13 Noviembre 2022

‘Somos una red de afecto y de conocimiento muy potente’: María Claudia Parias, directora de la Fundación Batuta

Desde 1991 la Fundación Batuta ha utilizado la música como herramienta para promover el desarrollo integral y mejorar la calidad de vida de niños, adolescentes y jóvenes que viven en zonas vulnerables o golpeadas por el conflicto armado. Está presente en 160 municipios de los 32 departamentos de Colombia.

 

Orquesta Batuta

Por Eduardo Arias

Desde hace 31 años la Fundación Nacional Batuta trabaja para promover el desarrollo integral y mejorar la calidad de vida de niños, adolescentes y jóvenes que viven en zonas vulnerables o golpeadas por el conflicto armado. Y lo ha hecho a través de una herramienta muy poderosa: la música. De ella se ha valido para reconstruir el tejido social en cientos de comunidades, la generación de espacios de reconciliación y convivencia, así como la democratización del acceso a la cultura en todo el país y a promocionar la importancia de la diversidad cultural.

Con esta labor desarrollan las capacidades intelectuales y emocionales de los niños y jóvenes para que, independientemente de que se dediquen o no a la música en su vida adulta, adquieran herramientas que contribuyen de manera definitiva a su formación integral como personas.

Por razones asociadas a los efectos de la pandemia, la celebración de los 30 años se ha pospuesto a este año, en el que ha promocionado la publicación del libro Batuta – Leve historia de una utopía, escrito por Tatiana Duplat Ayala, y ha aprovechado el regreso de los eventos presenciales para organizar conciertos de las diversas agrupaciones instrumentales y corales que forman parte del sistema de Batuta.

CAMBIO habló acerca del trabajo y del alcance de la fundación con María Claudia Parias, su directora. Ella es una periodista que desde hace 25 años se ha dedicado por completo a la gestión cultural. Fue directora de Desarrollo Regional del Ministerio de Cultura, directora general de la Orquesta Filarmónica de Bogotá y directora de Asuntos Culturales del Ministerio de Relaciones Exteriores antes de asumir su cargo en Batuta.

Maria Claudia Parias
María Claudia Parias. Fotos: Cortesía Fundación Batuta.


CAMBIO: ¿Cómo define usted a Batuta?
María Claudia Parias: 
Yo defino a Batuta como una red de afecto y de conocimiento muy potente y real, conformada por 700 maestros de música que trabajan en los territorios, apasionados por lo que hacen. Muchos fueron niños Batuta. Nosotros todo el tiempo intentamos crear experiencias extraordinarias para esos niños. Por ejemplo, hacemos una orquesta representativa en Bogotá y traemos niños de Puerto Asís, de Villa del Rosario, de Quibdó, de Buenaventura, de Tumaco, de todos los sitios donde estamos y esos niños se quedan acá una semana y reciben clases de profundización con maestros de la Orquesta Sinfónica o de la Filarmónica. Ensayan un repertorio de difícil interpretación, que es un reto desde el punto de vista técnico. Están en un hotel, comparten con niños de todas partes de Colombia. Así se cumple con esa idea de crear experiencias extraordinarias y significativas que amplían sus horizontes culturales. Y también permite vivir en la vida real la diversidad cultural. Ver en carne propia cómo son los niños de otras regiones culturales, cómo hablan, cómo son físicamente, qué música les gusta.
 

CAMBIO: ¿Cuál es en su opinión la importancia, la relevancia del proyecto Batuta?
M. C. P.: 
Batuta es la organización que tiene más capacidad de llegar a municipios alejados del centro y de los entornos urbanos. Cuenta con una presencia muy importante en sitios donde hace más de 25 años atiende víctimas directas del conflicto. Ese saber hacer acumulado en todo este tiempo es muy importante. Es un proceso de iniciación musical de práctica coral y de ensambles de iniciación musical con atención psicosocial, que es un factor diferenciador frente a cualquier academia de música que tenga vocación comercial. Eso le ha permitido aliarse con el Estado. Es muy importante resaltarlo porque no es un tema de gobierno, es más un tema de Estado. Con ese programa que hoy en día se llama Sonidos de Esperanza (todos los gobiernos le cambian el nombre) se da cumplimiento a la Ley de Víctimas.
Niños Batuta

CAMBIO: ¿Qué tan importante puede ser un proyecto musical para poblaciones con carencias y urgencias tan grandes?
M. C. P.: 
Las víctimas le piden música al Estado cuando se hace la lista de proyectos de reparación al tema del desplazamiento en Colombia. Batuta tiene una experiencia que es absolutamente valiosa y fundamental en esa idea de qué papel juegan las artes, una pregunta que está muy de moda en este momento en la construcción de paz y eso forma parte de la vocación de Batuta desde el día cero.
 

