30 Agosto 2022

Fuerte turbulencia a la vista en la economía colombiana

Crédito: Yamith Mariño

"Si se logran avances significativos –por caminos distintos– en el desmonte de los grupos violentos al margen de la ley (guerrilleros, paramilitares, bandas criminales), Colombia daría un paso de enorme trascendencia. Ese progreso real sería un gran bálsamo para los males económicos y sociales del país".

Por Mauricio Rodríguez Múnera

El 2023 no pinta bien en materia económica. Estimados de fuentes serias, incluidos los del Banco de la República y del Ministerio de Hacienda, muestran un panorama con varios densos nubarrones: crecimiento económico de apenas entre el 1 % y el 2 % anual ( después de dos años creciendo al 10 % y 6 % respectivamente –por cuenta del rebote de la crisis provocada por la pandemia); el déficit fiscal –que incluyendo el subsidio a los combustibles– será del 8 % ; el déficit en cuenta corriente superará el 5 %; la relación deuda/PIB se mantendrá por encima del 60 %; la inflación excederá el 10 % ; el costo del dinero está creciendo aceleradamente (en pocos meses el Emisor tuvo que subir su tasa de intervención del 1.75  al 9 %); el motor de la economía en los años 20 y 21 fue el impresionante boom del consumo –que como bien lo muestran las cifras de Raddar, ya llegó a su fin; la inversión, que es la locomotora ideal de la economía está a media marcha por varias razones: incertidumbre sobre lo que será el gobierno Petro, la reforma tributaria que se está cocinando en estos días, las dudas sobre las futuras reformas pensional y laboral, la volatilidad de la tasa de cambio, la naturaleza y velocidad de la transición energética. 

La sumatoria de todos estos vientos en contra –impulsados además por un entorno internacional emproblemado en lo político, económico y social- aumentarán el desempleo e impedirán avances significativos en la erradicación de la pobreza extrema. El resultado final será una creciente insatisfacción social, se diluirá en buena parte la luna de miel del presidente Petro con la opinión pública.

Sin embargo, hay una iniciativa de esta nueva administración que puede y debe inyectarle optimismo al sombrío panorama del país. Me refiero a la paz total. Creo que es la idea más importante y urgente de aplicar en este cuatrienio. Sé que suena excesivamente idealista, que será una misión cuasi imposible, que las negociaciones serán muy complejas, que habrá que enfrentar numerosas barreras políticas y jurídicas. Pero si se logran avances significativos –por caminos distintos– en el desmonte de los grupos violentos al margen de la ley (guerrilleros, paramilitares, bandas criminales) Colombia daría un paso de enorme trascendencia. Ese progreso real sería un gran bálsamo para los males económicos y sociales del país. En otras palabras, creo que todo lo que se pueda lograr en materia de paz total será el aporte más valioso a la superación de las enfermedades económicas y sociales que nos aquejan.