13 Noviembre 2022

Cine de terror: de los vampiros a la violencia extrema y explícita

Crédito: Fotoilustración de Yamith Mariño

Las historias terroríficas han estado presentes en el cine desde sus orígenes en 1895. Las tendencias han evolucionado, han aparecido nuevos temas, pero el objetivo sigue siendo el mismo. Provocar miedo, mucho miedo.

Cine de terror
Foto-ilustración: Yamith Mariño.

Por Gustavo Valencia Patiño
Acaba de pasar el Halloween y por extensión octubre, que se ha convertido en el mes del cine de terror, género que cada día crece más, tiene más audiencia y, antes que nada, ha cambiado y evolucionado a unos subgéneros que desde hace ya bastante tiempo no mantienen ninguna relación con aquel cine de terror y de miedo con el que se originó y se mantuvo por varias décadas. Aquel cine que asustó y horrorizó a varias generaciones desde la época del cine mudo con vampiros y monstruos. Drácula y Frankenstein, sus principales referentes, junto con otros rivales muy monstruosos como King Kong y Godzila, fueron cambiando hasta llegar a niveles insospechados, de tal forma que, desde finales del siglo pasado ya son otros contenidos, muy definidos, los que atraen a un inmenso público bajo el nombre genérico de cine de terror.
Lo que sí estuvo claro desde un principio para la industria del cine era que este incipiente género era todo un éxito en el público. Que pagar por ir a sentir miedo generaba una inexplicable e insospechada acogida y se convirtió en una inmensa fuente de ingresos. Por lo tanto, el género se consolidó velozmente. Su masiva aceptación, que se ha mantenido a lo largo de más de un siglo, necesariamente supone que su evolución ha sido incesante para ir de la mano con los adelantos tecnológicos del cine, con los nuevos tiempos y principalmente con las personas, cuyos intereses y gustos también son variables y cambiantes.
El cine de terror actual, que presenta en la cartelera comercial varias películas al año, sigue manteniendo el esquema básico de provocar emociones fuertes en el espectador aprovechando que las imágenes en la pantalla grande generan un efecto mayor. Lo hacen a través de lo desconocido, lo sobrenatural, el monstruo horripilante, además de asesinatos y desapariciones, de tal forma que de una u otra manera el público se aterroriza o al menos se afecta en su psique o se sorprende en su estado emocional normal.

Gabinete
'El gabinete del doctor Caligari'.


Hay quienes afirman que la primera cinta de terror fue precisamente La llegada del tren a la estación, la primera que presentaron los hermanos Lumiére, el 28 de diciembre de 1895, fecha en que oficialmente se da por iniciado el cine. El escaso público reunido para tal ocasión salió despavorido de la sala, creyendo que una locomotora se abalanzaba sobre ellos.
Uno de los privilegiados asistentes a aquella histórica sesión, el prestidigitador Georges Méliès, creador del cine de ficción, sí trabajó directamente el tema en varias de sus cintas, dentro de una especie de comedia de terror, con títulos más que directos como La mansión del diablo (1896), El diablo en el convento (1899) y El diablo negro (1905).
En 1908 se rodó en Estados Unidos Dr. Jekyll and Mr. Hyde, película que se encuentra perdida. En 1910, en los estudios Edison se produjo la primera adaptación de Frankenstein, el clásico de Mary Shelley. Y si de versiones literarias se trata, en Italia se experimentó con el terror en L’Inferno (1911), primer cántico de La divina comedia. En España, Segundo de Chomón, muy influenciado por Méliès en cuanto trucos e ilusiones ópticas, realizó en 1907 La casa encantada y Satán se divierte.

Frankenstein
A partir de las siguientes décadas la historia es bastante conocida. Aparecieron los clásicos del cine mudo alemán (toda su inmensa producción falsamente agrupada bajo el término “expresionismo alemán”), con El gabinete del Dr. Caligari (1920), este sí uno de los clásicos y de los pocos pertenecientes al expresionismo alemán; Nosferatu (1922) de Murnau, que este año cumplió un siglo (algo que pasó prácticamente desapercibido), además de ser el primer vampiro llevado al cine.
Por la misma época en Hollywood se hizo fuerte este género, con películas clásicas y actores consagrados como Lon Chaney como Quasimodo, el jorobado de París; Bela Lugosi, como el conde Drácula; y Boris Karloff como Frankenstein. Décadas después los personajes siguen existiendo. Solo cambiaron los actores y también se hicieron célebres Vincent Price y Christopher Lee, entre otros.