CAMBIO: ¿Existe algún proyecto o modelo que haya servido de punto de partida para Batuta?
M. C. P.: 
Batuta se basa sen el sistema de Venezuela y en todo lo que el maestro José Antonio Abreu diseñó en términos metodológicos y de pedagogías de la música. Pero cuando los profesores empezaron a trabajar acá en 1991 se encontraron con comunidades que estaban totalmente afectadas por el conflicto interno. Batuta se encontró con el conflicto armado en Colombia. Es muy distinto un país que no tiene conflicto a uno como Colombia con situaciones de violencias tenaces, falta de garantías de los derechos, no solo de los derechos culturales sino de todos los derechos, los derechos humanos. Entonces tuvieron que hacer adaptaciones de la metodología y crear el programa de atención psicosocial, que es un complemento fundamental.
 

CAMBIO: O sea, la música no es una finalidad sino una herramienta. Por lo que uno lee, el modelo de Venezuela sí busca esa finalidad y el director de orquesta Gustavo Dudamel es su máximo orgullo.
M. C. P.: 
Acá no todos van a estudiar música. Esa no es la finalidad de Batuta. El propósito no es fabricar Gustavos Dudameles, aunque han salido varios. Del más de millón de niños que se han iniciado en la música por Batuta, el cálculo que hace la Dirección Académica es que el 10 por ciento de ellos hoy en día son músicos profesionales. Eso es un número bastante alto. La media mundial en entidades de esta naturaleza es de 6 por ciento. El programa está destinado a garantizar los derechos culturales de personas vulnerables y por eso se produce esa movilidad social. Esa es una de las cosas más importantes que hace Batuta. Son personas que a través de esa formación musical logran cambiar su realidad y la de sus familias. Esos sí son muchísimos casos. Esos son nuestros Dudameles.

Orquesta
CAMBIO: ¿Entonces Batuta podría considerarse como una iniciación a la música?
M. C. P.: 
Batuta ha abierto el campo de la música como posibilidad de profesionalización. Pero la diferencia con el sistema de Venezuela es que en Colombia las carreras de música y los conservatorios son muy fuertes y son el paso siguiente. Batuta no asume toda la formación. Es decir, de Batuta no salen músicos derecho a la Orquesta Filarmónica de Viena. Batuta prepara estudiantes que completan su formación en escuelas de música y conservatorios. Como la gran mayoría son de estrato 1 y 2, Batuta también ha generado una movilidad social ascendente. Otra diferencia con el sistema de Venezuela es que Batuta no persigue ser el único sistema y la única manera de entender la formación musical o la propagación de la enseñanza musical. En Colombia existen otros casos, como la Red de Escuelas de Música de Medellín, que financian la Alcaldía de Medellín y la Universidad de Antioquia. Otro caso es la Red de Escuelas de Música de Pasto, que es excelente. En Cali es muy curioso porque los tres grandes sistemas de formación los financian tres familias distintas, muy adineradas. Está el bachillerato musical, en Ginebra (Valle), el bachillerato musical de Medellín, esa es otra realidad: los colegios musicales que hay en Cali, en Medellín, en Bogotá, en Ibagué.
 

CAMBIO: Se habrá encontrado usted con historias de todo tipo.
M. C. P.: 
Sí, claro. Por ejemplo, hay un niño que a mí me encanta que es de Puerto Asís y que tiene una historia durísima porque se le murieron los papás. Vive con la abuelita. Estudia en el colegio, en Batuta y los fines de semana trabaja en el puesto de venta de carne en la plaza de mercado. La señora del puesto conoce a Batuta porque nosotros la llamamos a pedirle permiso para que pudiera venir a la residencia en Bogotá. A diferencia de algunos compañeros que lograron entrar al Conservatorio de la Universidad del Cauca, él no porque no puede dejar sola a su abuelita. La vida de ese muchacho sin la música sería otra cosa completamente distinta. El hecho de saber que él puede tocar contrabajo, que puede hacer parte de ese grupo y que puede entender el sentido del repertorio sinfónico universal, son ganancias. Es un niño que sabe cómo componían Mozart y Beethoven, cómo poner en escena un concierto y que conoce los valores asociados a la composición musical. Porque esa es otra discusión, que su contexto son las músicas tradicionales, las músicas regionales de Colombia que son maravillosas y espectaculares, pero la música es un lenguaje universal.

