17 Junio 2022

Adiós a “Miss Fotojapón”, el artista que se tomó una foto diaria por 22 años

Juan Pablo Echeverri estuvo obsesionado por las fotos de sí mismo antes de la era de la selfi y de la posibilidad de tomarse una foto a diario con solo levantar el teléfono. Murió de malaria este 15 de junio. 

Por: Simón Posada Tamayo

El 1 de junio de 2000, Juan Pablo Echeverri tenía 21 años y fue a una de las tantas tiendas de Foto Japón que abundaban en Bogotá a tomarse una fotografía tamaño documento. No dejó de hacerlo hasta días antes de su muerte, 22 años y 15 días después, en la cama de un hospital en Bogotá, donde no lo dejaron fotografiarse. Semanas antes había estado en Nigeria y lo picó un mosquito. En Colombia pensaron que tenía covid-19, pero se trataba de malaria.

Las últimas tres publicaciones en su cuenta de Instagram demuestran su inmenso humor negro: un ilustración de la mujer en llamas de Gráficas Molinari, una calavera con huesos cruzados y un estuche de medicinas como dipirona, diclofenaco, entre otros, que él dijo que era un “kit de eutanasia en casa”. 

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Echeverri creó un sistema en el que guardaba la ropa que usaba en bolsas marcadas con la fecha, con el objetivo de no repetirla por lo menos en un mes. El sistema provocaba que no fuera suficiente el tamaño de su closet y alguna vez vi estas bolsas invadir el corredor de su casa. Es decir: se vestía día a día pensando en la panorámica general de su obra, construía en su mente esas piezas gigantes repletas de fotos suyas que existen en colecciones privadas y públicas, como la del Banco de la República. Se vestía como Batman, Supermán, la Mujer Maravilla, un imitador de Salvador Dalí con el bigote hacia abajo, un estudiante nerd o él mismo con el pelo de todas las formas y todos los colores. 

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“No hay por qué ser uno”, solía decir.

Por ello, no es una exageración esta afirmación sobre Echeverri y su obra que hace la curadora María Wills: “Su obra más emblemática es Fotojapón, pero realmente su vida entera era una obra. El arte mismo era su vida, su existencia, su existencia performática, sus disfraces y esa forma excesiva de tragarse el universo. Su casa era un museo, algo sin parangón, era un acumulador de mariconerías y ternuras. Su vida estaba llena de sarcasmo, pero también de dulzura y belleza”.

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El cuarto de música de su casa. Crédito: @detestododio

Una de mis primeras entrevistas como periodista se la hice a él en febrero de 2005. Era una especie de estudiante legendario de la primera promoción de Artes Visuales de la Pontificia Universidad Javeriana. ¿Su logro? Que su tesis de grado hubiera sido expuesta en el salón de proyectos del Museo de Arte Moderno de Bogotá. “Miss Foto Japón se convirtió en un clásico instantáneo: era una obra maestra de un joven de 23 años”, escribió sobre él Fernando Gómez Echeverry, editor de cultura y crítico de arte de El Tiempo
 

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Wills recuerda que ella y Echeverri  empezaron a trabajar juntos en el mundo de los museos a inicios de la década del 2000: “En este país tan godo él solo refrescaba el ambiente. Para mí fue, a mis 23 años, enseñanza pura sobre el sentido de la diversidad y la libertad. Llegaba a cada guía por el museo con el pelo rojo escandaloso, con huecos en la ropa, maquillado de repente y era el mejor narrador de la historia del arte. Era culto desde los más kitsch popular hasta lo más sofisticado”. 

Haber muerto apenas con 43 años es una gran pena para un artista tan vital. En este momento estaba trabajando con el célebre fotógrafo alemán Wolgang Tillmans y tenían diversos proyectos andando, al punto de que Echeverri tenía entre sus planes irse a Berlín. 

Pero también hay que decir que 43 años para Juan Pablo Echeverri podrían ser equivalentes al doble para un ser humano corriente: vivió con una intensidad asombrosa.

Wills no duda en llamarlo “un total visionario. Su obra es un reflejo de la fragmentación de identidad que tenemos por los medios masivos y la sociedad pop y de consumo. Fue también un precursor absoluto de lo que es la vida de hoy, la selfi, el retrato como firma de relato sobre el tiempo. Su obra era un calendario que habla sobre la diversidad y la libertad y la apertura a las identidades múltiples, algo que somos todos en realidad. Sin embargo, la sociedad conservadora nos obliga a aniquilar esto para encajar en los modelos tradicionales. Para mí él es y será un icono. Todo un luchador en un medio supremamente precario, como lo es el arte en el país”.