En el territorio del pueblo wayuu

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La Guajira es un departamento de grandes contrastes, con yacimientos mineros y un enorme potencial energético, pero con la mayor pobreza del país.

La Guajira es un departamento muy particular, con grandes diferencias y contrastes económicos, sociales y políticos en sus 14 municipios y en Riohacha, su capital. Por un lado, están las explotaciones mineras, como Cerrejón y los yacimientos de gas natural. Pero en la otra cara de la moneda está la difícil situación de sus habitantes, especialmente de las comunidades wayuu.

El departamento tiene la mayor población indígena del país. Alrededor de 400.000 personas de esta etnia, cerca del 40% del total de su población, están dispersas en un amplio territorio y habitan los municipios de la Alta Guajira entre los que se encuentran, Maicao, Uribia y Manaure, que son terrenos áridos y desérticos, en los que soplan fuertes vientos y el sol es inclemente, con temperaturas entre 35 y 40 grados, que podrían aumentar por el impacto del cambio climático.

Una de las actividades de las comunidades indígenas es el pastoreo de cabras, que se ha convertido en su principal fuente de sustento, mientras que sus mujeres son reconocidas por los tejidos de vistosos colores, sus mantas y mochilas, conocidas en Colombia y el exterior.

Actualmente, el departamento está en el radar del país porque será el nuevo centro energético de Colombia, ante el desarrollo de 65 proyectos de energía eólica y 12 parques solares que se instalarán en su territorio al 2030 (ver artículo La nueva potencia energética de Colombia).

En La Guajira está la mayor mina a cielo abierto de América Latina, Cerrejón, cuya producción de carbón al año asciende a 23 millones de toneladas.  Adicionalmente, tiene yacimientos gasíferos en los campos de Chuchupa y Ballenas, que están declinando. Pero se esperan nuevos hallazgos, especialmente off shore (mar afuera). Otra fuente de ingresos es la explotación de sal en Manaure que no ha sido tecnificada ni modernizada y que requiere un mayor trabajo para su comercialización.

Pero, en el otro lado, están sus problemas económicos y sociales. La Guajira tiene el mayor nivel de pobreza del país, con 67,4 %, por encima del Chocó. Es decir, que de cada 100 habitantes cerca de 70 son pobres. Más de la mitad de los hogares en el departamento están a cargo de una mujer y tiene un alto porcentaje de jóvenes, 42,5 %, con edades de cero a 19 años, razón por la cual deben reforzarse temas como la educación, nutrición y espacios deportivos.

Infografía Guajira

Además, es uno de los más rezagados en el acceso a los servicios públicos. La cobertura del acueducto llega al 46,6 % siendo más crítica la situación en las zonas rurales donde alcanza el 26 % y en algunas zonas solo llega al 4 %. Los guajiros viven con sed permanente. A la falta de agua potable se suma la baja cobertura en salud, especialmente en las comunidades étnicas, lo que incide en las altas tasas de mortalidad en la población infantil y de desnutrición, situación que llevó a la Corte Constitucional a declarar el “estado de cosas inconstitucional”. En educación también hay bajas coberturas, especialmente en la superior, del 25%, menos de la mitad del promedio nacional.

La cobertura en salud depende en un 83 % del régimen subsidiado, dejando por fuera a un alto porcentaje de la población sin acceso a los servicios. Los centros de salud son insuficientes, especialmente en las comunidades indígenas.

Weildler Guerra, antropólogo wayuu, experto en estudios del Caribe, dice que la pobreza es resultado de las relaciones desiguales de poder, del abandono estatal y el hecho de que al departamento se le ve como un reservorio extractivo, olvidado que es el primer productor de ganado ovino y caprino y tiene otros recursos y sectores que se deben dinamizar. La pobreza también es resultado de la falta de instituciones fuertes y la corrupción política. “La Guajira sí tiene recursos, pero no llegan a todos sus habitantes. La clase política está manejada por empresas electorales que van tras la captura de la renta pública”, afirma.

Sí hay oportunidades

Como el departamento tiene pocos sectores productivos, aparte de la minería y el gas, la informalidad también es elevada, del 64 %. Por ello, es necesario fomentar otras fuentes de ingresos como el turismo, que ha ido creciendo en número de establecimientos de hospedaje, operadores y turistas. El año pasado visitaron el departamento 95.000 turistas, la mayoría nacionales, que recorren sitios como el Cabo de la Vela y Palomino, uno de los preferidos por los viajeros internacionales.