batuta
CAMBIO: Hace poco ustedes presentaron un concierto con la Orquesta Batuta Laboratorio, integrada por músicos de Batuta y de otros centros de formación. ¿Cuál es el objetivo de ese tipo de alianzas?
M. C. P.: 
Si la Orquesta Filarmónica de Bogotá, que es la entidad pública que tiene en su cargo el desarrollo de las músicas académicas en Bogotá, ya tiene no sé cuántos miles de niños vinculados a la formación en música, ¿qué les podemos ofrecer desde Batuta a niños que no están experimentando? Por eso creamos una figura que llamamos el Coro Laboratorio y la Orquesta Laboratorio, no solamente para los niños que están en los procesos que Batuta adelanta en Bogotá sino también para los niños que están en cualquier otro sistema de formación, de cualquier academia o de orquesta para tratar de crear con esas innovaciones.
 

CAMBIO: ¿Estos, entonces, son proyectos pensados para las grandes ciudades?
M. C. P.: 
Batuta se mueve entre dos ámbitos. Por un lado, el del saber hacer en los sitios más alejados de las comodidades del centro y trabajando con población completamente vulnerable. Por otro lado, en la ciudad experimenta y crea nuevas formas de entender la música y su relación con el ser humano.
 

CAMBIO: ¿En los territorios han hecho alianzas?
M. C. P.: 
Sí, hemos logrado unir organizaciones culturales que nunca en su vida han trabajado juntas y que hacen cosas completamente distintas. Con la Escuela de Producción Audiovisual Infantil y Juvenil de Belén de los Andaquíes, en Caquetá, que para mí es uno de los proyectos culturales más impresionantes de este país, nos sentamos a trabajar y diseñamos una producción multimedia de las músicas tradicionales de todas las regiones geográficas de Colombia y surgieron unas píldoras audiovisuales hechas por los niños. Ellos son expertos en producción audiovisual y nosotros en música y lo que propusimos fue trabajar a través del uso de las TIC.
 

CAMBIO: ¿Ustedes le dan importancia a la lutería, a la fabricación y reparación de instrumentos?
M. C. P.: 
Nosotros trabajamos proyectos de lutería con la Fundación Salvi, que tiene esa experiencia, para que algunos jóvenes del sistema de formación de Batuta en Bogotá puedan entrar a la red de servicios que Batuta necesita, porque claramente tenemos muchísimos instrumentos que necesitan repararse. Esto permite que los instrumentos tengan mucho más uso del que podrían tener dentro de Batuta y y al mismo tiempo estamos formando jóvenes que ojalá puedan ayudar a arreglar instrumentos de toda la red Batuta.
 

CAMBIO: ¿Cómo está organizada la red de orquestas de Batuta?
M. C. P.: 
La orquesta Batuta Bogotá es nuestro centro fundamental. En ella los integrantes permanecen al menos tres años. Hay rotación porque los jóvenes salen a la vida profesional o técnica o a seguir el camino de vida que escojan. Además tenemos más de 60 orquestas en todo Colombia en diferentes puntos, con metodologías de formación de práctica colectiva de la música. O sea, los coros, los ensambles de iniciación musical y las orquestas son la manera como los niños aprenden.
 

CAMBIO: ¿Batuta no ofrece cursos individuales de piano o de violín, por poner dos ejemplos?
M. C. P.: 
No. Lo que hizo el maestro Abreu fue romper la relación de uno a uno en la formación musical. Es decir, no es un niño genio que se encierra con otro profesor que también es un genio en un cuarto oscuro con un piano durante ni idea cuántos años a aprender un instrumento, sino que se aprende en el hacer colectivo, en la práctica en una orquesta, un ensamble o un coro. Ese hacer colectivo lo copiamos nosotros de Venezuela y lo han tomado organizaciones como la Orquesta Filarmónica de Bogotá y las redes que están trabajando la música desde lo colectivo. Son orquestas que se van afianzando en esos territorios como parte de lo que la comunidad valora como un sello territorial.

