21 Octubre 2022

¿Son los sueños adolescentes tan difíciles de superar? 'Derry girls' tiene las respuestas

Una serie sobre la adolescencia y la violencia en Irlanda del Norte refresca la oferta saturada y sobrevalorada de asesinos en serie y estafadores que nos quiere imponer Netflix. El éxito de 'Derry girls' se sustenta en una mezcla acertada de la narrativa de las comedias de los años noventa ('Friends', 'Will and Grace', 'Frasier') con el vertiginoso ritmo que implica contar historias en los tiempos en los que la paciencia brilla por su ausencia. Su tercera y última temporada ya se encuentra disponible. Nostalgia que acoge, nos sacude y alivia el alma. De paso, una gran lección para Colombia en su búsqueda de la paz.

Derry 3

Por Jacobo Celnik
Uno de los tantos encantos que tiene Derry girls (Lasa chicas de Derry), la serie escrita y dirigida por la realizadora norirlandesa Lisa McGee es la capacidad de retratar e ironizar acertadamente sobre dos conflictos: la adolescencia y la violencia sectaria en Irlanda del Norte. Salir bien librada por cuenta de una gran dosis de humor negro, nostalgia, cruda realidad, revisitar un pasado doloroso en su natal Derry, con una banda sonora llena de clásicos de The Cranberries, EMF, Supergrass, Genesis, R.E.M. Snap, Salt-N-Pepa, 2 Unlimited, The Corrs, Blur, Enya, Undertones y Madonna, es uno de los tantos logros de una serie que parece ligera, pero no lo es. Porque si bien los problemas sociales y políticos de la Irlanda del Norte de mediados de los 90 se asoman constantemente, los aspectos más sutiles y críticos de la vida adolescente son los verdaderos protagonistas de esta magnífica serie.
Las historias giran en torno a los dramas de cuatro amigas católicas de Derry O Londonderry como le dicen los unionistas y protestantes a esa ciudad en donde se escribieron páginas muy dolorosas del conflicto en Irlanda del Norte, como el Bloody Sunday (domingo sangriento). Claire, Erin, Orla y Michelle, y James, un joven inglés, primo de Michelle, luchan por quemar etapas para encarar la vida adulta que se les asoma sin clemencia y tratando de sortear de la mejor manera los conflictos típicos de la adolescencia que van moldeando sus vidas y personalidades como la exigencia académica, las relaciones sociales y sentimentales, el dinero, romper reglas, llevarles la contraria a sus padres, la diversión, la música, las fiestas, las pilatunas, la complicidad, los miedos ante un futuro incierto y asumir, con convicción, lo que significa llegar a la mayoría de edad.
A diferencia de otras series o películas sobre los Troubles (violencia en Irlanda del Norte), McGee, con sobria delicadeza, agudeza visual, inteligencia, ritmo y melancolía, editorializa sobre el sectarismo que le tocó vivir en aquellos años, un asunto delicadísimo que determinó la vida tres generaciones de irlandeses del norte, retratados acertadamente en los muy particulares e inolvidables personajes de la serie: abuelos, padres, madres e hijos, todos republicanos, que crecieron esquivando las balas y las bombas que moldearon la vida de una nación que se estableció de forma violenta en 1921 con la partición de Irlanda.
McGee aprovecha la verosimilitud de sus personajes para hacernos un barrido por aspectos culturales y sociales del país y de su ciudad en particular. Revivió con imágenes de la época noticias dolorosas de atentados terroristas, la visita de Bill Clinton para construir el camino a la paz, el papel de políticos como John Hume, David Trimble, Ian Paisley y Gerry Adams para el cese al fuego, las palabras de perdón de David Cameron sobre las casi tres décadas de violencia y abusos del ejército británico en el país, entre otros hechos.

Lisa McGee, con sobria delicadeza, agudeza visual, inteligencia, ritmo y melancolía, editorializa sobre el sectarismo que le tocó vivir en aquellos años, un asunto delicadísimo que determinó la vida de tres generaciones de irlandeses del norte, retratados acertadamente en los muy particulares e inolvidables personajes de la serie.


McGee no descuida en su narrativa algunos detalles muy propios de la vida diaria en aquel entonces como las barricadas que separaban a los barrios, el patrullaje constante de soldados ingleses, los desfiles unionistas durante julio y agosto que solían atemorizar a los católicos del país o la importancia emocional de canciones como Teenage kicks, de los Undertones, a la que describen en uno de los episodios de la tercera temporada como el “verdadero himno del país” por el fondo y el mensaje que dejó una de las bandas más representativas del postpunk de Derry y que logró trascender más allá de las fronteras del país: Are teenage dreams so hard to beat? Everytime she walks down the Street, profetiza con su particular tono el cantante Feargal Sharkey. Esas líneas son el sustento emocional de la serie: ¿Son los sueños adolescentes tan difíciles de superar?
Escuche uno de los himnos de Irlanda del Norte

Es posible que un espectador sin suficiente información sobre el trasfondo sociopolítico, histórico, cultural y religioso de Irlanda del Norte se pierda en un laberinto de indirectas, puyas, nombres de lugares, personalidades, hechos e hitos sobre el conflicto. Sin embargo, el optimismo, la empatía y la cultura pop sostienen las tres temporadas, con un clímax memorable e inolvidable al final de la tercera gracias a su impactante mensaje de perdón y reconciliación con la acertada elección de la canción Dreams, de los Cranberries, para estremecernos mucho más. Un final que a más de uno le robará unas lágrimas. Imposible no llorar de emoción. Y de dolor, también.

Y es que en el episodio final de la serie han transcurrido tres años desde el inicio de la historia en 1995 y McGee sitúa a nuestras cuatro heroínas y su cable a tierra británico, en la mayoría de edad, en 1998, en un momento crucial para la historia de Irlanda del Norte: los Acuerdos de Paz del Viernes Santo. Y más que un eslabón generacional que debe asumir y decidir sobre un asunto crítico como la paz, la serie al final sugiere, de forma optimista y lejos de la condescendencia, que los hechos dolorosos que los determinaron en una época siempre podrían ser diferentes, o por lo menos es esencial creer que pueden serlo y que siempre hay un camino que permite que eso suceda, como es la paz.

Derry 2
Porque la mayoría de los norirlandeses (a diferencia de Colombia, no olvidemos) le dijeron sí a la paz, con todo lo eso implicó en materia de perdón, reinserción y olvido. El otro año se cumplen 25 años de la firma de paz y ese 71.1 por ciento de la población que le dijo sí a la paz no se equivocó, porque imperfecta o con temas por mejorar, han tenido una paz inspiradora, estable y duradera. Derry girls es el tipo de series que le ofrece demasiado al espectador y por eso, creo, debe verse con lupa y libreta de apuntes para rescatar la infinidad de mensajes que deja. Sobre todo, para países que siguen inmersos en conflictos y en espirales interminables de violencia. Además, es una lección magistral de cómo retratar con altura, respeto, rigor histórico y algo de ironía, el pasado turbulento y doloroso de una sociedad que aprendió a ver las bondades de la paz. Que es mejor que la guerra y eso lo sabe McGee, quien ha vivido ambas caras de la historia.

Escuche aquí la banda sonora de Derry Girls