La mosca La Mosca
'La mosca'.


En su incesante búsqueda de nuevos temas y elementos la industria del cine, después de los años 50 y 60, además de los grandes monstruos como King Kong, Godzila y otros más, se centró en la ciencia ficción, en la que, a nivel argumental, por diferentes motivos se presenta alguna alteración genética o algo por el estilo. Así, por ejemplo, un insecto se convierte en un monstruoso animal como en La mosca (1958), un clásico de este subgénero de las películas de ciencia-ficción de terror que produciría muchas, muchísimas más.

Hollywood se hizo fuerte este género con películas clásicas y actores consagrados como Lon Chaney como Quasimodo, el jorobado de París; Bela Lugosi, como el conde Drácula; y Boris Karloff como Frankenstein.


Todo ello hasta llegar a La noche de los muertos vivientes (1968), que revitalizó y les dio un nuevo impulso a las denominadas películas de zombis, las cuales a partir de aquellos años comenzaron a tener un inusitado éxito en el público, que periódicamente la industria ha sabido revivir, al aprovechar esa gran acogida y popularidad que, por ejemplo, se expresa en que es uno de los disfraces más utilizados desde hace décadas, en especial, claro está, en la noche de Halloween. Un fenómeno de masas que ninguna empresa de cine desperdicia o pasa por alto.

Noche muertos
'La noche de los muertos vivientes'


Con el auge de los zombis se desarrolló y se exploró aún más el concepto del cine de terror en el que una fuerza maligna y por lo general de índole sobrenatural provoca una serie de acontecimientos terroríficos. Luego comenzó a presentarse la variante en la que estas presencias paranormales e inexplicables venían principalmente a matar seres humanos. A partir de ahí el argumento central cambió hacia la destrucción de muchos individuos, originada casi siempre por un psicópata o ente maligno. En estas películas la cámara recrea con demasiado morbo estos asesinatos. La masacre de Texas (1974) es uno de sus principales exponentes.
Así se empezaron a sentar las bases para los subgéneros de este cine de terror en que la violencia visual se exagera en la recreación y puesta en escena de estas situaciones sangrientas nunca antes vistas así en cine. Los llamados subgéneros gore, cine de psicópatas y otros más, todos ellos subsumidos por el denominado subgénero slasher (del inglés slash que significa corte o cuchillada) mezclan escenas de sexo con descuartizamientos, mutilaciones y tortura y demás secuencias sanguinolentas, de una violencia visual extrema.

En estas películas lo que más sorprende no es solo su presentación fílmica sino también que este subgénero tenga tanto éxito de público. Por lo tanto, la industria del cine lo sigue produciendo. Además, junto con el cine porno, es el más rentable por sus bajos costos de producción y el alto ingreso de taquilla.

8 mm
La puesta en escena y filmación de toda esta brutalidad y sanguinaria representación, entregada a detallar de la manera más explícita estos descuartizamientos que harían ruborizar a un Brian de Palma o a un Quentin Tarantino, tienen un referente muy polémico, que a la industria del cine no le agradó. Es 8 mm, dirigido por Joel Schumacher (1999) y protagonizado por Nicolas Cage. En esta cinta, además de mostrarse cómo se realizan este tipo de filmaciones y quienes las producen, se describe el mundo sórdido y tenebroso de quienes filman escenas reales de estas mutilaciones y demás excesos. Son producciones clandestinas, realizadas por encargo de quien tiene el suficiente dinero para poder pagar por estas execrables tendencias. Si bien el final es algo confuso, la película habló sobre muchos temas tabú y, claro, no podía gustar en el medio.
Lo más terrorífico de este cine es que hay un público que lo consume masivamente y se obtiene un gran éxito comercial con imágenes de violencia explícita, donde se mezclan sexo, brutalidad y muchas escenas feroces y sangrientas. Este es el cine más violento que se ha realizado en toda la historia del Séptimo Arte.