16 Marzo 2022

¿Qué está pasando en los colegios después de la pandemia?

Hoy, más que nunca, un modelo de educación tradicional se ha visto fuertemente cuestionado.

Crédito: Reuters

De todos los estragos de esta pandemia, económicos y sociales, incluso políticos, no nos hemos ocupado demasiado de sus secuelas en la educación. Aquí tres puntos para iniciar un debate nacional.

Por Santiago Espinosa

“Los niños no se miran a los ojos”. Esto me dijo una profesora del preescolar. “Están felices de volver a los colegios. Aquí están sus amigos y el jardín. Aquí están sus profesores. Pero han perdido un poco esa capacidad de interactuar. Es lo que más me preocupa de esta pandemia”.

Parece el inicio de una película de terror. Después de casi dos años de confinamiento la inmediatez de la tecnología parece ser la misma de los niños. Les cuesta socializar y escuchar. Como si todo estuviera a un clic de distancia. La situación emocional es preocupante en muchos de ellos: ansiedad y depresión. Cero tolerancia a la frustración.

Desde hace 12 años trabajo como profesor en un campus muy verde. Fue lo que más extrañé en las clases virtuales. Cuando iniciamos el regreso a la presencialidad me impresionó que en los descansos algunos estudiantes permanecieran en las aulas. Como seres hechizados por sus celulares. O unos náufragos aferrados al último enchufe del edificio.

Me impresionó que en los descansos algunos estudiantes permanecieran en las aulas. Como seres hechizados por sus celulares.

No voy a satanizar las nuevas tecnologías. Allí están los futuros trabajos de mis estudiantes, algunas de sus relaciones esenciales. Los expertos hablan de una identidad digital. Gracias a plataformas como Zoom, o Google Meet, los colegios pudieron ofrecer una educación a distancia. Y descubrimos aplicaciones deslumbrantes. Y aprendimos el arte de unas clases mucho más personalizadas. Pero el propósito de la educación va mucho más lejos.

Que los niños no se miren como antes supone un reto educativo de proporciones enormes. De esto depende la curiosidad investigativa. Y lo que es aún más importante, de esto depende la ética y la posibilidad de vivir o trabajar junto a los otros. Cualquier democracia estaría en riesgo. Lo que hace niños a los niños es su curiosidad impertinente, ese deseo de mirar, incluso más de lo que deben. La poesía es la mirada de esos niños —recordemos la fábula del emperador — frente a los cuales siempre parece que estamos desnudos.

Quise mirar la perspectiva de distintos colegios. Hablé con profesores y rectores, para entender unas preocupaciones compartidas. Me preocupaba especialmente la situación de los colegios oficiales, en los que un porcentaje tan alto de sus estudiantes no pudo conectarse a las clases virtuales. 

Un país desigual aumentó aún más sus brechas en materia de educación

Nunca olvidaremos la semana en que se ordenó el confinamiento. Los maestros tuvimos que prepararnos en las nuevas plataformas, a una velocidad inquietante. Los retos fueron especialmente duros para los profesores del preescolar. Los padres de familia estaban en las casas, observándolos. Las pantallas debían ser apagadas algunas veces, para mejorar la conexión. Después tuvimos que aprender a dictar nuestras clases de manera híbrida, con estudiantes presenciales y virtuales al mismo tiempo, para permitir los aforos. Era lo más parecido a manejar una nave de Star Trek. En las pantallas los niños preguntaban por la actividad, algo aburridos en sus casas. Los niños que regresaban comenzaban a impacientarse en los pupitres.

Pero aun siendo esto tan retador, no se compara con la situación de los colegios públicos, que no contaron con las mismas herramientas ni la misma conectividad, tampoco con los programas de formación de docentes que nos prepararon a nosotros. “El 66 por ciento de los estudiantes de colegios oficiales en 2020 no tenía conectividad y el avance en estos dos años es muy reducido”, sostiene Julián de Zubiría, director del Instituto Alberto Merani, “algunas ciudades como Bogotá y Medellín avanzaron bastante. Sin embargo, a nivel rural, tan solo el 17 por ciento logró conectividad año y medio después”.

