6 Enero 2023

Extranjeros perseguidos en Colombia, una historia muy pocas veces contada

Maryluz Vallejo. Foto: Daniel Reina

‘Xenofobia al rojo vivo en Colombia’ es un recuento histórico de extranjeros perseguidos y expulsados del país a lo largo del siglo XX por diversas razones, entre ellas sus ideas políticas. Maryluz Vallejo investigó a fondo un tema del que muy poco se ha hablado.

A primera vista, el rechazo a los extranjeros no es una característica que identifique a los colombianos. Sin embargo, en su libro Xenofobia al rojo vivo Maryluz Vallejo muestra cómo “el virus de la xenofobia contagia a Colombia”, como señala Daniel Samper Pizano en el prólogo de la obra.

Maryluz Vallejo es comunicadora social y periodista, doctora en ciencias de la información, profesora universitaria y autora de varios libros sobre historia del periodismo en Colombia, entre ellos A plomo herido. Una crónica del periodismo en Colombia 1880-1980, que publicó en 2006, y Una historia todavía verde, sobre periodismo ambiental, que se publicó en 2021.

Xenofobia al rojo vivo da cuenta del maltrato que han recibido muchos extranjeros en Colombia. Algunos de ellos fueron expulsados del país por simples sospechas jamás fundamentadas y también muestra los prejuicios de ciertos funcionarios públicos del pasado y no tan del pasado contra ciertas nacionalidades en particular.

Como ella menciona, este reportaje se soporta en numerosas fuentes documentales y testimoniales. Su estructura cronológica “permite un barrido por las coyunturas más susceptibles a expulsiones en el siglo XX. Tiene subtrama de novela policiaca con detectives, agentes secretos, espías, delatores, informes confidenciales y conspiraciones a granel”, como ella señala.

Cambio habló con Maryluz Vallejo acerca de los alcances de su investigación y de las características y causas de la xenofobia en Colombia.

CAMBIO: Antes de iniciar la investigación, ¿usted qué tanto sabía o intuía de la xenofobia en Colombia?
Maryluz Vallejo: 
Tenía claro que Colombia no había sido ese amable país de acogida con los extranjeros, y que si acaso había entreabierto las puertas a los judíos perseguidos por el nazismo y a los republicanos que huían de Franco, a diferencia de Argentina, México y Venezuela que sí acogieron generosamente estas diásporas. Sabía que Colombia no resultaba un país atractivo para los extranjeros por su fama de provinciano, ultracatólico y conflictivo. Pero no sospechaba que detrás había una postura xenofóbica oficial, respaldada en una legislación migratoria restrictiva y hostil con los extranjeros, que aplicaron bajo consideraciones principalmente ideológicas los gobiernos liberales y conservadores. Los procesos judiciales que ignoraban los mínimos derechos y garantías de estos ciudadanos los podía iniciar un agente de policía semianalfabeto con base en rumores y en calumnias.

Las expulsiones arbitrarias y discrecionales deben interpretarse como un hecho político sobre el cual no ha habido nunca juicios de responsabilidad. El expulsado se iba con su vergüenza a otra parte y rara vez quedaban testigos para contarlo. De la pesquisa surgió esta nueva categoría de víctimas —como si ya no tuviéramos suficientes—, que son los extranjeros, de los que no se ha ocupado ningún tribunal contemporáneo de justicia. Nombrarlas es comenzar a restituirles su dignidad. Por ello aparecen resaltados los nombres de más de un centenar de extranjeros de todas las nacionalidades en una especie de contramonumento, ya que este filón de la memoria quedó sepultado por la historia oficial.

"Si pudiera hacerse un juicio extemporáneo de responsabilidades a quienes se extralimitaron en sus poderes, pasarían por ese tribunal numerosos funcionarios diplomáticos porque, como dijo Rudolf Hommes en una columna que publicó a comienzos del milenio, la xenofobia empezaba en la Cancillería y en los consulados".


CAMBIO: Los colombianos (y los antioqueños en particular) tienen fama de ser muy hospitalarios. ¿Cómo explicar entonces la xenofobia? ¿En un rechazo al extranjero, a cierto tipo de extranjero o a cierto tipo de comportamiento de algunos extranjeros?

M. V.: Es una hospitalidad selectiva y también diría que clasista porque al extranjero con cierta notoriedad y recursos económicos se le rinde pleitesía casi servil, producto también de nuestro complejo de inferioridad, que los mexicanos han llamado “malinchismo” (por Malinche, la indígena que se rindió a los deseos del conquistador Hernán Cortés). Pero al que llega con una mano adelante y otra atrás, sin títulos académicos ni nobiliarios, se le rechaza por pobre en una clara expresión de aporofobia y porque no tiene estatus para integrarse a la “Sociedad”. Esto lo dijo con palabras más finas, por allá en 1950, el escritor Próspero Morales Pradilla, estudioso del tema de la migración en Colombia. No olvidemos tampoco que Luis López de Mesa, canciller del gobierno de Eduardo Santos y responsable del decreto que restringió la entrada de judíos al país cuando más necesitaban de asilo, era antioqueño. Lo que le preocupaba a él y a muchos intelectuales de la época era la peligrosa mezcla de razas, cultos e ideologías. Pero el asilo más hipócrita fue el que ofrecieron los gobiernos de Misael Pastrana y de López Michelsen a los chilenos que huían de la represión pinochetista tras el golpe militar a Salvador Allende. Los recibieron por la puerta grande y los despidieron por la de atrás del DAS al imposibilitarles una vida digna, sobre todo, tranquila, ya que los sometían a constantes interrogatorios en los que llegaron a participar tenebrosos agentes de la DINA, la policía secreta de la dictadura.

