18 Marzo 2022

La euforia y el bajón: el consumo de tusi alterado en Colombia

El consumo de Tusi se está popularizando por la caída en su precio y sus efectos más duraderos. Sin embargo, los peligros son muchos, principalmente por la incertidumbre frente a las sustancias que lo componen.

Crédito: Wil Huertas

Con la reapertura de la fiesta volvió el consumo de sustancias psicoactivas y el tusi está siendo uno de los reyes en ese contexto. El bajón en calidad trajo un bajón en precios que acercó esta sustancia a un público mucho más amplio, que está saliendo del encierro de la pandemia a experimentar. Aquí les compartimos la Biblia del tusi.

Por: Maria F. Fitzgerald

Para Camilo* consumir tusi es un subidón: “A mí no me gusta mucho tomar, porque así no puedo conducir, me da guayabo y hago muchas estupideces. En cambio con esto me he llegado a desdoblar. A verme a mí mismo desde arriba. Es una experiencia increíble”.  

Para Jimena* es una forma de controlar la borrachera. Es un vacío en el estómago, que la carga de euforia y la llena de energía. Es similar a lo que le causa el perico: “Pero tiene un factor más divertido. Me causa mucha alegría y emoción en el momento”. 

Para Felipe* también es la euforia, una alegría momentánea. Le ayuda a controlar los tragos y sobrellevar la rutina que le implica tener dos trabajos, uno de ellos en un bar. 

Para David* el primer efecto no fue tan claro, pero con el tiempo y con el consumo usual empezó a sentir la euforia y la felicidad: “Es una sustancia bastante interesante. Me causa demasiada felicidad”. 

Pero si en algo coinciden también los cuatro es en el bajonazo tan fuerte que viene una vez los efectos se desvanecen. La depresión, la falta de energía, el cansancio, la ansiedad. Son efectos que también duran mucho rato y terminan sumergiéndolos. Pese a que estos estados suelen ser usuales tras el consumo de estimulantes, esta droga parece exacerbarlos. Las recetas alteradas, la baja calidad en los componentes y la incertidumbre frente a su preparación son algunos de los factores que llevan a que, actualmente, consumir tusi en Colombia sea profundamente riesgoso

El tusi se ha popularizado en los últimos años en Colombia. Este polvo, que normalmente tiene un color rosado intenso, es un preparado de diferentes sustancias sintéticas que terminan creando una receta impredecible. En su forma pura el 2C-B pertenece a la familia de las feniletilaminas, muy similar a las anfetaminas, que tiene un efecto psicodélico. Drogas como el MDMA (o éxtasis) y el LSD también hacen parte de esta familia y por lo mismo sus efectos son similares. Sin embargo, el tusi se ha popularizado tanto porque debido a las sustancias con las que lo mezclan, sus efectos son más fuertes y duraderos. 

En principio, el tusi fue la droga de la farándula. Recientemente el caso de Mara Cifuentes volvió a poner en la prensa el consumo de este polvo. Sin embargo, desde hace mucho tiempo se ha promovido como la droga de los famosos. 

Modelos, actores y actrices solían consumirla en fiestas privadas y hacerlo era símbolo de estatus alrededor del año 2012. Su color llamativo y nuevos efectos la empezaron a popularizar rápidamente, pero en un grupo muy exclusivo. Y es que no era gratuito: cada gramo podía costar entre 150 y 200.000 pesos, lo cual la hacía exclusiva para cierto grupo socioeconómico. Pero con el tiempo esa droga, que empezó siendo aspiracional, alcanzó nuevos mercados gracias a que comenzaron a mezclarla con otros componentes como MDMA, Ketamina (un anestésico potente para el sistema nervioso) y con cafeína. 

Con las mezclas, la calidad decayó alarmantemente y así mismo decayó su precio. Actualmente, un gramo largo de perico puede costar entre 30 y 50.000 pesos, dependiendo de su calidad. Pero sus efectos son diferentes y muchas veces de menor duración que los del tusi. En cambio, el gramo del polvo rosado, hoy en día, puede costar alrededor de los 40 y 50.000 pesos. Pero ahí es donde su riesgo es incluso mayor: no existe una receta estandarizada que permita tener certeza sobre su elaboración y las sustancias que le adicionaron, por lo mismo tampoco es posible conocer plenamente cuáles serán sus efectos reales, ni mucho menos el riesgo que puedan acarrear. 

Sin embargo, tanto en el Centro Internacional de Estudios Estratégicos contra el Narcotráfico, de la dirección de Antinarcóticos de la Policía Nacional, como en el proyecto Échele Cabeza, han encontrado que muchos de los preparados del tusi no contienen 2C-B, además de que es usual que los mezclen con otras sustancias extrañas.