“El 66 por ciento de los estudiantes de colegios oficiales en 2020 no tenía conectividad y el avance en estos dos años es muy reducido”

Las cifras que plantea De Zubiría son alarmantes. Mientras los colegios privados de Bogotá y de Medellín tuvieron las mismas condiciones del primer mundo, para millones de estudiantes del país la pandemia fue la realización de unas guías interminables, sin el acompañamiento o la retroalimentación adecuados. Y profesores enviando esas guías por WhatsApp. O resolviendo dudas a medianoche, en los espacios en que el estudiante podía usar el celular con el que trabajaba la mamá.

Los padres terminaron convertidos en maestros, incluso lo que no pudieron estudiar en el colegio. A veces lo que ocurrió fue la desescolarización absoluta.

“El primer reto para los colegios ha sido regresar a la presencialidad en condiciones seguras, sabemos que muchos colegios no pudieron abrir de manera plena, por no tener las condiciones de distanciamiento requeridas”, afirma el rector del Gimnasio Moderno Víctor Alberto Gómez; “un segundo reto es que los estudios demuestran, en casi todas las escuelas del mundo, que hay un retraso importante en el aprendizaje, debido al encierro prolongado y a un paso abrupto a la modalidad remota”. Hay competencias y habilidades que no se cumplieron. Se perdieron hábitos de estudio fundamentales, desde niños que no sabían cómo coger un lápiz hasta estudiantes de once con periodos de atención de un minuto y medio. Ni hablar de las habilidades comunicativas, que presentan niveles preocupantes. Las generaciones del covid-19 podrían caracterizarse por personas que no pueden sacar conclusiones propias de un texto que leen, o que les cuesta organizar sus ideas en una secuencia lógica.

Las generaciones del covid -19 podrían caracterizarse porque no pueden sacar conclusiones propias de un texto, o porque les cuesta organizar sus ideas en una secuencia lógica.

En todo el mundo se abrieron brechas en el rendimiento de los estudiantes, incluso en un mismo salón de clases, en el caso colombiano las diferencias entre la educación privada y la educación pública se han vuelto más grandes que nunca. Es como hablar de dos mundos. El escándalo de Karen Abudinen y los Centros poblados se concentró en los recursos, pero no en la situación de esos millones niños que no pudieron conectarse, y que tendrán que recuperar el tiempo perdido.

“Los chicos vienen en una especie de ensimismamiento, esto no nos ayuda para construir colectivamente el conocimiento”, me dice María Alejandra Escobar, maestra de primaria en la Institución pública el Bosque, de Soacha. “Esta exagerada inmediatez de las pantallas ha posibilitado muchas cosas, pero cualquier actividad que requiera la atención de los estudiantes por mas de diez minutos les genera tedio. Casi que termina uno haciendo 'fast-food' en el salón, para que ellos puedan acceder”.

La pandemia ha despertado en los colegios una crisis emocional

Todos los colegios con los que hablé, sin importar sus diferencias, coindicen en un punto: su máxima preocupación es la situación emocional de los estudiantes. “El desafío más grande fue identificar las variables que afectan a los estudiantes en el contexto emocional, durante y después de la pandemia”, sostiene Ana Belén Gil, rectora del Colegio Santander de Tunja. Las brechas académicas pueden remediarse, pero las cifras de depresión y de ansiedad están desbordando a los colegios, también los indicadores del maltrato o el acoso familiar. “La mayoría de los jóvenes en el país ha perdido la esperanza y los agobia la tristeza, el miedo, la angustia. El pesimismo se ha generalizado y los jóvenes sienten que no tienen futuro”, apunta De Zubiría, “por eso es que necesitamos cuidar de sus emociones”

“La mayoría de los jóvenes en el país ha perdido la esperanza y los agobia la tristeza, el miedo, la angustia".

Es como si toda la pandemia, con sus duelos y sus renuncias, se hubiera descargado en estos niños y adolescentes. El grado que no fue, la excursión perdida. La imposibilidad de jugar fútbol con sus amigos. Muchos adolescentes conocieron a su primera pareja por una aplicación. Otros la perdieron por los mismos confinamientos. También estuvo el duelo de los parientes fallecidos con el virus. Las dificultades económicas, que en los barrios populares encontraron su imagen emblemática en los trapos rojos.

