16 Septiembre 2022

Centenario de Ava Gardner, ‘el animal más bello del mundo’

Hace 100 años nació Ava Gardner, “el animal más bello del mundo” según expresó Ernest Hemingway. Esta conmemoración da pie para revisar cómo se construyeron los 'sex symbols' de la edad dorada de Hollywood.

 

Ava GardnerPor Gustavo Valencia Patiño
El fenómeno del estrellato fue un poderoso elemento que la industria del cine, léase Hollywood, descubrió rápidamente y supo aprovechar al máximo. Crear fulgurantes estrellas, actores y actrices se convirtió en un exitoso trampolín que lograba que, con sus millones de fans, vendieran su imagen en el mundo entero y así, la taquilla estaba garantizada. Esa es una de las grandes diferencias de Hollywood con el cine europeo.
Aunque mantener un cada vez más numeroso grupo de intérpretes superestelares nunca fue nada fácil y, además, a cada cual se le debía crear su propia historia. Mejor aún si se le podía acompañar de su propio escándalo. Es decir, darle a cada estrella rasgos propios de índole extracinematográfica que se convertían en el anhelado material de la prensa sensacionalista y de las revistas de chismes, medios de gran tirada en la primera mitad del siglo pasado.
Donde más fácil recaía todo ello era en conseguir actrices que por su belleza cautivaran a la población, en especial a la masculina. Poco después a la belleza de algunas de ellas se les agregó sensualidad, con lo que se hicieron más famosas y atrayentes. Algo hasta entonces no visto. Estrellas sexys con su propio escándalo. La discusión sobre moralidad no se hizo esperar.
Entonces, en 1930 apareció el código Hays, que censuró y vetó todo esto de manera tajante en la producción de Hollywood. Nada de escenas insinuantes o muy expresivas, mucho menos desnudos o semidesnudos. La duración de los besos no podía exceder los tres segundos y, en lo posible, que los temas de las películas no estuvieran orientados al adulterio, a la prostitución o asuntos relacionados con conductas sexuales.
Sin embargo, en el cine no es tanto lo que se ve sino lo que se insinúa a través de lo que se muestra. La imaginación del espectador va directo a la incitación, al estímulo de lo reprimido. Es decir, a lo sexual. Como el atractivo visual no se podía vetar porque no estaba contemplado en el código, solo bastaba la silueta de una mujer con formas exuberantes, una blusa y una falda apretadas que, al mostrarse con cierto ángulo y perfil, estimulaban los deseos de los espectadores.
Si a eso se le sumaba la capacidad interpretativa de la actriz, saber desplazarse ante las cámaras, se creaba a nivel mundial un sex symbol, algo que tampoco se conocía en la historia cultural de Occidente. El código se cumplía, pero el lenguaje visual había creado lo erótico para el cine, una forma muy particular y hasta ahora desconocida de la imagen en movimiento en la pantalla grande. Lo erótico se diferenciaba claramente de la simple belleza femenina de otras grandes actrices como Katharine Hepburn, Ginger Rogers, Ingrid Bergman y Grace Kelly, que millones de seguidores seguían adorando por su hermosura y sus dotes para la actuación.

Las películas de Ava Gardner serán poco mencionadas. Todo se basará en lo que vivió por fuera de la pantalla  y así, de cierta forma se mantendrá el mito.


Ahora aparecían actrices con características distintas. Incluso su capacidad de actuar no era una condición indispensable. El mejor ejemplo de ello es Marilyn Monroe. Pésima actriz. Sin embargo, nadie discute lo importante que ha sido para el cine y para la cultura popular. Rita Hayworth, en cambio, sí era una gran actriz y también, aunque de manera muy efímera, se convirtió en la diva sensual de principios de los años 40.
Con Ava Gardner, mujer de una particular belleza y cuerpo llamativo, que proyectaba un gran magnetismo y sensualidad, todo estaba dado para que se convirtiera en el mito sexual que se construyó a su alrededor. Sin ser una gran actriz, los medios de comunicación, por aquel entonces, básicamente, la prensa y la radio, la convirtieron en una estrella famosa y en todo un sex symbol. Lo de sexy y licenciosa venía de fábrica, a lo que había que agregarle alcoholismo, amantes famosos y escándalos a granel, material más que suficiente para lo que el código Hays no permitía mostrar en las películas. Entonces todo sucedió fuera de la pantalla: sexy, promiscua, adúltera, turbulenta, desenfrenada y en manos de la prensa sensacionalista.
Nada nuevo en la creación de divas y mujeres sexy en la historia de Hollywood, solo que ahora también entraba a jugar la vida privada. O mejor, su vida personal que de privada nada tenía ya que todo lo que decía y hacía se volvía de dominio público. Un mito sexual entregado al alcohol, a los amantes y al desenfreno en proporciones inimaginables, en una magnitud que ni el más veterano jefe de prensa y publicidad de estas empresas del cine hubiera podido suponer.

