacional no ha sido ajena a estos ataques de año nuevo. El pasado 6 de febrero, otro carro-bomba, estacionado cerca de la estación de Padilla, Cauca, despertó a los habitantes del pequeño municipio. Solo dejó daños materiales y los hierros retorcidos del automóvil. 

“Lo que tiene que hacer la fuerza pública es estar en máxima alerta. El objetivo de estos grupos son las unidades militares y de policía, por lo que tiene que haber una precaución adicional y permanente ante la posibilidad de atentados terroristas”

Rafael Guarín

De acuerdo con las autoridades, los tres hechos no tienen relación en cuanto a sus autores materiales, pero sí en las intenciones de grupos al margen de la ley que delinquen en Cauca, Meta y Norte de Santander de crear zozobra a pocas semanas de las elecciones para Congreso y a tres meses de las presidenciales. 

Para el ex alto consejero para la seguridad Rafael Guarín, lo que buscan tanto el ELN como las disidencias de las Farc es adelantar una ola de atentados terroristas en distintos lugares de Colombia, con el fin de ‘despedir’ el gobierno del presidente Iván Duque y generar presión sobre el del próximo mandatario.

“Lo que tiene que hacer la fuerza pública es estar en máxima alerta. El objetivo de estos grupos son las unidades militares y de policía, por lo que tiene que haber una precaución adicional y permanente ante la posibilidad de atentados terroristas”, señala. 

Según el exfuncionario, se requiere una articulación estrecha entre la inteligencia y la Policía Judicial, en cabeza de la Fiscalía General de la Nación, con el fin de procesar y recolectar toda la información que permita neutralizar actos de terrorismo. “La respuesta debe ser de prevención de las autoridades y de repudio social a los actos de terrorismo, en especial a los que los ejecutan”, advierte. 

Crisis inteligente

Para Jairo Libreros, experto en temas de seguridad, las fuerzas armadas han perdido la capacidad de anticipar cierto tipo de eventos terroristas en contra de sus propias instalaciones. “Cuando actores armados ilegales logran impactar de manera repetitiva con atentados o asaltos simultáneos, demuestran que las labores de contrainteligencia han fallado mucho”, explica.

En su opinión, una de las falencias más sensibles es que mientras internamente alguien está ‘sacando’ información de los establecimientos militares, afuera no se obtiene la de los actores armados. “Va a tomar mucho tiempo recuperar un buen nivel para evitar lo que sucede hoy”, afirma.

“Cuando actores armados ilegales logran impactar de manera repetitiva con atentados o asaltos simultáneos, demuestran que las labores de contrainteligencia han fallado mucho”.

Jairo Libreros

Un problema que percibe en las investigaciones realizadas a integrantes de la división de inteligencia y contrainteligencia es el desgaste que termina por afectar la integridad institucional. “Hemos visto cómo han capturado a oficiales y suboficiales que venden armamento e información y muy seguramente ello genera distorsiones –agrega–. Pero en ningún caso es una justificación para que ocurra la entrega de información confidencial y mucho menos para que contrainteligencia no tenga un trabajo mucho más fuerte”.

Para este especialista, la función de contrainteligencia, desde el punto de vista defensivo, es tapar ese tipo de grietas y abrir un ojo avizor mucho más enérgico. 

Por su parte, el analista político Ernesto Borda señala que el país es testigo de una mutación en los fenómenos de violencia que da paso al concepto de ‘multicriminalidad’, que es muy distinto al del conflicto armado interno. “Los ministerios de Defensa y del Interior no han acabado de entender que el conflicto no paró, que las disidencias son las mismas Farc y que la inteligencia no se adecuó a esos nuevos fenómenos de criminalidad”. 

Según Borda, es evidente la debilidad dentro de las Fuerzas Armadas a raíz de que se presentó un relevo de responsabilidades en la inteligencia debido a escándalos por falsos positivos e interceptaciones ilegales, lo que llevó al cambio en los mandos. “Eso significa una destrucción de la profesionalización que hace que, hoy por hoy, esa división no esté en las manos de la gente más profesional y más madura”.
Para ambos analistas, de otro lado, las fuerzas militares no tuvieron en cuenta que esta época electoral estaría alterada por acciones terroristas que creían haber terminado por el proceso de paz. “Hubo un error estratégico que no se pudo medir con la precisión necesaria: no creer que las elecciones iban a ser vulneradas no solo desde el punto de vista de fraudes electorales, sino por acciones armadas para buscar algún tipo de negociación con el Gobierno”, señala Borda. 

“Los ministerios de Defensa y del Interior no han acabado de entender que el conflicto no paró, que las disidencias son las mismas Farc y que la inteligencia no se adecuó a esos nuevos fenómenos de criminalidad”

Ernesto Borda

Lo importante, para estos observadores, es que las autoridades implementen planes para activar de nuevo la inteligencia y así poder identificar los movimientos y las vulnerabilidades y contrarrestar una oleada terrorista que se puede acrecentar más en las próximas semanas.