14 Octubre 2022

'Sex-symbols' en el cine. ¿Qué se hicieron?

Con motivo de una película más sobre Marilyn Monroe que revive el mito del símbolo sexy más grande que ha producido Hollywood, y justo en sus 60 años de fallecimiento, es bueno recordar algunas otras estrellas que también lo han sido, para finalizar con la pregunta: ¿Por qué en el cine de hoy ya no hay 'sex-symbols'?

 

Marylin MonroePor Gustavo Valencia Patiño
Marilyn Monroe es, evidentemente, el punto más alto que la industria del cine de Hollywood ha logrado en su afán por crear sex-symbols. Además, su temprana desaparición en pleno éxito de su carrera y por estar vinculada en aventuras extramatrimoniales con John y Robert Kennedy, la convirtieron aún más en un mito creciente que cada tanto alguna empresa cinematográfica renueva, y con ello agita y enturbia de nuevo las estancadas aguas que se acumulan en torno a su leyenda.
La última de ellas, producida por Netflix, así lo demuestra. Otra vez se repiten historias y sucesos, otra vez se agregan rumores y chismes, otra vez los lugares comunes y la imaginería se trastocan en realidad. En últimas, un ingrediente más para ese amasijo de mito y saga en que se ha convertido la figura de aquella estrella, cada vez más lejos de la vida que tuvo como mujer y actriz. Una película que no tiene nada de especial y, como ha dicho la crítica alemana e inglesa, con mucho de sorna e ironía, lo único novedoso son ciertas escenas de terror ginecológico.
Si bien este ha sido el mito más grande en el que no solo la industria participó, sino también  otros eventos que ayudaron a intensificarlo, esto no era nada nuevo en Hollywood, que desde su cine mudo ya había logrado que algunas de sus estrellas femeninas se convirtieran en símbolos sexuales, muy en contra del código de censura Hays, como lo fueron Clara Bow y Jean Harlow en el cine silente. Con la llegada del sonido apareció Mae West, la primer referencia que mostró cómo usar la prensa sensacionalista en la creación y conformación del mito sexual, que lograba convertir la vida privada de la actriz en una simple extensión de sus películas, de tal forma que lo que la estricta censura no permitía que se expresara en la pantalla grande se trasladaba a la vida personal de la actriz.
Algo que también funcionó con Rita Hayworth y otras más, pero ante todo con Ava Gardner. Con ella la industria constató una vez más que el éxito que le reportaba la prensa sensacionalista a una sex-symbol se encontraba en proporción directa al nivel del escándalo que se promocionara. Se hacían y se creaban estrellas, se manipulaba su publicidad y, además, el alboroto y estrépito sobre su vida privada se convertía en uno de los mejores mecanismos para aumentar la taquilla, pues se incrementaba en grandes dimensiones el deseo insaciable de gratificación sensual y emocional en el numeroso público cautivo con esas estrategias de manejo de masas.
Ya con los nuevos aires por cierto muy liberales de finales de los 60 y principios de los 70, lejos de los códigos de censura, la fabricación de un sex-symbol quedaba en manos de los enfoques y planos sobre una actriz bien curvilínea, aunque ellas se mantuvieran muy poco tiempo en esa categoría. Casos como el de Raquel Welch y Jacqueline Bisset lo explican muy bien. Unos años atrás la industria del cine en Europa lo había logrado con Brigitte Bardot, Gina Lollobrigida y Claudia Cardinale. Sin embargo, su paso era muy efímero y parecía que ya no se lograba calar en el público de la misma forma que antes. En los siguientes años quedó todavía más confirmado con la rápida aparición y desaparición de una Jessica Lange, una Kim Basinger o una Sharon Stone.

Con Ava Gardner la industria constató una vez más que el éxito que le reportaba la prensa sensacionalista a una sex-symbol se encontraba en proporción directa al nivel del escándalo que se promocionara


Es interesante apreciar causas y motivos por los que la industria del cine ya no le presta atención a la creación de sex-symbols. Necesariamente hay que acudir a una primera mirada del ámbito general de la producción de películas en lo que va del siglo, las tendencias y en especial, al punto más importante: lo que significa la industria pornográfica e internet. A principios de los años 70 ya la industria del cine porno era poderosa en Alemania con su extensa saga internacional sobre las colegialas y otras de esa índole. Se calcula que logró más de 120 millones de espectadores en todo el mundo, lo que abrió las puertas a que las empresas internacionales de distribución miraran con otros ojos esta producción, hasta ese entonces censurada y satanizada, y que con el alquiler de cintas de video y el auge de la televisión por cable recibió un nuevo impulso hasta casi finalizar el siglo pasado.

Es interesante apreciar causas y motivos por los que la industria del cine ya no le presta atención a la creación de sex-symbols. Necesariamente hay que acudir a una primera mirada del ámbito general de la producción de películas en lo que va del siglo, las tendencias y en especial, al punto más importante: lo que significa la industria pornográfica e internet.


El fenómeno internet ha hecho del porno algo de fácil acceso y sin mayor costo, lo que ha incidido claramente en la disminución y, hoy en día, casi inexistencia de actrices que puedan ser vistas o fabricadas para ser un símbolo sexy. Ese espacio está completamente copado en la web. Por lo tanto, de cierta forma el cine ha vuelto a buscar la actriz con alguna belleza y con capacidad de actuación.
Ahora no se acude al cine en búsqueda de sexo. De hecho, es muy diciente y refleja el estado de desarrollo de la industria pornográfica el que actrices y actores del llamado cine para adultos hayan pasado luego al cine convencional y desarrollado igualmente una exitosa carrera profesional. Casos como Cameron Díaz, Pamela Anderson y Sylvester Stallone ilustran muy bien lo comentado.
Además, existen otros factores de índole ideológica y cultural que son importantes en este análisis y que influyen notoriamente en la producción fílmica. Algunos planteamientos feministas que llevan más de medio siglo en torno a la comercialización del cuerpo femenino han generado efectos que revisten diversas formas. Por ejemplo, el que organizaciones feministas radicales estén asociadas con ligas católicas en contra de este comercio y de la prostitución, resultan bastante significativo.

El fenómeno internet ha hecho del porno algo de fácil acceso y sin mayor costo, lo que ha incidido claramente en la disminución y, hoy en día, casi inexistencia de actrices que puedan ser vistas o fabricadas para ser un símbolo sexy.


Hoy en día la imagen de la mujer como luchadora y guerrera encuentra más público y luce más atractiva que la de bomba sexy y el simple objeto sexual. La industria del cine, con Marvel a la cabeza, así lo demuestra en estos últimos lustros. Por ejemplo, con Scarlett Johansson, una de sus figuras más estelares, que inicialmente quisieron presentarla como una mujer sensual y luego se transformó en la aguerrida combatiente que tan buenos rendimientos de taquilla ha logrado y que va más con el momento actual, donde la mujer reducida a simple objeto sexual ya no vende. Esas fueron otras épocas de pleno machismo a nivel global que hace 60 años, justo con la muerte de Marilyn Monroe, se encontraba en pleno apogeo y que también explica el éxito de lo que comenzó a lograr, también hace 60 años, la saga de James Bond, aunque eso ya es materia para otro artículo.