Ava Gardner
Ava Gardner en 'Las nieves del Kilimanjaro', película de 1952.


Por ejemplo, en la época en que vivió en Madrid era vecina del exdictador Juan Domingo Perón, quien más de una vez se quejó ante la policía por las ruidosas fiestas que daba en su casa y que se prolongaban toda la noche. Durante esa estancia en España fue amante de varios toreros. Se la vio más de una vez completamente embriagada toreando carros en el Paseo de La Castellana, exclusivo sector residencial de la capital española, o llegar a su casa, ebria como siempre, en un camión de la basura. Fue allá mismo donde Frank Sinatra, por aquel momento su tercer esposo, viajó de Los Ángeles a Madrid para arrancarla de uno de sus tantos amantes con los que le era infiel.

A la industria del cine le quedó muy claro que no se necesitaban dotes interpretativas como requisito para ser una actriz que se pudiera convertir en sex symbol. Sólo se requería una apariencia directa sensual y que lo transmitiese a primera vista en la pantalla grande.


Las respuestas a más de una pregunta de los periodistas todavía hoy se recuerdan y se hicieron famosas desde aquellos años.
¿Cómo una mujer como usted puede amar a un hombre como Sinatra que pesa cincuenta kilos?
–Porque siete son de carne, y cuarenta y tres de pene
…”
Cuando en 1957 se divorciaron, luego de seis años de salvaje relación, golpes, comisarías de policía y mucha, pero muchísima prensa, nunca se dejaron del todo. Cuando supo de la boda de Sinatra con Mia Farrow lo único que comentó fue: “Siempre supe que Frank acabaría en la cama con un muchachito…”.
Otra de sus célebres frases fue: "Quiero vivir hasta los 150 años, pero el día en que muera, que sea con un cigarrillo en una mano y un whisky en la otra". Un deseo que no se cumplió pues falleció en 1990 en Londres, a los 67 años de edad, a causa de una neumonía, pues fumaba desde los ocho años.
Así que lo que no se pudo presentar en el cine lo mostró, y en grandes dimensiones, la prensa que vivía pendiente de su vida. Una forma de suplir lo que no mostraron sus películas, aunque en ellas era notoria la inclinación a representar cierto tipo de papel donde resaltaba la mujer independiente y rebelde como en Mogambo (1953), en La condesa descalza (1954) y en especial en La noche de la iguana, donde representó a  una viuda alcohólica y adicta al sexo. Además, durante el rodaje y producción se hizo acompañar día y noche de dos jóvenes lugareños y exigió que aparecieran en la película. Era el exceso de su vida personal en uno de sus momentos más críticos y que la prensa llevó al límite de una Ava ya mayor y en plena decadencia.
A la industria del cine le quedó muy claro que no se necesitaban dotes interpretativas como requisito para ser una actriz que se pudiera convertir en sex symbol. Solo se requería una apariencia directa sensual y que lo transmitiese a primera vista en la pantalla grande. Todo estaba listo y las condiciones eran las precisas para que emergiera una Marilyn Monroe. Además, el código Hays finalmente cada vez más se pasaba por alto, lo que anunció su pérdida de poder y que pronto terminaría su fastidiosa vigencia.
En el centenario del nacimiento de Ava Gardner se recordarán sus frases, como la larga lista de sus amantes, muchos de ellos grandes y famosos actores con los que trabajó. También la negativa permanente que tuvo a las pretensiones del multimillonario Howard Hughes y el aparatoso y escandaloso matrimonio con Frank Sinatra, la “voz de América”. Sus películas serán muy poco mencionadas. Todo se basará en lo que vivió por fuera de la pantalla  y así, de cierta forma se mantendrá el mito sobre “el animal más más bello del mundo”, como la definió su amigo el escritor Ernest Hemingway.