“Por ser la sustancia de moda, por ser la sustancia novedosa, sumado a los otros dos componentes que traen el estatus y el precio, muchas personas se volcaron a probar esta nueva droga. Es la sustancia de la que todo el mundo habla, de la que las redes hablan, de la que la farándula habla, de la que las canciones de reguetón hablan, lo que hace que exista esta especie de publicidad inversa que hace que todas las personas tengan ganas de ir a probarla”, asegura Julián Quintero, sociólogo, investigador y cofundador de la Corporación Acción Técnica Social, que es el espacio de donde surgió el programa Échele Cabeza. Ellos, que acompañan y asesoran el consumo responsable de sustancias, consideran que actualmente es posible que el tusi sea una de las drogas más peligrosas que pueden existir en el mercado. 

El teniente Mauricio Ocampo, encargado del laboratorio de investigación de drogas de la Dirección de Antinarcóticos, asegura que en las pruebas analizadas por el laboratorio han encontrado que en Colombia no se comercializa 2C-B: “La sustancia verdadera no se encuentra. La falsificación y alteración que se hace de este compuesto con la Ketamina, que es un anestésico muy utilizado en veterinaria, hace que la sustancia nunca esté en estado puro, lo que lleva a que encontremos pruebas que tienen un gramaje muy reducido de la base. Usualmente oscilan entre el 1 y el 10 por ciento, y eso lleva a que sea común encontrar una mezcla muy alarmante de elementos que hacen inciertos sus resultados”. A esta información se suma la teniente Coronel Liz Cuadros Veloza, jefe del Centro Internacional de estudios estratégicos contra el narcotráfico, que asegura que han encontrado la intervención de otro tipo de componentes de la familia de los opioides que causan grados de adicción muy fuertes para el consumidor.

Ahora, ¿cuáles son los riesgos de una sustancia tan alterada? Son muchos. A dosis bajas, los efectos estimulantes son los que predominan, pero a dosis más altas empiezan a crecer los efectos psicodélicos. Pero, entre más alterada esté, es más posible que cause un mal viaje, que puede venir con náuseas, vómito, diarrea, taquicardia, daño muscular, pérdida de los reflejos, falla renal, hipertensión y acidosis metabólica (que es la acumulación excesiva de toxinas en el cuerpo) y riesgo de coma. 

Tabla de drogas

Adicionalmente, a nivel psicológico un mal viaje puede traer paranoia, confusión, ansiedad severa y un estado mental alterado que termina modificando la personalidad del consumidor. Así lo define el doctor Gabriel Oviedo, médico especialista en psiquiatría y psicoterapeuta, profesor del Departamento de Medicina de la Pontificia Universidad Javeriana y médico del ala de psiquiatría del Hospital San Ignacio. Él señala que a todos estos posibles efectos hay que sumarles un riesgo generalizado que tienen todos los consumidores de sustancias psicoactivas: un aumento en las probabilidades de suicidio. 

“Por ser una sustancia que se consume principalmente en espacios de fiesta, es muy usual que se haga a la par con otras sustancias. Pero es ahí donde hay que tener especial cuidado también porque, por ejemplo, su mezcla con alcohol puede traer consecuencias fatales, sobre todo cuando se inhala el tusi, pues sus efectos son mucho más fuertes”, asegura Julián Quintero de Échele Cabeza. Han encontrado que la mezcla entre dosis altas de 2C-B, o en este caso Ketamina y sus alteraciones, sumadas al alcohol pueden traer alteraciones cardíacas que causen sobredosis y directamente la muerte. 

Y precisamente también por ser una sustancia que se consume en espacios de fiesta, es que en la vida pospandémica ha vuelto a ganar popularidad. Las personas han regresado a los espacios sociales y vuelven a vivir experiencias después de dos años de encierro. Tanto Julián Quintero como el doctor Oviedo coinciden en que las personas jóvenes están buscando experiencias nuevas, que les permitan compensar el tiempo perdido en los años de aislamiento. 

A esto se suma que, como lo señala el doctor Oviedo, los estudios muestran un incremento de entre 25 y 27 por ciento en cuadros de ansiedad y depresión entre las personas jóvenes, lo que a su vez ha llevado a un incremento en el consumo de sustancias estimulantes a nivel mundial, y, por eso mismo, un aumento en muertes relacionadas al consumo de sustancias. 

De acuerdo con el Ministerio de Defensa, este año se han incautado 2.536 dosis de tusi, principalmente en Bogotá, Antioquia, Córdoba, Risaralda y Valle del Cauca. Sin embargo, Julián Quintero señala que una parte muy compleja a la hora de perseguir la venta de estas drogas radica en el hecho que, en su base, todos los compuestos con los que se prepara son perfectamente legales. Por ello, perseguir a los cocineros y distribuidores es muy difícil y así mismo las incautaciones suelen ser difíciles de lograr. 

Jimena* considera que por el contexto del consumo es difícil pensar plenamente en las consecuencias. Ella cree que a pesar de que es importante entender qué está inhalando, no va a convertirse eso en su principal preocupación cuando sale: “En esos momentos de fiesta uno no piensa ni de dónde viene, ni mucho menos cómo se prepara, ni sobre sus componentes. Por eso yo no me preocupo en esos instantes. Es una droga que tiene mucho tabú todavía, por lo mismo es muy desconocida. Pero la adrenalina que produce y lo que dura me lleva a seguir consumiéndola”.