23 Marzo 2022

Cómo la pandemia cambió la educación para siempre

La educación híbrida busca combinar la presencialidad, la virtualidad y lo remoto.

"En diferentes escenarios y discusiones académicas, se corrobora que la educación híbrida es una oportunidad para el sector, para ese cambio esperado en el modelo educativo, aunque existen limitantes estructurales para que sea permanente"

Padre Harold Castilla, rector de Uniminuto

El pasado 11 de marzo de 2022 se cumplieron dos años de que la Organización Mundial de la Salud (OMS) declaró la pandemia por el coronavirus 2019 (Covid-19). Gracias a los esfuerzos del Gobierno nacional y de la población en general, hemos transitado gradualmente del pánico y la incertidumbre generada por la crisis sanitaria, con profundos impactos socioeconómicos, a un escenario de retorno progresivo a la presencialidad, y a la reactivación de la economía, en lo que muchos han llamado la “nueva normalidad”. Ahora bien, esta “nueva normalidad” se está pareciendo mucho a la “antigua normalidad”, a aquella que vivíamos antes de la llegada de la pandemia. 

Tras un periodo de confinamiento, la implementación de diferentes medidas asociadas a bioseguridad y el distanciamiento social, varias olas o picos de contagios —que trajeron enfermedad y muerte—, el plan nacional de vacunación avanzó desde hace un año para darle al país la esperanza de superar esta emergencia. A pesar de las restricciones y las dificultades de una población golpeada en su salud y sustento, muchos de los sectores siguieron activos, y la educación no fue la excepción. Transitamos de una educación remota de emergencia, y no virtual como muchos dicen, a un retorno gradual y en alternancia a la presencialidad, con aforos limitados y actividades específicas en aulas especializadas, a un pleno regreso en 2022, enmarcado en la Directiva Ministerial No 9 de 2021. Y es que llama la atención que, en estas orientaciones para la prestación del servicio público de educación superior, no se promueva de manera explícita lo aprendido en la pandemia, y todo tenga que llevarse bajo el rigor normativo, limitando la innovación curricular, pedagógica y didáctica que primó en los escenarios educativos para garantizar la continuidad en la prestación del servicio a los niños, adolescentes, jóvenes y adultos de Colombia. 

Ahora bien, surge la pregunta en el sector ¿qué aprendimos en estos dos años? Algunos autores señalan que será el inicio de un cambio o un ajuste en el paradigma educativo, y que la pandemia aceleró muchas de las tendencias que la educación ya estaba viviendo. Aprovechar las tecnologías emergentes en pro de los aprendizajes de los estudiantes y de la experiencia trascendental de estos en sus ciclos formativos, es una de esas tendencias que llegó para quedarse; la actualización permanente del talento humano para responder con pertinencia y flexibilidad a las demandas del mundo del trabajo en constante cambio exige la constante “oxigenación” del contenido curricular y la revisión de los perfiles de egreso de los programas, conectándolos permanentemente con la industria —en el sentido amplio de la palabra—, ese es otro reto al que el sector se enfrenta. A este se une uno, que busca cómo migrar de una educación masiva a una personalizada, enfocada en atender necesidades e intereses individuales y comprender ritmos de aprendizaje, con diferentes formatos y momentos, que puede apoyarse en la hibridación, para el desarrollo de competencias y habilidades propias del siglo XXI. Estos son algunos de los retos y de las tendencias que marcan el presente de la educación superior y prospectiva, y que pueden incidir en cambios superficiales o estructurales en el modelo educativo, marcado tradicionalmente por la secuencialidad del aprendizaje, el aprendizaje por contenidos, la presencialidad y la sincronía. Estas oportunidades pueden ser aprovechadas, gracias a un redimensionamiento de lo que se conocía como la educación híbrida, o mixta. Según Arias, Bergamaschi, Pérez, Vásquez y Brechner (2020), la educación híbrida combina la educación presencial y remota a través de distintos medios como plataformas de aprendizaje en línea, televisión o radio. Sin embargo, estos expertos señalan que se requiere más que solamente distribuir tareas entre una modalidad y la otra. 

Recientemente Rama (2021) define una educación híbrida permeada por los efectos de la pandemia como aquella “mediada solo por tecnologías digitales y basada en el aprovechamiento de multimodalidades. Es una enseñanza centrada en una combinatoria de modalidades virtuales de aprendizaje, tanto sincrónicas como asincrónicas. En el caso de la educación sincrónica, se manifiesta en una enseñanza sincrónica virtual, y en actividades en laboratorios digitales presenciales o en red para la adquisición de competencias. En el caso de la educación asincrónica de tipo virtual, se puede apoyar tanto en plataformas LMS, solo de uso de recursos, de actividades prácticas o incluso con presencia y trabajos de tutores como en plataformas de MOOC sin presencia tutorial” . 

Bajo el contexto actual, se ha seguido construyendo el concepto de la hibridación educativa. Esta modalidad permite combinar estratégica e intencionalmente —y con propósitos previamente definidos—, lo mejor de la presencialidad, de la virtualidad y de lo remoto, y de lo sincrónico y asincrónico, es decir, reconoce el valor de lo multimodal, a favor de las necesidades individuales, experiencias y trayectorias de aprendizaje de los estudiantes, y le imprime mayor flexibilidad, adaptabilidad y dinamismo al proceso de enseñanza-aprendizaje en un “aula o espacio académico”, ampliado, ubicuo y atemporal, fomentando la innovación en la práctica pedagógica y la didáctica, con la incorporación de metodologías de enseñanza activas, en la evaluación educativa y en el aprovechamiento de la multiplicidad de recursos y medios educativos y de la tecnología; y que lleva entonces a repensar y planificar cada asignatura, su contenido y entrega, de acuerdo con los resultados del aprendizaje esperados, para alcanzar una competencia específica, mediante un aprendizaje personalizado, profundo y significativo. 

En diferentes escenarios y discusiones académicas, se corrobora que la educación híbrida es una oportunidad para el sector, para ese cambio esperado en el modelo educativo, aunque existen limitantes estructurales para que sea permanente. Estas limitantes pasan por: a) los cambios de actitud, mentalidad y comportamiento en los actores y en la institucionalidad; b) los ajustes normativos que demanda; y c) la promoción de la digitalización en la educación mediante el diseño e implementación de políticas, programas —y asignación de recursos suficientes— de largo aliento, que sean coherentes entre las acciones de calidad y fomento, y que no privilegien al statuo quo prepandémico, sino que permitan el surgimiento de una nueva visión educativa, un paradigma que favorezca la innovación multimodal en perspectiva de un aprendizaje para todos, donde nadie se quede atrás —parafraseando al Instituto Internacional de la UNESCO para la Educación Superior en América Latina y el Caribe-IESALC—, que contribuya al cierre de brechas históricas, y que permita al estudiante de hoy y del futuro, desarrollar competencias, habilidades y conocimientos gracias a una educación transformada y permeada por la Revolución 4.0, que reconoce su pasado pero que cambia como lo hace el mundo.

Esta crisis fue un impulso, pero también un llamado de atención a un sector que no respondía con contundencia a un mundo más globalizado e inmerso en la digitalidad, como otros ya lo venían haciendo. El cambio empezó con la generación de conciencia frente a la evidente necesidad de transformar la educación superior, y a las instituciones que la ofrecen, reconociendo la capacidad de adaptarse frente a la adversidad, y de responder con calidad y responsabilidad a la sociedad que sirve; lo que realmente preocupa, es que esos aprendizajes se pierdan, por intentar volver al mundo que conocíamos antes de la pandemia, por simple inercia.