13 Julio 2022

Nairo Quintana se juega el podio del Tour en el mítico Alpe d’Huez

Crédito: Reuters

El ciclista colombiano confía en ascender al menos al segundo lugar en la general, del que lo separan apenas 21 segundos, en una etapa que conoce a la perfección.

Los primeros kilómetros del Alpe d’Huez son los más difíciles, los demás son imposibles. Porque ya se llega al pie del puerto reventado, luego de subir el Col de Galibier y el Col de la Croix de Fer, dos premios de montaña de categoría especial que dejan las piernas molidas antes de iniciar el ascenso: veintiún curvas que secan los pulmones y ablandan el espíritu; una serpenteante subida al cielo de 13,8 kilómetros con una pendiente media de 8,1 % y una máxima de 11,5 que tiene la vieja costumbre de dejar a cada quien en su sitio. 

El Alpe d’Huez, una vieja estación de esquí, hizo parte del Tour de Francia por primera vez en 1952, con victoria para el italiano Fausto Coppi. Luego el alto quedó proscrito hasta 1976, cuando se convirtió en un asalto habitual del Tour: un año sí, el otro no. Para Colombia se transformó en un mito mayor en 1984, cuando Lucho Herrera, el Jardinerito de Fusagasugá, se convirtió en el primer latinoamericano en ganar una etapa del Tour de Francia. Después de él, ningún otro colombiano ha podido ganar allí. Fabio Parra estuvo muy cerca de hacerlo en 1988, pero tuvo la mala suerte de ser frenado por las motos, que tampoco podían avanzar por la cantidad de gente que había en la vía esperando el paso de los ciclistas.

Aun así, el Alpe d’Huez ha sido un puerto más que querido por los colombianos. Sobre todo, por Nairo Quintana, quien sentenció allí dos de sus podios del Tour (el de 2013 y el de 2015) y puso en jaque al mismísimo Chris Froome, cuatro veces ganador del Tour. 

La guerra de este año

Se dice que el que sale de líder del Alpe d’Huez llega de líder a París. Solo que en esta ocasión la etapa no será una de las últimas del Tour, sino una intermedia, la número 12, cuando todavía queda mucha cuesta por delante.

Sin embargo, el Alpe d’Huez tendrá un tinte de especial emoción por las circunstancias de carrera. Luego del desfallecimiento de Tadej Pogacar en la etapa 11, y del ascenso de Jonas Vingegaard al primer lugar de la clasificación general, la carrera se encuentra en un momento histórico: entre el segundo lugar, Roman Bardet, a 2’16’’, y el sexto, Adam Yates, a 3’06’’ de Vingegaard, hay apenas 57 segundos. Y de quinto, Nairo Quintana, a apenas 15 segundos del tercer lugar y a 21 de del segundo.

“Tengo muy buenas sensaciones” ha dicho Nairo, y eso quiere decir que tiene ganas de armar el espectáculo. Aunque ha perdido algo de la explosividad que exhibió durante su más temprana juventud, a sus 32 años anda con mayor consistencia. Nunca ha tenido un equipo que lo acompañe en sus gestas, pero él ha construido su carrera en solitario, al lado de los grandes. 

Este año, ha pescado en río revuelto en la guerra que se ha armado entre el Jumbo Visma de Vingegaard y el UAE de Tadej Pogacar. Puede que hoy suceda lo mismo, salte del pelotón cuando nadie se lo espere y corone por fin una victoria que le ha sido esquiva. Al fin y al cabo, conoce a la perfección la subida, las traiciones que ofrece cada curva, los falsos descansos que hacen perder el ritmo. Es, en el lote de pedalistas de hoy, el perro veterano que late echado: “Que se desgasten los demás, yo veré cuando aparezco”. Subir a los primeros puestos, así le dure hasta la penúltima etapa, esa contrarreloj plana que siempre ha sido su mayor debilidad, será un premio más que merecido.

Si sale bien librado del Alpe d’Huez, Nairo agrandará la leyenda que ya se ha escrito sobre él. Si no, hará parte del honor esquivo de las vicisitudes del Tour, que así como ofrece momentos sorpresivos de gloria, también es capaz de castigar la ambición y sabotear la ilusión, como ya lo hizo con Pogacar. Por eso el tour es tan grande.