10 Diciembre 2022

Chocó, explosión de talento para enfrentar la violencia

Crédito: Cristian Leguizamón

Líderes sociales del departamento realizan una labor ejemplar para brindarles nuevas oportunidades a los niños y jóvenes, y alejarlos de las garras de las organizaciones criminales. Estas son algunas de sus historias.

Por las calles de algunos de los barrios más peligrosos de Quibdó se ven niños y jóvenes que tratan de hacerles el quite a la pobreza y la desesperanza. Son miles de muchachos que habitan en una de las capitales del país con mayores carencias, pero que sueñan con un futuro mejor.

Algunos lo están logrando gracias al trabajo solitario y casi desconocido de líderes de la región y de organizaciones sin ánimo de lucro, que a pesar de tener todo en contra se la juegan día a día para brindarles nuevas oportunidades de vida a los niños y adolescentes, más allá de la delincuencia y la violencia.

La situación de inseguridad en el departamento se complica cada día. En los últimos seis años han sido asesinados más de 600 jóvenes en Quibdó, producto de la violencia de organizaciones criminales como las Águilas Negras, Los Mexicanos, el Clan del Golfo, el ELN y las bandas de delincuencia común, que han convertido a los muchachos en carne de cañón y que siembran el terror con vacunas a los comerciantes y con control territorial de calles y barrios. En 2021 habrían sido asesinados 200 jóvenes en esta capital, lo que muestra la crítica situación social.

Por eso es muy valeroso el trabajo de los líderes locales que con las uñas y sin casi apoyo económico, lo arriesgan todo en un departamento que tiene muy pocas fuentes de empleo, lo que ha llevado a que la tasa de desocupación sea la más alta del país, 24,4 %, según el Dane, más del doble que la tasa nacional, que bajó a 9,7 %. En el caso de los jóvenes del Chocó el desempleo supera el 40 %.

En medio de este panorama, CAMBIO encontró historias de resiliencia y fortaleza. Desde fundaciones que apoyan las habilidades artísticas de los muchachos como Talentos de Corazón, Black Boys, Jóvenes Creadores del Chocó, Detonante, o los que impulsan la educación como Chocó Joven y el Centro Educativo Pacífico (Cepa). 

Más allá de ChocQuibTown, la famosa agrupación musical que ha ganado varios premios internacionales, en Chocó hay una explosión de talento que merece ser conocida por el país.

También están los que demuestran que el departamento no es blanco y negro, es diverso, con bellos paisajes, ríos caudalosos y gente que enfrenta las adversidades. Ese es el trabajo que realiza Andrés Mauricio Mosquera, conocido como Waosolo, quien creó una página web que terminó convertida en la fundación Enamórate del Chocó en la que retrata los contrastes de su región. 

Estos son algunos de los muchos ejemplos de liderazgo que hay en Quibdó:

El sonido de Alex Noha y sus Talentos de Corazón

Con unos baldes, tubos y elementos reciclados que compró en una chatarrería Alex Noha Arce, un cantante y compositor chocoano, armó su primer grupo musical integrado por niños y jóvenes de barrios marginados de Quibdó. La idea de crear la fundación Talentos de Corazón surgió cuando un día pasaba por una calle y vio un grupo de niños jugando dominó y billar en un negocio que quedaba escondido, en el que vendían licor.

“Esa situación me hizo reflexionar sobre la suerte de los niños que viven en barrios peligrosos y muchos terminan presos o muertos porque toman malos caminos porque no tienen otras opciones ni alternativas de vida”, dice Noha, quien afirma que, en medio de todas las necesidades del departamento, la pobreza, el olvido estatal, la falta de participación ciudadana, una de las maneras que tiene la gente de expresarse es a través de la cultura, de la música, de la danza.

Hace más de diez años dio ese primer paso y comenzó a crear diversos grupos musicales para mostrar los talentos que hay en todas partes, pero que son invisibles ante la sociedad. Comenzó a hacer coreografías y composiciones de chirimías, música tradicional del Chocó junto con su hijo, Axel Marc, quien también es cantante.

Este gestor cultural y social, que es conocido y estimado en Quibdó, donde se mueve como pez en el agua, hace música desde los 13 años y logró que el sector privado se interese por esta iniciativa. Ese es el caso de la fundación Incolmotos Yamaha, que lo vinculó como docente con un plan de becas e hizo una donación de flautas.
 
“El cambio en los niños fue notorio porque se volvieron mejores estudiantes, mejores personas y muchos de ellos asumen un liderazgo”, sostiene Noha, quien dio el siguiente paso al organizar un estudio de grabación para que cerca de 70 niños tengan un sitio donde desarrollar sus talentos. “Queremos crecer y aportar nuestro grano de arena a la paz, a la reconciliación, a la sociedad y mostrar el potencial de muchos talentos que han sido vulnerados o marginados”.

Pero se necesitan patrocinadores y más apoyo para promocionar este talento emergente que puede mostrar la otra cara del Chocó, la cara joven, de muchachos que irradian talento.

Jóvenes Chocó
El líder social Alex Noha (a la derecha) creó la fundación Talentos de Corazón para ayudar a los niños y adolescentes de Quibdó.
Foto: Cristian Leguizamón

El buen ritmo de los Black Boys Chocó

Jhonatan Martínez es un sobreviviente. No solo porque se ha movido en un ambiente complicado en los barrios marginados de Quibdó, como el 2 de mayo en El Reposo, conformado por familias desplazadas tras la masacre de Bojayá, sino porque en 2018 participó en una película de un director local que se llamaba Ejércitos sin esperanza y desafortunadamente sufrió dos impactos de bala en una de sus piernas. Un escolta de la Unidad Nacional de Protección que no sabía de la filmación de la película, lo confundió con un delincuente.

