28 Febrero 2022

Gilinski lanza tercera ronda de OPAS por Sura y Nutresa

Finalizó la segunda ronda de OPAS de Gilinski por Nutresa y Sura, con una victoria parcial para el banquero vallecaucano.

El mismo día en que se cerró el periodo de aceptaciones de la segunda tanda de ofertas, que también se pensaba sería la última, el banquero vuelve al ataque y muestra que no descansará hasta tener el control mayoritario en ambos conglomerados. Con la segunda ronda de OPAS había quedado como accionista mayoritario del Grupo Sura, pero no alcanzó el mínimo ofrecido por Nutresa.

Por: María Camila Hernández

Al cierre de la segunda ronda de OPAS de Jaime Gilinski por Sura y Nutresa, el banquero había obtenido una victoria parcial. En el caso de la OPA por Sura, había logrado un porcentaje de aceptación mayor al ofertado, lo que lo deja como el accionista mayoritario de ese conglomerado con el 31,5 por ciento de las acciones. Como se vio desde el principio, este era su objetivo principal, aunque la primera OPA haya sido por Nutresa. Según Andrés Duarte, director de renta variable de Corficolombiana, “Nutresa era el camino, no la meta”.  

En cuanto a la oferta por Nutresa, la cantidad de aceptaciones estuvo por debajo del mínimo propuesto por Gilinski. En este caso, el banquero aún podía liberar ese mínimo, para comprar lo que le quieren vender y aumentar su participación en un 3,11 por ciento. De esta manera, quedaría como segundo accionista del grupo de alimentos, por debajo del Grupo Sura. 

Como señala Duarte, con estos resultados Gilinski lograba tener un miembro patrimonial de Junta Directiva (de tres posibles), tanto en Sura como en Nutresa. En cuanto a los miembros independientes, el analista señala que, “teniendo en cuenta que votaron no vender, también habrá una lucha importante en ese frente. En Nutresa puede llegar a máximo dos miembros de junta independientes (dos de cuatro), en Sura solo uno de cuatro”.

Pero lo que sucedió unas horas después demostró que Gilinski no se conformará con una victoria incompleta. La solicitud de una tercera ronda de OPAS por parte de Gilinski, el mismo día en que se cerró la segunda, confirmó que Gilinski "es el tipo de inversionista que va por el control", en palabras de Duarte, algo que se venía diciendo desde que comenzó esta seguidilla de ofertas hostiles en noviembre de 2021.

Mientras que para Sura mantiene el precio de la segunda OPA, de 9,88 dólares por acción, para Nutresa subió la oferta de 10,48 dólares a 12,58 por acción. Hasta que la Superintendencia Financiera decida si aprueba esta nueva serie de ofertas, la negociación de las acciones de ambos conglomerados en el mercado colombiano queda suspendida. Sin embargo, lo más probable es que el tercer capítulo de la batalla entre Gilinski y el GEA ya haya comenzado.

Magnates
Jaime Gilinski, Alejandro Santo Domingo y Luis Carlos Sarmiento en una reunión de magnates en Cartagena. Crédito: Colprensa.

Un segundo round con final turbio

Si el primer episodio terminó con quejas por parte del Grupo Sura, por supuestas irregularidades en el proceso de aprobación de las OPAS, el segundo termina con acusaciones del otro bando por supuestas “maniobras sospechosas” en el mercado accionario. 

El viernes 25 de febrero, la revista Semana, propiedad de Gabriel Gilinski, denunció operaciones sospechosas con las acciones de Nutresa, en las que podría haber una venta de acciones preacordada. La denuncia se dio dos días después de que Sura rechazara, una vez más, la oferta de Gilinski por Nutresa, alegando que esta OPA desconoce el valor fundamental de la compañía paisa y su portafolio.

Citando fuentes anónimas, Semana dijo que el gerente de Nutresa, Carlos Ignacio Gallego, se había reunido recientemente con otros accionistas del conglomerado, y que habían hablado acerca de las OPAS. El propio portal afirma que se trata de una especulación de las fuentes consultadas, según la cual “es la familia Palacio vendiéndole al GEA o a relacionados”. Como si se tratara de un comunicado, la nota añade que los abogados están listos para investigar y denunciar estas operaciones sospechosas. 

La familia Palacio es accionista de Nutresa a través de sus empresas Coldeplast, Microplast y otras sociedades. Jaime Alberto Palacio Botero, gerente de esas dos empresas familiares, es miembro independiente de la Junta Directiva de Nutresa. 