Batuta
CAMBIO: ¿Cómo sobrellevaron la pandemia y el el confinamiento?
M. C. P.: 
El 19 de marzo de 2020 cerramos los 220 centros de formación musical y 40.000 niños se quedaron sin música. Nosotros no habíamos usado nunca internet ni radio, nada de lo que nos tocó usar durante dos años para mantener vivo el proyecto. Entonces empezamos a trabajar en dos líneas. Una para los muchachos que tienen conectividad y otra para los que definitivamente no tienen nada. Para estos últimos tuvimos que retomar las técnicas de los años 50 e hicimos nuestro programa radial Batuta al Aire, con la red de radios comunitarias y con emisoras del Ejército, porque hay sitios donde solo llegan ellos. Durante toda la pandemia emitimos un programa semanal de formación musical y eso fue increíble porque entonces ya no era solo el niño sino también la abuelita, el perro, la vaca, todo el mundo oía el programa. Eso cambió un poco la relación con Batuta. Imprimimos las cartillas de formación por correspondencia, las enviamos por correo con una USB y un lector de USB para los niños que no tienen nada. La pandemia nos obligó a entrar a ese mundo de las TIC, otro campo de experimentación y de innovación enorme en el que tenemos que trabajar a mediano y largo plazo.
 

CAMBIO: ¿Cómo se financia un proyecto tan grande?
M. C. P.: 
El Estado siempre ha sido un socio fundamental de Batuta. Sin la asociación público-privada Batuta no podría existir porque la financiación de Sonidos de Esperanza, que nos permite estar en más de 180 municipios de Colombia, es la base desde la cual los demás financiadores se unen a Batuta.
 

CAMBIO: ¿Qué porcentaje del presupuesto de Batuta viene del Estado?
M. C. P.: 
Por cada peso que que pone el Estado colombiano nosotros conseguimos entre tres y cuatro pesos adicionales de la empresa privada y de la cooperación internacional, la cooperación internacional y la empresa privada solamente dan recursos si el proyecto tiene financiación del Estado. Por ejemplo, nos ganamos el programa de participación de la Unesco presentando un proyecto para hacer una agrupación representativa de todos esos niños que están en todos los municipios de Colombia y conformar un coro que se va a reunir seguramente en Bogotá en una residencia artística para preparar un repertorio y presentarse en un teatro importante de Bogotá. Si no fuera por la financiación del Estado que nos permite tener activos los centros de formación coral no podríamos presentar a la Unesco el proyecto del coro representativo.

Sala de experimentación musivcal
María Claudia Parias en la sala de experimentación musical que se encuentra en obra. Foto: Eduardo arias


CAMBIO: ¿Qué proyectos vienen en camino?
M. C. P.: 
Estamos construyendo una sala de experimentación musical y sonora. Eso no pasa mucho en Colombia porque acá nos concentramos en las horas de formación y la profundización en la práctica y los repertorios tradicionales de la música clásica y la música colombiana adaptada para orquestas y bandas. Eso ya tiene sus años pero nadie está trabajando con repertorios contemporáneos, de música Iberoamericana o de músicas del mundo, de otras formas de entender el sonido, la música y la composición musical. Los académicos de Batuta consideran clave la relación de la música con el cuerpo. Por ejemplo, percusión corporal, postura corporal, sentido del cuerpo. Los niños le dedican horas de entrenamiento técnico a los instrumentos musicales, a la formación orquestal o de práctica vocal pero no hay espacios un poco más libres. Otra manera de entender el instrumento desde el cuerpo y temas de experimentación creativa se logran a partir de la antropología sonora, de paisajes sonoros. Es algo un poco más contemporáneo, más sofisticado, más experimental, que enriquece lo que los otros ya están haciendo.
 

CAMBIO: ¿Cómo ve usted el futuro de Batuta?
M. C. P.: 
Creo que el futuro está en que el Ministerio de Cultura, el Ministerio de Educación y las entidades que van a estar asociadas al desarrollo de esas líneas programáticas entiendan el papel que ha cumplido Batuta a lo largo de la historia y la importancia de tener un socio estratégico para desarrollar esas líneas programáticas. Eso en el mediano plazo. En el largo plazo yo me imagino a Batuta como un laboratorio de innovación capaz de hacer lo que otros no están haciendo. Batuta tiene la capacidad de ponerse un poquito por arriba de su hacer cotidiano de todos los días. Por ejemplo, relacionarse con entidades pares de Batuta de América Latina, hacer proyectos con Brasil, Chile, Argentina, México… Entender el cumplimiento de los objetivos de desarrollo sostenible desde una lógica asociada al saber hacer de Batuta. Ejercicios de paisajes sonoros con las orquestas para entender que el paisaje sonoro puede ser una fuente de información para que los niños compongan música. Ver qué ideas nuevas pueden surgir para que los jóvenes realmente se comprometan con la preservación del planeta, entender el papel que puede jugar la formación musical y la música en la relación con otros sectores.