Tras ese trágico episodio logró conseguir algunos recursos no solo para su operación, sino para una sede en su barrio que les permitió a los muchachos aprender y practicar diferentes bailes, entre ellos salsa choque y champeta y ritmos urbanos. También les dictan talleres de robótica, liderazgo y organizan actividades culturales y familiares.

Este líder social, a quien le dicen Bon Ice, lleva trabajando por los jóvenes de su departamento más de diez años con el fin de brindarles nuevas oportunidades y librarlos de las malas influencias. Conformó un grupo de baile que se llama los Black Boys Chocó (muchachos negros del Chocó) y actualmente trabaja con cerca de 270 jóvenes de la capital y de municipios como Itsmina, Tadó, Bojayá y hasta de Medellín. Desarrolla la labor gracias al apoyo brindado por organizaciones como USAID, la agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional y Acdi Voca, una organización no gubernamental norteamericana que promueve la inclusión social.

“Queremos que un joven empodere a otro y no que se maten entre ellos como está ocurriendo actualmente cuando vemos caer a tantos muchachos, dos de ellos de Black Boys que fueron asesinados”, dice Jhonatan, quien afirma que, por las fronteras invisibles y la presión de los grupos armados, después de las seis de la tarde, Quibdó parece una ciudad fantasma. Pero no se amedrenta, y, gracias a su labor, trata de arrebatarle a la muerte tantas vidas de niños y adolescentes que encuentran una salida en el baile, la música y las actividades artísticas.

Jóvenes Chocó
Jhonatan Martínez (centro) conformó un grupo de baile con jóvenes de Quibdó que se llama Black Boys Chocó.  
Foto: Cristian Leguizamón

Un Detonante de energía

Después de dos años de haber sido suspendido por la pandemia, este año volvió con todos sus fueros el festival Detonante, en Quibdó, que le rindió un homenaje al río Atrato y que reunió durante tres días todo el talento de los jóvenes chocoanos. 

“Este fue un ejercicio ciudadano donde la gente que está secuestrada en sus barrios por las disputas territoriales y las fronteras invisibles acudió de forma masiva para reclamar el espacio público a través de la cultura”, dice María López, cofundadora de Detonante, una plataforma de transformación e innovación social. Durante tres días del evento se activaron 130 colectivos culturales, asistieron cantaoras del Pacífico que con sus arrullos y alabaos hicieron un proceso de sanación y de resistencia ante la violencia que ha cobrado la vida de cientos de jóvenes de ese departamento en los últimos años.  

Si bien el festival es uno de los hechos más destacados, la labor que desarrolla Detonante en la región es más profunda. Busca por medio de diversas actividades cambiar la narrativa de violencia y exclusión de una región olvidada con la que el país tiene una deuda histórica. 

Para ello, trabajan en cuatro líneas estratégicas con aliados locales y nacionales como el Sena. Entre ellas están una escuela de liderazgo y procesos de gestión cultural y de entrenamiento a los jóvenes en destrezas digitales y en resolución de conflictos; una línea estratégica que promueve el emprendimiento para que los jóvenes puedan tener algún ingreso; promueven la sostenibilidad y la conciencia sobre la protección del medio ambiente y realizan actividades culturales.

“Si transformamos el Chocó podemos mover positivamente todos los indicadores sociales del país porque en este departamento están los mayores niveles de pobreza, desempleo y violencia”, dice María López, quien considera que los principales problemas que deben ser resueltos por los tomadores de decisiones son la inseguridad y una mayor conectividad física y digital para fomentar la llegada de inversiones y la creación de empleo. 

La educación es la clave

Delfino Murillo, director de Chocó Joven, y Luis Fernando Moreno del Centro Educativo Pacífico (Cepa), son dos líderes que trabajan por la educación y el empoderamiento de los jóvenes de Quibdó. Chocó Joven es una de las entidades pioneras que nació hace más de 20 años y se ha convertido en un semillero del que han surgido otras organizaciones que siguen su ejemplo.

Murillo dice que van a colegios y realizan talleres, conferencias y conversatorios en los que se discuten temas relacionados con la salud mental, la violencia, el matoneo, la participación ciudadana, al tiempo que brindan herramientas complementarias a los conocimientos que se adquieren en las instituciones educativas. “Las familias y los centros de educación son aliados fundamentales para mejorar las condiciones de vida de los jóvenes y evitar la desintegración social”, dice.

Jóvenes Chocó
Los jóvenes del Chocó buscan un futuro mejor y quieren alejar la violencia
Foto: Cristian Leguizamón

Cepa, por su parte, se enfoca en tres aspectos: participación, liderazgo y toma de decisiones. Para ello se creó un centro educativo y el Instituto Politécnico Cepa, con el fin de propiciar una educación integral. “Veíamos que la educación y la formación de los jóvenes era deficiente, por eso buscamos alternativas que les permitieran estudiar, pero también fomentar la cultura, el amor por la música y el teatro y que los niños pudieran aprender inglés.  

“Cuando se dice que en Chocó no hay oportunidades es porque falta una adecuada educación. Ese tema es fundamental si queremos salir de la pobreza, generar empleo y brindarles nuevas oportunidades a nuestros jóvenes”, afirma Moreno, quien se lamenta de que no reciban apoyo local ni estatal para sacar adelante más de 500 niños y adolescentes.

La educación es básica también para que los chocoanos elijan mejores gobernantes. Por eso, es de destacar la labor de estos líderes sociales que hacen mucho más por los jóvenes que muchas otras entidades.

La serie periodística “La Fuerza de las Regiones” de CAMBIO Colombia es apoyada por Grupo SURA, que cree que un desarrollo armónico es posible con una gestión integrada y balanceada de los capitales económico, social, humano y natural.