Portada de Xenofobia
CAMBIO:  ¿Cuál o cuáles casos concretos que usted conoció durante la investigación le llamaron la atención de manera particular?
M. V.: 
Me impactó el caso del yugoslavo Dussan Bulic, que llegó al país en 1957 gracias al Comité Católico de Inmigración de Rojas Pinilla, pero como les pasó a muchos de esos asilados, no encontraron oportunidades laborales. Finalmente se enroló como buzo profesional en la Armada Nacional y él junto con otro colega descubrieron en diciembre de 1961 un galeón español hundido en la bahía de Cartagena, que luego se identificó como el galeón San José. Después de haber sido entronizado como héroe nacional fue expulsado de la Armada por supuestas actividades subversivas, en 1963, y dos años después fue expulsado del país, pese a que tenía una esposa e hijos colombianos, en una clara violación de sus derechos. Conocí su historia por una carta que publicó el periódico Voz Proletaria en la que Bulic denunciaba los atropellos de los que había sido objeto y clamaba por ayuda.

"El asilo más hipócrita fue el que ofrecieron los gobiernos de Misael Pastrana y de López Michelsen a los chilenos que huían de la represión pinochetista tras el golpe militar a Salvador Allende. Los recibieron por la puerta grande y los despidieron por la de atrás del DAS al imposibilitarles una vida digna".


CAMBIO: También encuentra uno en su libro casos de xenofobia que rozan con el ridículo.

M. V.: Sí. Para balancear tantas historias dramáticas y aminorar la dureza de los hechos narro situaciones absurdas y casos tragicómicos que demuestran la fobia anticomunista, como el constante acoso al cantautor argentino Piero, que desde 1972 se volvió un blanco peligroso para el DAS y todo porque los universitarios volvieron himno antiimperialista su canción de Los Americanos. O los detectives que le preguntaron al periodista de un suplemento cultural de Ibagué que quién era ese tal Nicolás Guillén, sospechosamente cubano, y qué dónde lo podían ubicar.

CAMBIO: ¿La xenofobia está presente en la sociedad colombiana o solo en algunos personajes que detentan algún tipo de poder?

M. V.: Por lo que he dicho antes, creo que hace parte de una mentalidad, de ese ethos ciudadano conformado por creencias, valores y hábitos que nos define como sociedad. Por lo que emergió en esta investigación, nuestro ethos es bastante deleznable porque está basado en prejuicios de larga data y en complejos culturales. Pareciera que el odio partidista que marcó la Violencia de la primera mitad del siglo XX se hubiera extrapolado al extranjero, que se miraba con recelo como si fuera un enemigo que llegaba a combatir a los nacionales. Así ocurrió en los años treinta con los judíos que se dedicaban básicamente al comercio puerta a puerta (los klappers) cuando se desató una campaña antisemita orquestada por los políticos y las cámaras de comercio del país, acogida ruidosamente en la prensa liberal y conservadora. Ahora bien, si pudiera hacerse un juicio extemporáneo de responsabilidades a quienes se extralimitaron en sus poderes, pasarían por ese tribunal numerosos funcionarios diplomáticos porque, como dijo Rudolf Hommes en una columna que publicó a comienzos del milenio, la xenofobia empezaba en la Cancillería y en los consulados. Y entre los principales cruzados de la política y la opinión pública estuvieron el jefe del conservatismo, Laureano Gómez, y el columnista más influyente de todos los tiempos, Enrique Santos Montejo ‘Calibán’; sin minimizar el papel que jugaron jerarcas de la iglesia como monseñor Miguel Ángel Builes, que satanizaba por igual a los masones, a los liberales y a los protestantes. Lo que demuestro en el libro es que cuando a esa xenofobia se suma el anticomunismo, reinante en Colombia desde los años veinte hasta finales de los ochenta cuando supuestamente terminó la Guerra Fría en el mundo, se producen bochornosas e indignantes injusticias. En la última campaña presidencial se revivió el macartismo más elemental y en redes sociales fustigaron a los comunistas que iban a instalar una dictadura castrochavista.

"Pareciera que el odio partidista que marcó la Violencia de la primera mitad del siglo XX se hubiera extrapolado al extranjero, que se miraba con recelo como si fuera un enemigo que llegaba a combatir a los nacionales".


CAMBIO: En estos tiempos de globalización, ¿puede decirse que la xenofobia sigue arraigada en Colombia?

M. V. El inicio de este libro fue un informe especial que publiqué en julio de 2021 en Los Danieles, por sugerencia de Daniel Samper Pizano, a propósito de las expulsiones arbitrarias de extranjeros que se solidarizaron con el paro nacional. Tan atropelladas e ilegítimas fueron que el gobierno de Gustavo Petro ha reversado dos de esas resoluciones del gobierno anterior: la de la ciudadana alemana Rebecca Linda Marlene Sprößer y la del venezolano Carlos Pino, casado con la senadora Gloria Flórez, que expulsó Migración Colombia en 2018 por “riesgo a la seguridad nacional”. Estos casos recientes demuestran que la xenofobia ligada a la paranoia anticomunista engendra “osos” internacionales, como lo fueron en otras épocas las expulsiones del director teatral japonés Seki Sano, en el régimen de Rojas Pinilla, a quien le cancelaron la visa los mismos funcionarios que lo trajeron a Colombia, y la de la crítica de arte Marta Traba, a quien finalmente le revocaron la medida debido al escándalo internacional que suscitó. Todo porque la profesora argentina simpatizaba con la revolución cubana y estaba en contra de la toma militar de la Universidad Nacional en el gobierno de Carlos Lleras Restrepo.