Según le explicó a Cambio Diego Franco, jefe inversiones de Franco Capital Management, “la naturaleza del mercado financiero es la libre concurrencia, es decir que todo el público tenga las mismas oportunidades o, en este caso, que todo el público tenga la misma información. Cualquier pacto que no sea anunciado previamente limita la libre concurrencia y si eso se llegara a comprobar, habría una infracción al mercado financiero”. Sin embargo, Franco señala que hay que tener en cuenta quién publicó esta denuncia, el conflicto de interés que tiene Semana como medio del mismo grupo que está comprando y el sesgo que ha mostrado en las publicaciones sobre este tema.  

El domingo 27 de febrero, Sura publicó una declaración en la que afirma que las publicaciones de Semana faltan al rigor y a la verdad, minan la confianza en el mercado y buscan amedrentar a los administradores y directores del Grupo Sura. También pidió “rechazar estas dinámicas de desinformación y exigir respeto y rigor profesional en el manejo de la información”, aunque no se refirió a ninguno de los hechos puntuales de la denuncia. Semana contraatacó diciendo que el Grupo Sura “patrocina medios y premios de periodismo, pero en realidad no parece respetar la libertad de prensa en Colombia”, y ratificó sus denuncias.

¿Qué pasó en la primera ronda?

Según el Grupo Sura, la autorización de la primera OPA estaba viciada desde el principio. Todo comenzó cuando la Superintendencia de Industria y Comercio (SIC) recibió la solicitud para una operación que podría conducir a la integración del Grupo Sura y JGDB Holding SAS, la empresa creada por los Gilinski con un capital de apenas un millón de pesos, que ha sido usada como vehículo de adquisición.

La empresa de Gilinski le pidió a la Superindustria mantener la reserva de la información y del trámite. La SIC aceptó la solicitud de reserva por razones de “orden público financiero” en diciembre de 2020. Sura afirmó que esto es ilegal, pues le negó el derecho a participar en el trámite que lo afecto directamente y, sobre todo, facilitó que JGDB Holding SAS obtuviera la autorización en exclusiva impidiendo la participación de otros actores del mercado.

Otro de los argumentos que había esgrimido el Grupo Sura para pedir que se invalidara la OPA es que tampoco existía la autorización previa por parte de la Superintendencia de Salud para adquirir más del 10 por ciento de una entidad vigilada por dicha superintendencia, en este caso EPS Suramericana. Esto terminó confirmándolo la misma Supersalud en respuesta a una solicitud enviada por el gerente de la EPS Sura en la que pedía copia de la autorización. “La Superintendencia Nacional de Salud no puede emitir copia de un acto administrativo que no se ha emitido”, decía el documento, admitiendo que no existía autorización previa.

Finalmente, tanto el Sura como Nutresa registraron el cambio accionario. 

El asalto al enroque paisa

Luego de la segunda ronda de OPAS y con una nueva pelea cazada, la próxima batalla podría librarse en el plano jurídico como sucedió hace años con los mismos actores como resultado de la fusión entre el Banco de Colombia, en aquellos tiempos de los Gilinski, y el Banco Industrial Colombiano (BIC) de propiedad del entonces llamado Sindicato Antioqueño.

Ese pleito duró once años, costó millones de dólares en abogados y gastos procesales, llevó temporalmente a la detención domiciliaria del presidente y el vicepresidente ejecutivo de Bancolombia, hasta que finalmente en el año 2010 las agotadas partes firmaron un acuerdo de desistimiento de toda acción judicial. 

Según la versión pública nadie ganó ni perdió. Los medios de la época señalaron que la familia Gilinski había disminuido su patrimonio en 21 millones de dólares, a corte del año 2006. Por eso estas operaciones tienen cierto sabor de revancha.

En este nuevo capítulo, Gilinski puede cantar la victoria de habérsele colado al mítico enroque paisa, antes considerado intocable. Según Javier Mejía, profesor investigador de Stanford y PhD en economía, este es el “resultado trágico” de una generación de directivos muy bien preparados, pero desconectados de este tipo de preocupaciones, que fueron precisamente las que motivaron la creación del enroque. En un mercado sin mayor movimiento y muy poco apetito por las empresas colombianas, el GEA se confió. Era cuestión de tiempo, afirma, para que alguien viera la oportunidad. 

Gilinski la vio y aparentemente tuvo de su lado al gobierno. Supo aprovechar la influencia de su revista, las condiciones del mercado, la devaluación del peso y el hecho de que el retorno de inversión para los pequeños accionistas en la última década ha sido prácticamente nulo. Los calificados ejecutivos del Grupo Empresarial Antioqueño han hecho grandes las compañías que dirigen, pero no estaban preparados para el ataque de un magnate con una vieja herida sin sanar y las conexiones con el mercado mundial de capital.