24 Agosto 2022

Cine en las montañas de Colombia

Esta semana se llevará a cabo en Salento y Filandia (Quindío) la octava edición del Festival de Cine en las Montañas. Este es apenas uno de los 64 que se celebran en Colombia. Este certamen se prolongará hasta el 28 de agosto.

 

Filandia
El parque principal de Filandia es hoy una sala de exhibición de cine. Fotos: Sandro Romero Rey.

Por Sandro Romero Rey
En el principio eran los cineclubes. El apasionado a las imágenes en movimiento iba a aquellos templos sagrados donde se proyectaban películas que, de otro modo, no podía tener acceso a ellas. El mundo dio mil vueltas, apareció la cinta analógica y, cuando menos se pensaba, el llamado séptimo arte se digitalizó. Hoy, las fronteras del audiovisual se confunden y pareciera que un nuevo lenguaje y una nueva manera de ver historias en las pantallas se instala en los espectadores del mundo. Hoy por hoy, los cineclubes han sido reemplazados por los festivales. Saturados por el video casero, el espectador ya no necesita ir a descubrir incunables en las salas oscuras, porque los puede encontrar en el ciberespacio tan rápido como transitan sus anhelos. Así que la institución de los festivales se ha convertido en el espacio donde se ven las nuevas propuestas proyectadas en salas de todo tipo y el público se inventa la manera de colmar mundos inexplorados. Un festival de cine es un viaje a lo desconocido.
Mal contados, en Colombia hay 64 festivales, según las cifras de la Asociación Nacional que los agrupa, denominada Anafe. Aunque aseguran que debe haber muchos más. Poco a poco, las ciudades o los pueblos donde hay curiosidad por las experiencias en las salas oscuras siempre tendrán un terco soñador que organiza un festival para saciar la curiosidad de los espectadores. Y si dicha curiosidad no existe, se encargan de inventársela. Así ha sucedido en el departamento del Quindío. Desde hace ocho años, Juan Francisco Bautista y Silvia Llorente, acompañados por un pequeño grupo de tercos y entusiastas cinéfilos, se han dado a la tarea de consolidar el Festival Internacional de Cine en las Montañas, primero en la población de Salento, donde residen y, a partir de 2018, lo extendieron hasta la vecina Filandia. La pandemia les zarandeó los anhelos y los puso en tela de juicio, pero los cinéfilos integrales se caracterizan por su terquedad. Continuaron su existencia en el premio de consolación del ciberespacio. Y en 2022, regresando a la presencia, consolidaron la octava edición en las dos locaciones.

Desde hace ocho años, Juan Francisco Bautista y Silvia Llorente, acompañados por un pequeño grupo de tercos y entusiastas cinéfilos, se han dado a la tarea de consolidar el Festival Internacional de Cine en las Montañas, primero en la población de Salento, donde residen y, a partir de 2018, lo extendieron hasta la vecina Filandia.


Como una traviesa cabriola del destino, este año ha regresado a las pantallas colombianas la telenovela Café: con aroma de mujer, un clásico del melodrama nacional escrito por el desaparecido Fernando Gaitán y dirigido por el también fallecido Pepe Sánchez. Veintiocho años después, una nueva generación de televidentes se engancha a la leyenda. Buena parte de esta historia rocambolesca de gamonales y recolectoras fue grabada en Filandia y sus alrededores. En su plaza principal se muestran los restos de las locaciones como si fueran reliquias sagradas. Sin embargo, el Festival de Cine de las Montañas les apunta a otros intereses que van más allá de los mitos de folletín. Al lado de la iglesia donde se casaron Gaviota y Sebastián Vallejo se ha instalado la inmensa pantalla donde se proyectan las películas que, durante los cuatro primeros días, le dan vida a la programación del evento.

Los festivales regionales de cine son una manera de encontrar otros públicos, otras miradas y otras preguntas para que la diversión y la reflexión siempre vayan de la mano.

Del 21 al 24 de agosto, Filandia acoge a los cinéfilos y, entre el 25 y el 28, el turno es para Salento. Durante esta larga semana en la que los asistentes viven pendientes de la evolución de las proyecciones, se presentan 65 cortos y 15 largometrajes que ejemplifican una tendencia para marcar la diferencia y consolidar el estilo a través de su curaduría particular. Ya se sabe qué busca un festival de cine como el de Cartagena. El Festival de Cine de Cali (Ficcali) se inventó de acuerdo con las directrices “de autor” que le confirió el desaparecido realizador Luis Ospina. En el caso del sueño inventado por Juan Francisco Bautista y Silvia Llorente se busca una comunión entre los gustos de los habitantes y las rutas trazadas por sus propios anhelos. Bautista juega de local en Salento. Silvia, argentina de nacimiento y colombiana por convicción, consolidan una dupla de apasionados que viven en función de sus propios sueños. Se conocieron en Bogotá, sobrevivían en universos poco convincentes, hasta que decidieron levar anclas e inventarse su propia historia del cine en las alturas del departamento del Quindío.
En la octava edición del evento se le ha dado especial importancia al cine documental. Por un lado, se han seleccionado hermosas y demoledoras experiencias, como el largometraje Cantos que inundan el río, dirigido por Luckas Perro y producido por Ana María Muñoz: una de las experiencias más poéticas que se ha realizado sobre el conflicto colombiano en los últimos años. Con dicho filme se encuentra en la programación Un asunto de tierras, de Patricia Ayala, hermética inmersión en la pesadilla de la restitución de las geografías despojadas: Kafka en el trópico.

