12 Agosto 2022

Deuda externa por bonos de carbono: ¿Sirve de algo?

Crédito: Yamith Mariño

La idea de aceptar el cuidado del medio ambiente como parte de pago de la deuda externa tiene sus orígenes en la Latinoamérica de los años ochenta. ¿Qué ha cambiado desde entonces?

La idea que Gustavo Petro anunció en su discurso de posesión de intercambiar parte de la elevada deuda externa por recursos para proteger ecosistemas en el país y mitigar el cambio climático es de larga data. 

Los primeros registros del tema se dieron en 1984 y fue una propuesta de Thomas Lovejoy, en ese momento vicepresidente del Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF), como respuesta al incremento de la deuda externa que habían tenido los países en desarrollo desde 1970 y la también creciente preocupación por los efectos del cambio climático. 

En 1991, diez países de Latinoamérica, África y Asia ya habían firmado acuerdos para cambiar una parte de su deuda externa por pagos en moneda local a ONG y otras entidades sin ánimo de lucro para que ejecutaran programas de gestión ambiental o compraran terrenos para conservación de ecosistemas. 

En esa época no existían todavía los bonos de carbono ni los bonos verdes en los mercados financieros, así que en ese momento se estableció como mecanismo que se condonara parte de la deuda o de los intereses en dólares, o que ONG ambientalistas de países desarrollados pagaran una parte a los acreedores a cambio de que los gobiernos beneficiados invirtieran el dinero ahorrado en moneda local para los mencionados proyectos ambientales. 

Con los años, la comunidad internacional notó que la brecha entre los dólares condonados y la moneda local invertida en estos programas se reducía, lo que limitó el impacto del programa, que terminó por abandonarse. 

La Cepal retomó la idea en 2015 y 2018, como petición a los países desarrollados y bancas multilaterales para reducir las deudas externas de los países insulares del Caribe latinoamericano. El argumento era que como estos países tenían deudas externas superiores al 70 por ciento y en su mayoría se podrían considerar insostenibles, condonar parte de la deuda aliviaría sus cuentas fiscales, a la vez que se estimulaban acciones de mitigación del cambio climático en la región. 

Ahora, el presidente Petro propone canjear parte de la deuda externa de Colombia –que según el Banco de la República llegó en mayo al 50,7 por ciento del PIB nacional–, por acciones para conservar, por ejemplo, nuestra porción de la Amazonía. Esto se sumaría al mercado de bonos para compensar la huella de carbono o los bonos verdes para financiar proyectos que implementen estrategias de mitigación del cambio climático. 

Germán Machado, profesor de economía de la Universidad de los Andes, señaló al respecto: "Hasta ahora, la acogida ha sido poca internacionalmente pero, por lo visto, será un tema prioritario en la visión del nuevo gobierno Petro. Su viabilidad, por supuesto, depende de lograr acuerdos con los acreedores”.

Pero calcular su viabilidad o su costo por ahora es imposible pues la idea solo existe en el discurso del presidente Petro, que mencionó el tema durante su posesión pero sin entrar en detalles. A eso se suma que en 30 años esta idea no ha tenido mayor acogida internacional y en algunos países, como Argentina, advierten que se corre el riesgo de privatizar extensiones de tierra importantes.

Mientras se estructura la propuesta y el gobierno logra ponerla en la mesa de sus acreedores, la deuda externa del país seguirá dependiendo de la necesidad de financiación de entidades públicas y privadas, así como del tamaño del PIB y la tasa de cambio.