5 Abril 2022

Sobre la necesidad de reformas en materia tributaria, pensional y laboral en Colombia

Los retos de la nueva administración serán las reformas en materia tributaria, pensional y laboral, que en el pasado han generado estallido social. También la búsqueda de mayorías en el Congreso.

Crédito: Colprensa

"El mayor reto económico que enfrentarán el siguiente mandatario y su equipo de gobierno no será técnico sino político. Si logran aliviar la fuerte confrontación ideológica, si pueden reducir las enormes tensiones sociales, si son capaces de pasar las páginas –al menos algunas– de tantos enfrentamientos actuales y del pasado, Colombia podría tocar fondo e iniciar su despegue".

Por: Mauricio Rodríguez

Por Mauricio Rodríguez Múnera

Todo parece indicar que el próximo gobierno tendrá que enfrentar una situación económica, social y política muy complicada: con respecto al PIB, déficit fiscal del 7 por ciento, déficit en cuenta corriente del 5 por ciento, y volumen récord de deuda pública del 64 por ciento; inflación superior al 8 por ciento, costo del dinero al alza, 3 millones de desempleados, pobreza y miseria en los niveles más altos de los últimos 20 años; y un ambiente de polarización exacerbada por la dura división nacional que será agudizada por el apretado resultado electoral que se pronostica.

 
Es cierto que el buen crecimiento de la economía este año –superior al 5 por ciento– y los altos precios del petróleo y otras exportaciones ayudarán a que el probable escenario descrito sea un poco menos grave. Sin embargo, en todo caso, sobre el horizonte de Colombia se ciernen oscuros nubarrones.  

Para despejar el pesado ambiente, la nueva administración deberá liderar lo antes posible reformas claves en materia tributaria, pensional y laboral. Esa tarea será muy difícil porque la conformación del nuevo Congreso indica que lograr mayorías que aprueben dichas reformas exigirá una capacidad política extraordinaria ante una opinión pública visceral y un Parlamento complicado de alinear. 

Así pues, el mayor reto económico que enfrentarán el siguiente mandatario y su equipo de gobierno no será técnico sino político. Si logran aliviar la fuerte confrontación ideológica, si pueden reducir las enormes tensiones sociales, si son capaces de pasar las páginas –al menos algunas– de tantos enfrentamientos actuales y del pasado, Colombia podría tocar fondo e iniciar su despegue.

Construir esos acuerdos mínimos para poder salir adelante implica un cambio extremo en la forma de gobernar. Hay que dejar atrás el egoísmo, la falta de empatía, la arrogancia y la intolerancia que tanto daño han causado a lo largo de nuestra historia. 

Pienso que la cualidad más importante que deben tener los líderes –en todos los ámbitos, comenzando por el político– para afrontar esta compleja etapa, es la magnanimidad. El diccionario la define como la grandeza de espíritu, el desprendimiento, la generosidad, la benevolencia.

Los profesores de Harvard Martin Linsky y Ronald Heifetz recomiendan en sus estupendos libros (mi favorito es Liderazgo bajo el fuego) no confundir los problemas técnicos con los desafíos adaptativos. Para resolver los primeros hay expertos que hacen buenos diagnósticos y encuentran respuestas eficaces. Pero encarar exitosamente los segundos es más difícil porque tienen que ver con cambios culturales multifacéticos que tardan tiempo en lograrse.
   
Creo que en nuestro país abundan las soluciones técnicas –por ejemplo en materia económica tenemos a muchos hombres y mujeres que se destacan por sus conocimientos y experiencias–. Sin embargo, estamos crudos en cuanto a las indispensables transformaciones que debemos hacer en nuestras formas de pensar y de actuar para poder salir del círculo vicioso de la violencia, la corrupción y el individualismo rampante, e ingresar al círculo virtuoso de la paz, la integridad y la solidaridad.

Retomo, entonces, el concepto de la magnanimidad porque creo que solo si ese gran atributo del liderazgo se pone en práctica en los próximos años, podremos hacer los cambios de fondo que las circunstancias demandan. Me tildarán de idealista, pero francamente es la única salida que le veo al peligroso laberinto en el que estamos perdidos.