Cine en Filandia

Completando el mosaico se presenta el efectivo viaje a través del pasado del cine político nacional con la celebrada El film justifica los medios, de Juan Jacobo del Castillo y con la presencia en Salento del respetado director de fotografía Carlos Sánchez. Por otro lado, al paisaje sobre la reflexión audiovisual alrededor del conflicto se suma la presentación de las piezas producidas por la Comisión de la Verdad para presentar, de manera didáctica, lo que a lo largo de 10.000 dolorosas páginas recogieron para la memoria del país. Con la presencia de la comisionada Lucía González, el Festival de Cine en las Montañas se dio el lujo de reflexionar sobre las relaciones entre la estilización poética del audiovisual y las duras experiencias de una guerra inaceptable. Durante cinco años la Comisión de la Verdad se dedicó a constituir el relato del conflicto colombiano, produciendo no solo documentos especializados sino piezas catárticas que, desde el teatro, el cine, el video, la danza y la poesía, pudiesen producir un efecto de sanación en todos aquellos que, de una u otra forma, están inmersos en el horror que a veces pareciera no tener fin.

Al paisaje sobre la reflexión audiovisual alrededor del conflicto se suma la presentación de las piezas producidas por la Comisión de la Verdad para presentar, de manera didáctica, lo que a lo largo de 10.000 dolorosas páginas recogieron para la memoria del país.


Cuando el Festival de Salento nació en 2015 parecía un capricho condenado al fracaso. Pero la constancia vence lo que la dicha no alcanza. Asociados a otros encuentros audiovisuales de pequeño formato lograron dar un primer paso sacando una programación que contó con el apoyo de unos pocos buenos amigos. La Cinemateca Distrital de Bogotá y la Maleta del Cine Colombiano les tendió la mano. Un año después lograron habitar un mejor espacio de proyección, invitaron películas como El abrazo de la serpiente y Pizarro y se estimularon por la progresiva distinción del Eje Cafetero como destino turístico para nacionales y extranjeros. Apoyados por distribuidoras y por el generoso impulso de la Fundación Patrimonio Fílmico Colombiano, la tercera edición continuó robusteciendo el esfuerzo con nuevos títulos de la entusiasta producción que el cine nacional les brindaba a los espectadores.

Cine en Filandia.
Cine al Parque, en Filandia, Quindío.

En la cuarta cita, Filandia entró en la agenda y, al mismo tiempo, se valoraron antiguas producciones filmadas en la región como las olvidadas Arrieros semos o La muerte es un buen negocio. Pero quizás la consolidación del evento se logró en su quinta entrega, cuando invitaron y les rindieron homenajes a figuras esenciales de la historia del cine colombiano como Francisco e Isadora de Norden, Ciro Guerra, Rubén Mendoza y Víctor Gaviria. En 2020 se recuperó la película Milagro en Roma, de Lisandro Duque, con guion de Gabriel García Márquez, la cual fue filmada en buena parte en Filandia. Un año después, cuando la humanidad aún se resistía a salir a las calles, hubo que empezar de nuevo. Para apoyarlos, estuvo presente el polémico escritor William Ospina, la estrella local Marlon Moreno y la entusiasta directora Libia Estela Gómez.

La consolidación del evento se logró en su quinta entrega, cuando invitaron y les rindieron homenajes a figuras esenciales de la historia del cine colombiano como Francisco e Isadora de Norden, Ciro Guerra, Rubén Mendoza y Víctor Gaviria.


Una vez reencontrado el camino, la octava edición del Festival de Cine en las Montañas se afianzó gracias al impulso del Fondo de Desarrollo Cinematográfico y sorprendieron a los habitantes de Filandia con la carpa que engalanó la plaza principal y ayudó a consolidar las fiestas de la localidad. Se considera con frecuencia que esta región es de estirpe conservadora, que no le apetecen las aventuras de la creación ni los riesgos reflexivos. El año 2022 le ha apostado a que el público se arriesgue con nuevas formas y modelos de creación. A través de la mirada de sus curadores, los asistentes al encuentro pueden ver películas que llegan de España y de Argentina, homenajes al productor Erwin Goggel y al fotógrafo Eduardo Carvajal, descubren el ave fénix del cine colombiano que renace de las cenizas de la pandemia y pueden participar de todos los eventos teóricos en los que se conversa sobre la manera como el audiovisual se construye en estos tiempos. Cuando se abren las posibilidades para que, tanto el público como los realizadores, reinventen un lenguaje que no ha cumplido aún los 150 años y todos los días se empeña en ir de la mano con las transformaciones del mundo. Los festivales regionales de cine son una manera de encontrar otros públicos, otras miradas y otras preguntas para que la diversión y la reflexión siempre vayan de la mano.