2 Octubre 2022

Fiar para confiar

Hace 50 años, un grupo de trabajadores paisas logró montar uno de los primeros sistemas cooperativos del país que basan su servicio en creer y, por lo mismo, darles literalmente crédito a sus asociados.

Por Patricia Lara Salive y Germán Hernández

Oswaldo Gómez todavía recuerda el cuaderno de hojas cuadriculadas en donde hubo de garrapatear los nombres de los ahorradores de la cooperativa: eran tan escasos que no se justificaba pasarlos a máquina de escribir. Aquella libreta se guardaba en una oficina del cuarto piso del edificio La Ceiba, en La Playa con Junín, en Medellín, donde solo había espacio para el personal de entonces: él, que era el gerente, y dos secretarias. Para las visitas apenas tenían dos bancas hechas con tablas sobrantes de las cajas de repuestos de Sofasa.

“Oswaldo empezó componiendo y ayudando a imprimir el boletín de la cooperativa. No había que solicitarle una propuesta dos veces”, recuerda de esa época Hernán Gaviria, quien fuera empleado en la década de los años ochenta y parte de los noventa de la que hasta entonces era conocida como Cotrasofasa, una entidad que había sido fundada en 1972 por 33 trabajadores de la ensambladora de vehículos.

“Yo siempre le vi muchas posibilidades a esa pequeña entidad, porque la gente de Sofasa tenía un buen ingreso –dice hoy Oswaldo Gómez–. Pero eran empleados que se mantenían endeudados y que tenían que buscar préstamos por fuera de lo formal e incluso defenderse con las famosas ‘natilleras’, esos grupos de ahorro familiar y de amigos que reunían platica todo el año y que en diciembre se la repartían para comprar regalos de Navidad y preparar natilla”.

Antes de asumir la gerencia, Gómez había trabajado en Sofasa como agente de control de calidad. Allí duró un par de años, pero salió despedido al ser parte de la junta directiva del sindicato, removida en medio de las tensiones laborales generadas en la empresa. “Tenía esposa y dos niñas pequeñas y no sabía qué hacer –señala–. Por fortuna, yo le había ayudado a la cooperativa en el área de educación y a editar el boletín, que se hacía en mimeógrafo, y fue entonces cuando me ofrecieron, ante mi sorpresa, gerenciar la entidad”.

Gómez, que es hijo de un albañil que le enseñó el concepto de ‘entender’ las cosas, empezó entonces a sentar las bases para construir una nueva cooperativa usando como cemento una cualidad inspirada en las ‘natilleras’ antioqueñas: la confianza. “Es el principio de Confiar, que hoy es una de las organizaciones más grandes del país, con 382.744 personas vinculadas, entre asociados y ahorradores, y con presencia en ocho departamentos”, explica. Su trabajo en la cooperativa coincidió con un proceso de modernización de la ensambladora, que originó muchos despidos, gracias a la automatización en la producción.

“Entonces también empezó a salir mucha gente de la cooperativa, de modo que decidimos contrarrestar el fenómeno con el ejercicio de hacer las cosas mejor, y de atender y prestar un mejor servicio”, dice.

Además, tomó la decisión de abrir la entidad para el sector automotor y de autopartes de otras empresas que trabajaban al servicio de Sofasa. “Y nos empezaron a tocar la puerta los que perdían el empleo y nos decían: ‘¿Cómo así que la condición para ser asociado de la cooperativa tiene que ser un contrato laboral? No, ahora es que nosotros necesitamos el apoyo a la cooperativa’. Decidimos implementar una reforma de estatutos en la que quedó considerada la opción de que, para estar asociado, no necesariamente había que ser asalariado”.

Pero, a la vez, Gómez empezó a desarrollar estrategias para estimular el ahorro. “Al logotipo de la entidad, por ejemplo, le añadimos una frase adicional: ‘Caja cooperativa de trabajadores’, porque el concepto de ‘caja’ está muy ligado a las entidades de ahorros y, además, le imprime como más y mejor presencia. Eso nos fue llevando a ser una cooperativa de carácter abierto y las comunidades en los barrios se empezaron a vincular”, recuerda. Incluso, un día se unieron trabajadores del departamento de Boyacá, pertenecientes a la planta de ensamblaje de motores de Sofasa que había en Duitama. La cooperativa empezó a expandirse. “Y empezó también la efervescencia de un Confiar que comienza a crecer y que entiende que tiene toda la opción de ser una cooperativa muy importante por todo lo que es la valoración, digamos ideológica, de un cooperativismo vinculado a las causas sociales”, advierte Gómez. Ese concepto fue tan bien recibido en los usuarios, que la entidad decidió dar un paso adelante y transformarse en una cooperativa financiera: un ‘cuasibanco’, un establecimiento de crédito que es como un banco con la diferencia de que no tiene cuentas corrientes.

“Necesitábamos un nombre que recogiera lo que estábamos haciendo y es cuando nace esa luz maravillosa, extraordinaria, en el año 95, que nos inspiró a llamarnos Confiar”, señala.