Sin embargo, debe hacer mayores esfuerzos para promocionar el departamento y solucionar temas complejos como la inseguridad en varias zonas apartadas, mejorar la infraestructura vial que está en malas condiciones, aumentar la oferta y calidad de los hospedajes y trabajar con agencias de viaje y aerolíneas para que los paquetes turísticos sean competitivos ya que sale más caro viajar a esta región del país que a otra por el elevado costo de los tiquetes aéreos.

También hay oportunidades en el sector portuario. En el departamento están Puerto Bolívar y Puerto Brisa, por los que se exporta el carbón hacia el exterior, pero se deberían convertir en grandes zonas logísticas por las que pueden entrar y salir toda clase de mercancías, como en otros terminales del Caribe. La apertura de puertas con Venezuela traerá la reactivación del comercio, un hecho del que se puede beneficiar La Guajira, que comparte una amplia frontera con el vecino país. 

Para explorar las oportunidades de desarrollo del departamento, la Asociación Nacional de Empresarios (Andi) impulsó la creación de “Mesa Más La Guajira” iniciativa que busca fomentar alianzas y compromisos entre gobierno, empresas, comunidades e instituciones. De esta “Mesa Más La Guajira” hacen parte diez empresas, entre ellas Cerrejón, Ecopetrol, Grupo Energía Bogotá, Grupo EPM, ISA, Promigas, TGI, Celsia, Intercolombia y AES. 

Wayúu
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Su gerente, Luis Baquero, le dijo a CAMBIO que hay oportunidades grandes para las inversiones del sector privado, pero también para que las comunidades puedan progresar y desarrollarse. “Debe ser un gana-gana”, asegura Baquero, quien dice que nunca La Guajira había tenido tantas empresas reunidas en su territorio, a las que se sumarán las que vienen con los proyectos de renovables no convencionales.

“Mesa Más La Guajira” trabaja en temas relacionados con el acceso al agua potable, biodiversidad y desarrollo, energía, infraestructura y sostenibilidad. Como el departamento es uno de los más vulnerables al cambio climático firmó un acuerdo de Biodiversidad y Desarrollo, “Conexión La Guajira”, para conectar los ecosistemas del Caribe y el departamento, trabaja en un acuerdo colaborativo con Corpoguajira y alianzas con el Ideam, el Instituto Humboldt, Parques Nacionales, entre otros, para la preservación del medio ambiente y para diseñar portafolio de inversiones para que las empresas realicen sus planes de compensación.  

Fortalecer la institucionalidad

Estas y muchas más iniciativas que ayudan a mejorar la calidad de vida de los guajiros podrían salir adelante si hay una institucionalidad fuerte y una clase política comprometida verdaderamente con las comunidades y no con sus intereses personales.

Desafortunadamente el departamento tiene graves problemas de gobernabilidad. En los últimos diez años ha tenido 12 gobernadores, varios de los cuales han sido destituidos por problemas de corrupción y hasta por cargos de homicidio. Para el exministro de Minas y Energía, Amylkar Acosta, esta situación es dramática ya que deja el departamento a la deriva nuevamente y no hay continuidad en las políticas, en las ejecutorias ni en las obras que tanto requieren los guajiros, y se pierden millonarios recursos en corrupción mientras los niños de las comunidades indígenas sufren problemas de desnutrición.

Sin embargo, el sector privado no se rinde y trabaja en el fortalecimiento institucional, uno de los grandes desafíos. Luis Baquero, gerente de “Mesa Más La Guajira”, dice que “este tema debe mirarse con una visión más amplia, incluyendo la planificación del territorio, un mayor seguimiento al cumplimiento de las metas, el empoderamiento de los ciudadanos para que se conviertan en veedores y protectores del patrimonio público, la elaboración de presupuestos participativos para que las comunidades sean garantes del desarrollo de los territorios y una contratación más transparente”.

Como dijo un vocero de una compañía entrevistada por CAMBIO: “En La Guajira está todo por hacer”. Ojalá que esta vez sí haya voluntad política, un verdadero compromiso del gobierno y el apoyo del sector privado.

La serie periodística “La Fuerza de las Regiones” de Cambio Colombia es apoyada por Grupo SURA, que cree que un desarrollo armónico es posible con una gestión integrada y balanceada de los capitales económico, social, humano y natural.