12 Julio 2022

La senadora que crió al hijo de Tirofijo

Crédito: yamith Mariño Díaz

Sandra Ramírez fue la madre adoptiva de Enrique Marulanda, el hijo de Tirofijo que leyó el comunicado de la Nueva Marquetalia que confirmó que Iván Márquez estaba vivo. La senadora le enseñó las primeras letras, lo protegió de los operativos de la fuerza pública contra las Farc y hasta le regaló su apellido.

Por: Javier Patiño C.

La imagen de Alberto Cruz Lobo, alias Enrique Marulanda, leyendo el comunicado de la Segunda Marquetalia sobre el estado de salud de Iván Márquez generó sentimientos encontrados en Griselda Lobo, ahora Sandra Ramírez Lobo, quien por más de tres décadas fue compañera sentimental de Manuel Marulanda Vélez, alias Tirofijo.

Sandra Ramírez conoció a Cruz Lobo en los campamentos de Casa Verde, en el Meta, cuando en una tarde de abril de 1989 tres menores –Mario, de 10 años; Enrique, de 9, y Pablo, de 8–, hijos del fallecido fundador de las Farc, llegaron a convivir con el grupo guerrillero.

La hoy senadora los acogió como madre adoptiva y los protegió, desde muy pequeños, del acoso de las autoridades.

“Ellos vivían con su mamá en el Cauca y estaban estudiando, pero de un momento a otro comenzaron a ver a hombres con gafas negras que los seguían por todas partes, vigilando sus movimientos. Los niños le contaron a su madre, quien, por miedo a que fueran capturados por los organismos del Estado, decidió ir hasta el campamento del papá, alias Tirofijo, quien no tuvo otra opción que llamarlos a su lado", cuenta Sandra en conversación con CAMBIO.

Primeras letras 

La senadora recuerda que adecuaron un rincón del campamento para un salón de clases provisional: “Instalamos un tablero en el que les enseñé las primeras letras, les enseñé a leer utilizando los pocos libros que teníamos. Desde ese momento, comencé a tenerles un cariño muy especial”.

 Al hablar de Enrique, porque para ella ese es su nombre, rememora que era una persona muy curiosa, muy pendiente de sus hermanos y convencido de la lucha que lideraba su padre. “La vida en los campamentos no es fácil y menos para unos menores de edad. Por eso, siempre los protegía, me tenían un gran cariño a pesar de no ser su madre biológica”.

Ramírez añade que la madre de los menores siempre estaba pendiente de sus hijos; era consciente de que no los podía tener juntos, pero sentía tranquilidad al saber que alguien estaba al cuidado de su educación.

“Ella siempre preguntaba por sus hijos, Manuel siempre les recordaba que no olvidaran a su madre y, cuando las circunstancias lo permitían, ella iba al campamento o ellos salían para encontrarse con ella”.

El cariño de ellos por Sandra fue tan incondicional, que al cumplir la mayoría de edad, los hermanos Marulanda decidieron tomar el apellido Lobo, para hacer honor a su madre adoptiva. Así, el niño Alberto Cruz pasó a llamarse Alberto Cruz Lobo en su cédula de ciudadanía, aunque adoptara en el monte el alias de Enrique Marulanda.

Las heridas de la guerra 

Sandra vivió, para bien y para mal, las consecuencias que el conflicto armado trajo para sus "surroncitos", como les decía cariñosamente: “Pablo murió en un bombardeo de la fuerza pública, y hasta el día de hoy no hemos podido encontrar sus restos. Enrique se unió a la Segunda Marquetalia y es un dolor que todavía toca mis fibras, porque los malos consejos lo devolvieron a la clandestinidad, en vez de quedarse acá, construyendo un mejor país. En cambio Mario, el mayor, formó una microempresa para la producción de café, gracias a los proyectos productivos que surgieron luego del Acuerdo de Paz".

La madre biológica de Enrique, Pablo y Mario sigue viviendo en el Cauca, ya enferma por su avanzada edad, pero pendiente de lo que siga ocurriendo con sus hijos.