16 Marzo 2022

Beatriz González: cuando el humor es en serio

Beatriz González.

Crédito: Cristian Garavito, cortesia Galeria Casas Reigner.

La maestra Beatriz González no solo es conocedora como pocos de la historiadora del arte, sino que en su obra hay una presencia constante de ironía y humor. Hablamos con ella sobre dónde y cómo es posible que el arte, detrás de la aparente solemnidad, también nos robe una sonrisa.

Por Diego Garzón Carrillo, codirector Feria del Millón

Beatriz González nació en Bucaramanga (1938) y desde los años 60 se ha convertido en una de las artistas más destacadas del arte colombiano. Sus obras han estado en los principales museos del mundo y desde su trabajo ha experimentado todo tipo de soportes: desde muebles hasta cortinas, desde el papel hasta camas. En su obra ha reinterpretado a su manera algunas de las obras de arte más famosas, siempre guiada por la ironía; pero también ha plasmado lo más descarnado de la guerra en Colombia. Además de conocer muy bien la historia del arte investigó y escribió La historia de la caricatura en Colombia.

¿El humor siempre ha estado presente en el arte?

La historia del arte tiene mucho humor y un capítulo especial ha sido el de la caricatura, que aparece desde Leonardo da Vinci. La mayoría de sus dibujos son caricaturescos, lo hacía todo el tiempo. Es como ver una faceta del ser humano con otros ojos. Hay una frase de Manet que dice que la caricatura es la hija natural del arte y, claro, después de la prensa. Los Caprichos de Goya también son un ejemplo de humor en el arte. Siempre ha existido el humor, pero hay una línea muy marcada, muy diferente, que es la caricatura, que tiene unas características particulares, pero que utiliza elementos del arte.

¿Cómo se manifiesta ese humor en Leonardo?

En esa época era por medio del dibujo, él dibujaba mucho. Tomaba un aspecto del ser humano para distorsionarlo, esa exageración tiene que ver en cierto momento con el arte. Él ve más los defectos del ser humano que las cosas enaltecedoras como lo hacían Rafael y otros artistas. En Rafael todo es divino, todo es clásico, todo es perfecto. En Leonardo no. Hizo miles de obras de distinta especie, realmente por el sentimiento hacia el humor.

¿Y en 'Los Caprichos' de Goya cómo se da ese humor?

Los Caprichos son grabados sobre muchos aspectos de la sociedad española en ese momento. Él estaba muy enfermo y va donde un amigo, creo que en Cádiz. Ese amigo había vivido en Inglaterra y había traído unas caricaturas. Y parece que a partir de ese encuentro quedó admirado de ver que se hacían esas caricaturas políticas. Goya ve eso y hace una serie de grabados que son una visión exagerada, distorsionada, de la sociedad.

"Cuando una sociedad está dominada y no ha tenido una iniciación en el arte vienen esas frases como 'esto lo puede hacer hasta un niño'. Y no es de ahora, desde Picasso la gente lo viene diciendo".

Hay movimientos que rompieron en su momento con los “moldes” del arte como el dadaísmo y el surrealismo. ¿Qué tanto hay de humor ahí?

Claro, la mirada de estos dos movimientos es muy particular. El ejemplo obvio del famoso orinal de Marcel Duchamp tiene que ver con el humor y todas esas presentaciones que hacían en ese teatro de Zurich, ciudad donde nació el dada. Todas esas cosas eran muy cómicas. Todo tenía que ver con el humor. Y viene el surrealismo y artistas como Dalí, por ejemplo, con una gran irreverencia.

Desde su punto de vista personal, ¿cuáles artistas admira por ese planteamiento del humor?

Leonardo, Goya... Este último juega con las dos cosas, con el humor y con el drama. Así como tiene sus “caprichos”, al mismo tiempo tiene esa obra terrible de un soldado que va a ver las cosas que están haciendo los soldados franceses y hace estas cosas tan fuertes de muertos colgando y todo eso, como una realidad de la guerra española. Goya tiene los dos elementos. Uno como artista necesita esos dos elementos.

Cortinas
Decoracion de interiores, de Beatriz González, 1981.

En su obra está muy presente el humor, como en sus famosas cortinas donde aparece el expresidente Turbay en cócteles y otras imágenes similares. ¿Cómo llegó a eso?

Yo estaba preparando mi primera exposición para el Museo de Arte Moderno cuando me llegó una carta de Marta Traba en que decía que el museo tenía un programa de artistas jóvenes. Y que yo podía servir para iniciar el programa pues estaba recién graduada. Entonces yo comencé a hacer mi versión de La encajera de Vermeer. Primero, una versión muy seria, pero ya después empiezo a hacer unas asociaciones con otras cosas y ahí es donde aparece el humor.

¿Y en ese momento había artistas colombianos trabajando el humor?

Pensar eso me hace recordar a Botero. Él es un gran humorista, sobre todo en ese momento, años 60. Todas esas versiones que él hizo sobre obras de Velásquez o Leonardo, era muy distinto a lo mío. Él hace una deformación, una exageración. Él es el que más juega con el humor. Lo mío es más mental, son otras asociaciones que tienen menos que ver con la caricatura y menos con el humor aparente, sino realmente un humor muy intelectual. Muy crítico.

¿Cómo ve la caricatura hoy en Colombia?

