6 Marzo 2022

¿Es Colombia un país de emprendedores de alto impacto?

Crédito: Unsplash

Basta navegar un rato por un par de redes sociales, hojear cualquier publicación de negocios en el país o ver un episodio de 'Shark Tank' para rápidamente quedar con la sensación de que Colombia se ha venido posicionando como un país líder en el mundo del emprendimiento.

Por Felipe Gómez

Historias que se viralizan en minutos, como el crecimiento acelerado de Rappi, la salida a bolsa del Nu Bank, las jugosas inversiones de fondos de capital de riesgo en distintos emprendimientos del país y el número creciente de unicornios (empresas valoradas en más de mil millones de dólares), nos dejan a más de uno con la mandíbula caída. Si a estas historias de éxito sumamos las campañas de comunicación de ciudades y sus Cámaras de Comercio celebrando las condiciones casi perfectas para emprender, y los reportes de resultados de entidades que apoyan y promueven el emprendimiento, llegamos a creernos que estamos en el paraíso para los emprendedores. Pero, ¿es verdad? ¿Realmente estamos en un país con tierra fértil para el emprendimiento de alto impacto?

Según cifras del Registro Único Empresarial y Social (Rues), que recoge información de las 57 Cámaras de Comercio del país, entre enero y marzo de 2021 se crearon en el país 96.431 empresas, 9,3 por ciento más que en el mismo periodo de 2020, cuando la cifra fue de 88.248 empresas. No son números despreciables: son cerca de 100 nuevas empresas diarias. Lo que es realmente triste y poco se publica al respecto es que, de acuerdo a la tendencia, entre el 20 y 30 por ciento de estas empresas quebrarán antes de la Navidad y el 60 por ciento no llegará a los cuatro años de existencia. Pero más preocupante aún es que de las que sobreviven, menos del 1 por ciento logra escalar y convertirse en una gran empresa, una que realmente puede generar transformación social mediante la generación de empleo y de riqueza.

No se puede negar, y hay que darle todo el crédito del caso (al César lo que es del César), al titánico esfuerzo que se ha hecho por consolidar ecosistemas de emprendimiento en el país. Yo tuve mi primer emprendimiento a finales de los 90 cuando no existía nada de esto y si hoy es difícil emprender con todo el ecosistema a disposición de los emprendedores, imagínense lo que era en ese entonces. El tener acceso a mentores, aceleradoras, algunas fuentes de capital y, sobre todo, espacios para generar redes, es un inmenso avance en la materia, pero de ninguna manera nos pone a la altura del estado ideal. Por eso debemos reconocer y aplaudir los avances, pero no podemos caer en el error de vanagloriarnos de ellos y sentir que la tarea está hecha. Aún falta mucho camino por recorrer.

Emprender para la supervivencia, no para la transformación, es lo que abunda en el país. El sueño de montar un negocio o comenzar una empresa es bastante común. Muchos lo intentan (lo reflejan las cifras anteriores) pero pocos perseveran. La realidad es que estamos en un país con mucha iniciativa y poca “acabativa” en el desarrollo empresarial. ¿Cuáles son esos factores que están contribuyendo a este fenómeno?¿Cómo podemos atacarlos de manera sistemática para superarlos?

Como primera medida, hay altos incentivos para operar en la informalidad; quizás eso explica lo que el  Consejo Privado de Competitividad ilustraba en un reporte reciente : “…la informalidad laboral (medida como el porcentaje de personas que no tienen acceso a seguridad social) sigue siendo elevada, representando el 62,7 por ciento de la población ocupada …”. Lean bien: 62,7 por ciento de la población ocupada, es decir 6 de cada 10 trabajadores del país, lo hacen en la informalidad. Estos son los emprendedores de la supervivencia y quienes trabajan para ellos. Los que día a día salen a vender aguacates, a lustrar zapatos, a vender puerta a puerta, etc. y que, gracias a su esfuerzo y tesón, ganan el sustento para sobrevivir. Pero ninguno de estos emprendimientos genera riqueza, empleo de calidad (con acceso a seguridad social), paga impuestos, ni cumple con la normatividad vigente. El dar el paso a la formalidad genera pánico y por eso la mayoría se mantiene allí. La presión de la idea de tener que entrar a las bases de datos de los sistemas de seguridad social, autoridades de impuestos y demás, y la presión de tener que cumplir con estándares definidos (por ejemplo el SMLV)  se convierten en fenómenos que incentivan la informalidad. El mismo reporte concluye : “Estos impactos se manifiestan en reducciones en los niveles de empleo en el sector formal y menores probabilidades para los trabajadores de bajos niveles de escolaridad e ingresos, de vincularse al sector formal. En resumen, el estado no ha logrado encontrar las maneras de realmente incentivar el emprendimiento y la formalidad y, al contrario de lo que se cree, lo que ha generado es un desestimulo a hacerlo.

Segundo, hay que romper la idea de que emprender es un viaje individual. Ningún emprendimiento exitoso en el mundo ha sido el resultado del esfuerzo de una sola persona, siempre ha habido un buen equipo trabajando unido. Ernesto Sirolli, experto reconocido en el mundo del emprendimiento, habla de la “trinidad de la gestión”. Para que una empresa sea exitosa debe tener tres elementos fundamentales: producto, mercadeo y ventas y finanzas. No existe ninguna persona en el mundo que pueda hacer las tres cosas bien. Y si vamos a analizar las causas de por qué siete de cada diez empresas fracasaron, encontraremos que el que vendía también llevaba las finanzas o el que desarrollaba el producto también tenia que salir a venderla. Un emprendedor solo se muere de soledad. Por querer hacer las tres cosas solo termina haciendo las tres mal, y eso es el juicio final. Es por eso que emprendedores y medios que cubren sus historias deben resaltar siempre el valor del equipo. No es David Vélez de Nubank, ni Simón Borrero de Rappi. Son ellos y sus equipos los que han logrado escalar sus operaciones y llevarlas donde están. Hablemos claro y generemos conciencia de la importancia de comunicarle esto a los emprendedores emergentes.

Finalmente, y donde mucho esfuerzo se debe concentrar, es en el generar conciencia y capacidades para escalar. Algunas de esas empresas que sobreviven a los primeros cuatro años, tienen potencial para la grandeza, para escalar y ser una empresa grande, generadora de muchos empleos y de riqueza para compartir. Pero la mayoría de las veces ese potencial no se realiza, simplemente porque no hemos desarrollado la capacidad para reconocer la oportunidad, para desaprender y para construir estructuras que permiten escalar la operación. Una de las decisiones más difíciles que debe tomar un emprendedor, es la de darse cuenta de que su empresa llegó a un nivel en el que el talento, los procesos y la estructura accionaria que la llevó hasta allí, no necesariamente son los apropiados para llevarla hasta el siguiente escalón. Así como las estructuras de capital cambian, los equipos de liderazgo también deben evolucionar para poder generar este momentum de grandeza y, así, pavimentar la vía para que más empresas lleguen a este nivel.

¿Hemos avanzado?, ¡claro que si! Pero aún falta mucho camino por recorrer. No nos durmamos en los laureles, y ¡manos a la obra!