10 Noviembre 2022

¿Por qué la fuerza de lo colectivo es necesaria ante una economía incierta?

"¿Qué puede hacer el cooperativismo colombiano para enfrentar esta situación tan adversa?", se pregunta Oswaldo Gómez, gerente corporativo de Confiar.

Por Oswaldo Gómez

La economía mundial es un círculo vicioso de inflación, devaluación, especulación, acumulación y concentración. Se está dando también un fenómeno de exclusión global con el añadido de la crisis climática. Como dice mi tía: "El mundo se divide entre los que están sufriendo y los que van a sufrir".

La guerra de Ucrania-Rusia y los impactos que genera en el aumento del precio del petróleo, del gas y de los cereales, se suma a determinación de la Reserva Federal de Estados Unidos (FED, por sus siglas en inglés) de aumentar la tasa de interés en 0,75 por ciento, para situarse entre el 3,75  y 4 por ciento. En esta decisión hay una condición estructural para explicar por qué sube el dólar en nuestro país y en el mundo. Y mientras tanto, a pesar de todo la inflación no baja, ni aquí ni allá. 

Esta situación trae una serie de consecuencias adicionales: mucha gente, no solo de Colombia, quiere aprovechar la oportunidad de monetizar sus pesos a dólares para llevarlos a inversiones a los Estados Unidos, situación que presiona el aumento del dólar, y con esto, el aumento del costo de las materias primas y alimentos importados. Esto empujó precios e inflación en Colombia, que cerró con un indicador anualizado del 12,22 por ciento al cierre del mes de octubre, sin olvidar que en alimentos, de manera persistente, la inflación ha superado el 25 por ciento.

A lo anterior hay que sumar que, como antídoto a la inflación, el Banco de la República, igual a como lo hace la FED en Estados Unidos, también ha venido aumentando la tasa de interés de referencia de captación, pasando del 4 por ciento a comienzo de año a una tasa del 11 por ciento, definida en su última reunión del mes de octubre. Lo anterior ha conllevado a una subida sistemática de la tasa de captación de los bancos (DTF al 11,93 por ciento E.A) y el consecuente aumento de las tasas interés de colocación de crédito, que en consumo ya está muy por encima del 24 por ciento E.A.

El sector cooperativo de ahorro y crédito no es ajeno a la situación comentada, que ha conllevado a un ajuste acelerado de sus tasas de interés de captación para poder mantener su participación de mercado, frente a un agresivo escenario de competencia de la banca tradicional, que de manera sorprendente está ofreciendo tasas de interés en CDT del 15 por ciento nominal a 90 días. 

Paradójicamente esto ha hecho que el panorama se haya volteado por completo: lo usual es que las tasas de interés de captación de las cooperativas sean más altas que las de los bancos, pero ahora ocurre todo lo contrario. Las cooperativas están por debajo porque es difícil competir por el impacto en la reducción del margen de intermediación y más cuando su cartera está orientada mayoritariamente al destino consumo, a plazos largos y tasas fijas. 

No está fácil el panorama, hay una crisis sistémica global, precedida por una pandemia y acelerada por la crisis climática, fenómenos que excluyen inmensas mayorías de seres humanos en todos los continentes, sumiéndolos en condiciones de vida indigna, y que además tienen hoy al frente una economía que ellos no entienden en los términos de inflación, devaluación y la amenaza de la recesión, pero que la viven a diario. Cada aguacero les deja su casa convertida en un lodazal, pierden sus enseres, cosechas y muchos llevan más de doce meses con el agua por encima del ombligo. 

¿Qué puede hacer el cooperativismo colombiano para enfrentar esta situación tan adversa? Lo primero es creer en el poder de la cooperación y la solidaridad. Juntos se puede vencer la fragilidad que reproduce el hacer individual, porque solo juntos podremos ser muestra máxima como seres humanos. En todos estos años de crisis sucesivas, incluida la pasada pandemia del covid-19, se demostró que había capacidades instaladas en la organización cooperativa, producto del poder de la asociatividad, que nos es solo el poder patrimonial representado en los aportes sociales y las reservas, sino en un modelo social y económico que acumula más que dinero, confianza y seguridad para compartir con el otro y generar dicha ajena, que es finalmente la felicidad de todos. 

No olvidemos un asunto que es fundamental en el caso cooperativo: somos contracorriente. Algo que implica ser capaces de hacer cosas distintas, no puede ser solo el recetario de las megatendencias que nos reitera a diario el mundo del capital, hechas para dar cada vez más solidez a un proyecto de humanidad que acumula para pocos. 

Insistamos en una síntesis maravillosa amasada en la experiencia de los años de hacer cooperativismo para el bien vivir. El cooperativismo es para revelar el mundo y dar cuenta de la manera en que vivimos. Si el cooperativismo es verdadero, construye y revela un mundo nuevo. Hacer buen cooperativismo es urgente en estos tiempos del cambio.