15 Abril 2022

Karolina González: flamenco en otra sangre

Crédito: Pett Martínez

Dicen que nadie es profeta en su tierra y Karolina González, la Negra, sí que lo sabe, pues es la única colombiana en Sevilla, España, que tiene academia y enseña a bailar flamenco. Sí, una colombiana enseñando tal vez el baile más tradicional y representativo de la cultura española.

Llegar a este punto no fue fácil, Karolina posó para nuestro lente y nos contó su historia, una historia escondida, como la de muchos colombianos que son ejemplo de tesón y lucha a lo largo del mundo. 

Nació en Bogotá en la clínica Palermo, estudió en el colegio el Carmelo. Desde muy pequeña demostró su inclinación por el arte musical, consciente de esto su madre Aurora, la inscribió en el conservatorio de música de la Universidad Nacional, allí durante, más de doce años, formó un amor profundo por la percusión. Un amor loco y a veces obsesivo, pues pasaba días enteros en medio de los pentagramas y las baquetas. Un amor que terminó doliendo y se convirtió en una bursitis subacromial o lesión del manguito rotador. Después de visitar a varios especialistas, todos coincidían, debería parar, dejar atrás la percusión, la lesión era tan severa que podía perder la movilidad del brazo, no había mas remedio: “o tu carrera o tu brazo, mi niña” le dijo el último especialista, dejando un vacío y una incertidumbre profesional.

FLAMENCO EN OTRA SANGRE


“La verdad duré varios días pensando, no puedo negar que fueron días tristes, hasta que dije: ni mi profesión, ni mi brazo, me voy hacer percusión con los pies, esos los tengo buenos” cuenta Karolina con una sonrisa en sus labios, rememorando esa decisión que sin duda le cambió la vida por completo. 

Con el apoyo y la complicidad de su madre, se inscribió en la Fundación Cristina Heeren de arte flamenco, en la mágica Sevilla cerca al canal de Alfonso XIII por donde pasa el hermoso Guadalquivir en pleno centro de la ciudad. Allí recibió sus primeras clases, donde comenzó un estudio concienzudo del baile tradicional, dedicándole horas enteras al perfeccionamiento de su técnica. Su paso por la escuela no fue inadvertido, en medio de cada ensayo Manuel Soler, maestro de baile y percusión, compañero de escena de Paco de Lucía y el gran Camarón de la Isla, le vería “el duende, esa chispa que solo llevan los artistas de verdad” dicen los viejos expertos sentados en los bares del barrio Triana, en donde nació el flamenco.  Desde ese momento sería su mentor, esa persona que, sin mirar su nación o raza, le dedicaría horas, días y meses a enseñarle un arte ajeno, que ella asumiría como propio. 

FLAMENCO EN OTRA SANGRE

Subirse a un escenario a bailar flamenco no fue fácil, en un principio su nacionalidad pasaba inadvertida, todos veían el movimiento de sus pies, ese zapateo fuerte y constante, que emociona y saca ese grito profundo de felicidad en forma de “Ole” en los espectadores al rematar un paso. Percepción que cambiaba cuando se enteraban que esa mujer, de cabello negro profundo, mirada seria y fuerza absoluta, era colombiana, ya no la veían con tan buenos ojos, la envidia es un mal mundial, “¿Cómo una colombiana bailaba flamenco?, “Ay mi niña te falta sangre”, le decían algunas compañeras de baile, ella en su interior callaba y se decía: “Sangre es lo que tengo”, así seguía demostrando con baile de lo era capaz y llevaba por dentro. 


En medio de sus presentaciones en los tablaos, lugares tradicionales, pequeños, coloridos, místicos, donde en las noches sevillanas se baila flamenco, especialmente para los extranjeros, conocería a un joven bailaor con la descendencia gitana de los Farrucos (familia representativa del Flamenco), José Manuel Ramos “El Oruco” con quien terminaría compartiendo su vida, su amor y su arte.

FLAMENCO EN OTRA SANGRE

Hoy Karolina “La negra” ha llevado el flamenco a muchos rincones del mundo, Corea, Japón, Alemania, Francia, Grecia, Portugal, forman parte de los países donde ha enseñado a esos apasionados amantes profesionales y fortuitos de las bulerías, las seguiriyas, los tangos y las soleas. Siempre siendo fiel al flamenco tradicional, con pasión, esa misma con la que lleva su patria colombiana en el corazón y en sus zapatos, pues a todos sin excepción, les pega una pequeña bandera amarilla, azul y roja recordando de donde viene, llevando con orgullo un país que extraña con locura. 

Hoy nos posa desde su escuela Formarteflamenco en la plaza del pelícano en pleno corazón de Sevilla, donde enseña a propios y a visitantes el hermoso, quejoso y colorido arte del flamenco. Aquí está “La Negra” una colombiana que lucha por sus sueños de la mano solitaria del arte, un arte que ha defendido a punta de patadas, en un medio que no es suyo, pero donde hoy, después de 20 años, se ha ganado el respeto y la aceptación hasta los españoles pues definen su baile como: “Enraizado como un roble anciano, con mucho temple, elegancia y un aura muy potente y Pura”

Pett Martínez