Al nuevo nombre se le unió un concepto ético, estético y social, dirigido a impulsar el progreso de sus asociados. Eso se demuestra con los primeros lemas que empezó a usar la cooperativa, como el de ‘ahorrar con paciencia y gastar con parsimonia’, motivo que la llevó a darle privilegio al crédito hipotecario para facilitar la compra de vivienda entre los asociados, desestimulando el crédito de consumo. Sueño –dice Gómez– con una ‘vigilia de crédito’, en la que la entidad les proponga a sus asociados permanecer una semana sin prestar. “Pero la gente se asusta mucho cuando se propone la idea porque pueden interpretar que estamos ilíquidos o que la cooperativa tiene dificultades. No: la idea es reflexionar”.

Con estas propuestas insólitas, Confiar se ha ido distinguiendo de la competencia. No tiene, por ejemplo, un departamento de crédito sino un ‘taller de sueños y soluciones’. “Es que en el taller las cosas se hacen a la medida y la cooperativa no puede caer en una generalización sin entender que cada quien tiene una necesidad y que, independientemente de las metodologías de evaluación de riesgo, hay que escuchar a las personas”, advierte. Igualmente, en Confiar, el departamento de cartera se denomina ‘laboratorio de acuerdos’. Todo eso ha permitido que se desarrolle una relación muy cercana y estrecha con la gente, en la que ha calado la idea del ahorro y su objetivo social: de los casi 210.000 asociados, solo 80.000 tienen hoy crédito. Los demás, 130.000, le apuestan a su futuro. En todo caso, muchos de ellos pertenecen al sector cultural, una de las obsesiones de su gerente.

“Confiar, en la cultura, nunca dará ganancias –dice–: es soñar sin medida. Un día, un artista de Medellín, después de que recibió un crédito para un pequeño montaje teatral, me dijo: ‘Oswaldo, Confiar es algo así como la caja menor de la ilusión’”. Fiar para confiar es, por eso, un objetivo clave que guía a la cooperativa. Así, por ejemplo, la entidad creó una línea de crédito para financiar el ejercicio de la democracia y la participación política y, en las pasadas elecciones, por ejemplo, les otorgó crédito por cerca de 25.000 millones de pesos a muchos candidatos no solo del Pacto Histórico o del Partido Verde, sino también del Nuevo Liberalismo. “Lo mismo hicimos a partir de la firma del Acuerdo de Paz, con el cual tenemos un compromiso muy grande al financiar al partido Comunes y sus cooperativas, con todos los riesgos que eso implica. Es más, cuando se firmó ese pacto, abrimos una agencia en el

municipio de Dabeiba, que tenía mucha presencia de las Farc. Y no solo la abrimos, sino que compramos el local donde funciona la cooperativa para que la gente tuviera la certeza de que no veníamos de paso. Y allí, ninguna obligación de crédito se ha quedado morosa”, afirma. Con 60 agencias (incluida la agencia virtual) en Bogotá, Antioquia, Boyacá, Meta, Casanare y el Eje Cafetero, y con activos por 1.350.000 millones de pesos y una cartera de 1.125.000 millones (el 35 por ciento de vivienda, porcentaje mucho mayor que el crédito de consumo), Confiar sigue adelante con todo tipo de apuestas disruptivas de diverso contenido social. Tiene, por ejemplo, una línea de tipo editorial que ofrece libros gratis a sus asociados, y que cada año lanza una publicación de la colección de cuentos y minicuentos que reparte entre las familias. También lanzó, este año, una campaña para ‘conquistar la confianza’, que es el objetivo que se fijó la entidad en su plan de desarrollo. “La meta es que cada agencia de Confiar sea un laboratorio de confianza, que es muy importante para la construcción de un nuevo país”, dice Gómez. Para el directivo, esa conquista se basa también en la verdad.

“Acaba de salir del informe de la Comisión de la Verdad, y creo que las cooperativas tenemos que ser fundamentales en coadyuvar a que ese reporte se conozca, multiplicar sus textos, inducir a que la gente pueda consultar ese gran archivo extraordinario, y más en este momento en que tenemos una perspectiva muy importante de cambio en nuestro país”, resalta.

Así, la entidad que comenzó en una pequeña oficina de Medellín busca hoy participar en el desarrollo de una nueva nación. Cuenta con programas como Fomentamos, una entidad dedicada a las microfinanzas con los excluidos del sistema financiero y que tienen como camino el nefasto “gota gota” o “pagadiario”. Desarrolla otro proyecto de apoyo a la producción maderera en Puerto Gaitán, Meta, llamada Cooperación Verde, integrada con otras cooperativas del país; también participa del Centro de aprovechamiento de residuos del oriente, ubicado en Rionegro, Antioquia. Igualmente, se fijó el objetivo de colaborar con la lucha contra la minería ilegal.

“Ese es uno de los papeles estratégicos que puede cumplir el cooperativismo con el nuevo Gobierno y, por ejemplo, podría crear grandes fondos solidarios de inversión a partir de pequeñas cuotas que nos permitan invertir en compra de tierras para crear grandes reservas naturales y protegerlas de la intención destructora de la minería –agrega–. Eso no quiere decir, sin embargo, que no apoyemos tampoco a ese sector”.

Después de 50 años, la entidad parece apenas ponerse camino a su objetivo. “El cooperativismo puede ser un gran instrumento de cambio y en ese sentido debemos perder ese temor de hablar de ideología en las cooperativas, porque además es una ideología diseñada para promover la abundancia justa, la frugalidad, la austeridad, un crecimiento a escala humana. Esa es una apuesta grande, ligada a la idea de Confiar de que, por más que hayamos avanzado en los niveles de confianza, debemos seguir conquistándola”, concluyó.