De un momento a otro las relaciones se contrajeron a su espacio familiar. Natalia Ginzburg, la gran ensayista italiana, les recomendaba a los padres de familia: “Para un niño, la escuela debería ser desde el principio la primera batalla que debe enfrentar solo, sin nosotros”. En los colegios los estudiantes son quienes son. Allí desarrollan su identidad y sus relaciones, sus gustos personales. Y de un momento a otro esto se canceló o quedó en suspenso. Nadie podrá devolverles a esos jóvenes esta etapa de su formación. Aunque hayan vivido en dos años lo que una persona de otra generación en más de ochenta.

“El principal desafío es la resocialización de los estudiantes y lo que eso implica”, señala Marcela Junguito, rectora del New Cambrige School de Bucaramanga, “…aprender de nuevo a convivir, a resolver conflictos, a regular sus emociones”. En este trabajo Junguito menciona “la ansiedad” de los padres de familia, que parecen vivir en la misma inmediatez de sus hijos. Nunca antes los maestros, y los directivos, se habían sentido tan presionados por las familias que aprovechando la flexibilidad de lo virtual, parecieran exigir un colegio a la carta, hecho a la medida de sus necesidades y preocupaciones.

Hay colegios que han hecho un esfuerzo por pensar estos temas juntos. La red de colegios Ashoka es un buen ejemplo. Los siete colegios de la red comparten mensualmente sus experiencias de éxito. Cada reunión es una reflexión sobre el papel de la escuela en este contexto. “Hay dos grandes retos”, afirma la rectora de Las Pachas María del Rosario Concha: “Pasar del individualismo a un sentido de comunidad, de el mundo soy yo, a el mundo también son los otros. Lo segundo es recuperar la confianza y la esperanza, tanto en los estudiantes como en los profesores y los padres de familia”.

"Lo segundo es recuperar la confianza y la esperanza, tanto en los estudiantes como en los profesores y los padres de familia".

Carlos Eduardo Galán, rector del colegio público Aquileo Parra, también llama la atención sobre la importancia de trabajar más intensamente en el apoyo a los estudiantes. Especialmente frente a temas sensibles como la prevención y la atención a las adicciones. La pandemia ha hecho que muchos jóvenes se vuelvan dependientes de distintas sustancias. También le preocupa a Galán la adicción a los juegos virtuales. Aunque ofrecen muchas posibilidades, incluso educativas como la gamificación, hay casos en que están afectando los hábitos de los jóvenes, al punto en que a veces no duermen por estar jugando. Otros colegios mencionan la adicción de sus estudiantes a la pornografía, especialmente en el bachillerato.

Más que nunca un modelo de educación tradicional se ha visto fuertemente cuestionado. Una educación que no nos enseñe a vivir en el mundo no es propiamente una buena educación. Esto también habla de la ventaja de los colegios presenciales frente a los colegios a distancia o Homeschooling, hoy tan de moda por sus bajos costos.

La ausencia de un debate nacional

Estudiantes que no se miran a los ojos, hay una crisis emocional en los colegios. Brechas enormes en el desempeño, de pronto las más grandes en la historia reciente del país: debemos estar atentos a los resultados del Día de la Excelencia Académica (Día E), para sacar nuestras propias conclusiones. Algunos expertos hablan de uno o dos años, para recuperar el nivel que se tenía en 2019.

Sorprende que ninguno de estos temas ha hecho parte del debate político, de pronto por la exasperante superficialidad en que se han dado estas campañas electorales. Como algunos de nuestros estudiantes, los candidatos parecen adictos a la inmediatez de las nuevas aplicaciones. Y están como hechizados por las redes y el TikTok. Algunos hablan de “más educación” —¿quién no lo haría? —, pero con muy contadas excepciones ninguno de ellos se ha ocupado de este tema en su complejidad.

Quizás es la oportunidad de un verdadero dialogo nacional en materia de educación. Habría que recordar que las democracias, más que en las elecciones que ocurren cada cuatro años, se juegan su destino en las instituciones educativas. Es en ellas donde descubrimos que los seres humanos, a veces crueles y advenedizos, también nos debemos a los otros. Que el conocimiento nos hace libres, pero también más solidarios y sensibles.