2 Enero 2023

Jim Amaral, un testimonio de seis décadas

Esculturas de Jim Amaral.

'Jim Amaral: etcéteras', que se exhibe por estos días en Torre Atrio, de Bogotá, es una muestra de 60 años de trabajo de uno de los artistas más prolíficos del país.

Por Diego Garzón Carrillo
La obra de Jim Amaral no se la deja fácil al espectador. Si bien a primera vista sus esculturas en bronce permiten reconocer figuras, paisajes, elementos, siluetas humanas a las que a veces les faltan extremidades o que aluden a los antiguos bustos, parecen partir de una escena, un sueño, una leyenda mitológica o de situaciones que podrían o no tener relación entre sí. Amaral tuvo una fuerte influencia del surrealismo y eso queda claro en su obra.
Estas esculturas no se limitan a la simple representación de una figura humana, de un objeto o de un paisaje pues siempre hay un elemento que invita a pensar más allá de una historia puede estar detrás. Esa ambigüedad es la que hace más interesante aún la obra de Amaral.

Amaral
En el recorrido hay, por ejemplo, una silla donde se posa una “media luna” que eventualmente impide que alguien se siente. Una silla que pierde su función original porque justo ahí “nace la luna gris”, como reza el título de la obra. En otra de sus esculturas que parece dividida en dos niveles, se ve a un grupo de personas que parecen protegerse con un escudo -en la parte de abajo- mientras que en la parte de arriba se ve una calavera que se impone como protagonista de la escena con cuatro seres humanos en cada esquina contemplándola.
Amaral parece dejar claro que no quiere que nadie le pregunte qué quiso decir en cada obra, sino que el público se esfuerce en interpretar o pensar lo que quiera. Y esa es una virtud de su trabajo.
Una de las secciones de la exposición se llama Vigilantes lunares, en donde se adivina una alusión a la mitología. Parte de la escultura clásica para darle un nuevo significado, un nuevo enfoque a su manera a temas siempre presentes en el arte: desde el desnudo hasta las figuras ecuestres. Sobre esta serie escribió el crítico Santiago Londoño en 2004 que “si ciertas figuras son claramente masculinas, algunas carecen de sexo y otras más exhiben una ambigüedad característica”.
En Máquinas cósmicas, producidas a comienzos de este siglo, habla del cosmos a partir de paisajes geométricos, donde se juega ambiguamente entre el choque del pasado y el futuro, donde lo innovador, lo novedoso se camufla en lo que puede ser, a la vez, antiguo y obsoleto. El espectador se puede topar con una bola inmensa -¿acaso el planeta?- que descansa sobre una plataforma que pareciera inestable, con rodachines. Obras como estas se conjugan con la gran vista del piso 30 de la Torre Atrio: el cielo y la ciudad aparecen como un telón de fondo ideal para la enorme esfera donde se concentra la humanidad.

Amaral parece dejar claro que no quiere que nadie le pregunte qué quiso decir en cada obra, sino que el público se esfuerce en interpretar o pensar lo que quiera. Y esa es una virtud de su trabajo.


Esta retrospectiva que recoge más de 60 años de trabajo de Amaral deja ver los diferentes momentos de su creación artística. Desde su interés de desmitificar el erotismo hasta plantear los sentimientos que atraviesan la condición humana. Desde el protagonismo de seres antropomórficos hasta la duda eterna, inquietante, del destino de la humanidad. Obras que nacieron desde su subconsciente hasta obras que se inspiraron en las famosas esculturas de la Isla de Pascua.

Jim Amaral
Jim Amaral.


Jim Amaral creció en Pleasanton, California, tuvo la oportunidad de estudiar en la Universidad de Stanford y, después, en la academia de arte Cranbrook, donde conoció a su gran amor: la también artista Olga de Amaral. Comenzó pintando y dibujando -la exposición también hace un repaso por esta producción- y después se encontró con el bronce, después de buscar los talleres ideales para fundirlo. Este ha sido un elemento fundamental en su producción.

Estas obras se conjugan con la gran vista del piso 30 de la Torre Atrio: el cielo y la ciudad aparecen como un telón de fondo ideal para la enorme esfera donde se concentra la humanidad.


Esta exposición es el comienzo de una serie de celebraciones de los 60 años del MAMBO -los mismos años de trayectoria artística de Jim Amaral- y contiene más de 250 obras que se muestran en la Torre Atrio, en el Centro Internacional de Bogotá. Para quienes no han ido, este espacio se está convirtiendo en una de las locaciones más interesantes para exhibiciones también por la imponente vista que se ofrece desde el piso 30. En enero la muestra tendrá un complemento en la sala de exposiciones temporales de Bancolombia.