El humor y la caricatura son una necesidad. Los jóvenes caricaturistas tienen una gran función, no les da miedo lanzar críticas y eso es muy necesario, tiene un valor impresionante. La labor de la caricatura es incomodar. Lamento no poder seguir haciendo mi historia de la caricatura porque ya duré muchos años en eso, trabajé 35 años tratando ese tema. Pero sigo pensando que tiene claramente la función de denunciar todo el manejo del poder.

¿Algún nombre que le guste actualmente?

Hay varios , pero no me gustaría nombrar a alguien. Hay unos que a mi manera de ver han decaído como Osuna, quien fue el gran retratista de presidentes, el gran crítico, me parece que hoy patina. De resto no menciono nombres.

¿Recuerda algún momento en el que ese humor desde el arte fastidió tanto a gobernantes al punto de tomar represalias?

Claro, Honoré Daumier (Francia, 1808-1879) terminó en la cárcel por burlarse del rey. Acá en Colombia tenemos el caso de Alfredo Greñas (1857-1949), que fue víctima del presidente Rafael Núñez. Con sus caricaturas se burlaba de él y Núñez no solo buscaba cerrarle sus periódicos, sino que lo tuvo preso en las bóvedas de Cartagena, antes de expulsarlo a Costa Rica. Fue un gran opositor y al final terminó siendo el gran padre del periodismo en ese país.

"El humor y la caricatura son una necesidad. Los jóvenes caricaturistas tienen una gran función, no les da miedo lanzar críticas y eso es muy necesario, tiene un valor impresionante".

¿En su caso, con la obra sobre Turbay u otros trabajos, tuvo problemas?

Fue muy chistoso. Pusimos esas cortinas en esa galería inmensa de Alonso Garcés. Se veían tan bien que pensamos que les iban a encantar a la gente… y no. En el fondo el público las rechazó y me quedé con una cantidad de esas cortinas y empecé a regalarlas. Estuvieron en Medellín, Barranquilla, como en tres sitios. Eso fue itinerante.  Cuando Tate Modern las compra y las exhibe, ya la gente empieza a verlas de manera diferente. El tiempo sin duda ayuda a entender. Fue una obra incomprendida. Pero nunca tuve un problema con el gobierno por eso. No me persiguieron ni nada por el estilo. Mandaron a unos detectives a la exposición y siempre llamaban de palacio a preguntar: ¿de qué se trata la exposición? Yo les decía que fueran a verla, pero nada más.

¿En la obra de Picasso hay humor?

Picasso es un gran humorista, las deformidades que hacía son un ejemplo. Las señoritas de Avignon es una mirada a una obra precolombina que él ve, la transforma, y hace esa locura. Uno piensa que tenía un ojo muy educado para ver la fealdad, para exaltar lo feo, y realmente, del siglo XX, es el gran humorista, por encima de Dalí.

¿Y Andy Warhol?

Yo me identifico con él, también es un gran humorista. Mucha gente dice que yo lo copié, pero no fue así, no me interesó para nada. Cuando viví en Holanda, viajé a Ámsterdam y vi una exposición del pop art, pero no me acuerdo de ver obras de Andy Warhol. El boom del Pop Art en el 64 no me influyó para nada, yo estaba trabajando algo muy serio que eran las “encajeras”. Esos asomos de pop se dieron en artículos de prensa que a mí no me interesaba. Después fui llegando, pero de otra manera. En una exposición que hicieron en Londres sobre el Pop Art, me pusieron en el guion, yo les aclaré que yo no era pop. Pero así fue…

¿Qué le interesó del pop art cuando lo vio por primera vez?

Cuando vi el pop de verdad, en Ámsterdam, me interesó la exageración de unos espaguetis que habían sido pintados por uno de ellos. Pero no sentí más que eso. Después empecé a encontrar lo de Warhol, que fue un gran artista y tuvo esa sensibilidad especial hacia la imagen sacada de los medios de comunicación.

Del arte reciente colombiano, ¿hay algo que le llame la atención?

Siempre me ha llamado la atención Álvaro Barrios, que juega con la historia del arte. Lo mismo que Botero, pero de otra manera. Barrios sale más de la publicidad. Él es más “pop” en realidad. El juega con la historia del arte y todo es un chiste.  Alberto Baraya, con el Herbario, es una buena obra, una mirada increíble, irónica, crítica, a la Expedición Botánica de Mutis.

El arte contemporáneo está lleno de escándalos, polémicas, que siempre llaman la atención de los medios y el público. Recientemente Maurizio Cattelan exhibió un banano pegado a la pared con una cinta, solo por citar un ejemplo. ¿Qué tanto hay de humor y qué tanto hay de banalidad en eso?

Yo creo que los artistas buscan su camino. Ellos piensan lo que es arte para ellos. Cuando una sociedad está dominada y no ha tenido una iniciación en el arte vienen esas frases como “esto lo puede hacer hasta un niño”. Y no es de ahora, desde Picasso la gente lo viene diciendo. Siento que es una manera de disculpar la ignorancia. Acá falta una educación hacia el arte, no hay crítica de arte y esa falencia permite esas aproximaciones ridículas. Me parece que hay una mala educación de la historia del arte en general.

Los memes en las redes sociales hoy en día se han convertido en una nueva forma de caricatura. ¿Los ha visto?

Tengo un problema en los ojos que no me permite verlos. No puedo ver imágenes de cerca. Seguro hay cosas muy buenas, pero lamentablemente no los conozco.