¡Coja oficio!

La educación técnica ha sido clave en el desarrollo de los países. Esta es la experiencia de algunas de ellas para forjar nuevos artesanos y técnicos en diferentes oficios.

En Colombia cada vez es más grande la oferta de instituciones que permiten el desarrollo de conocimiento en espacios alternativos a la universidad y con programas orientados a capacitar en habilidades y destrezas para el trabajo mediante cursos teórico-prácticos. 

Esto permite no solo abrir más posibilidades para la inserción laboral de miles de personas que, por múltiples razones, no acceden a la universidad, sino además asegura que nuestra sociedad cuente con el recurso humano que se requiere en distintas áreas. Por eso, son un pilar fundamental para la equidad, la productividad y la sostenibilidad del país. 

Carpintería, metalmecánica, tejido, operación de maquinaria agrícola, construcción, pintura y acabados, programación, marroquinería, mecánica… todas estas son áreas que demandan personal constantemente y en las que las posibilidades de emplearse son mayores que en las carreras “convencionales”, de las que egresan miles de jóvenes para competir por pocos puestos disponibles.

En estos lugares se imparten competencias que permiten el ingreso al mundo laboral, mayor participación social y formación continua a lo largo de la vida. Tres de ellas, la Escuela de Artes y Oficios Santo Domingo, el SENA y HENRY, cuentan cómo han logrado brindar esas oportunidades de formación, capacitación y especialización a artesanos y técnicos.

El SENA a su alcance

La referencia más conocida para los colombianos es el SENA, una entidad que desde su fundación en 1957 ofrece formación técnica y tecnológica a través de distintas carreras y cursos complementarios. Cada año, más de ocho millones de colombianos se gradúan de esta entidad.

Tiene cobertura a lo largo y ancho de Colombia, a través de 117 centros de formación. Según la dirección de Formación Profesional del SENA, “estos programas responden a las ocupaciones demandadas, las capacidades de los territorios y las tendencias tecnológicas”. Contar con una oferta amplia es importante, pues así muchos colombianos, sin importar su nivel de escolaridad, pueden formarse e incorporarse a la fuerza laboral, o emprender su propio negocio. 

De hecho, el impacto del SENA ha sido enorme y se refleja en las oportunidades de empleo y de emprendimiento que genera. Los egresados reconocen y apropian las tecnologías, técnicas, conocimientos y buenas prácticas propias de las necesidades del sector productivo. “Es una formación profesional integral que combina las competencias técnicas con las habilidades transversales y socioemocionales”, dicen sus directivos.

Los cursos van desde la operación básica de procesos, equipos y herramientas, hasta la gestión de procesos de manufactura y de servicios con niveles amplios de complejidad. Todos ellos responden a las ocupaciones demandadas, las capacidades de los territorios, las tendencias tecnológicas, y en ese sentido es un gana-gana, porque al formarse en el SENA el individuo promueve su desarrollo personal y genera una oferta diversa a su comunidad. 

oficios

Cursos a la medida del empleo

Un estudio de Microsoft calcula que en 2025 se abrirán 10 millones de puestos nuevos en toda Latinoamérica, de los cuales dos millones estarán disponibles en Colombia. La razón son los emprendimientos tecnológicos que están surgiendo en forma vertiginosa en el país.

HENRY es una plataforma de educación virtual fundada hace dos años en Argentina y desde enero está en Colombia, con el objetivo de estar al día con esa demanda laboral. Actualmente ofrecen dos carreras: Desarrollo web full stack y Data science, en dos modalidades, una de tiempo completo, que dura cuatro o cinco meses, y otra parcial para aquellos que quieren estudiar mientras trabajan, y que dura siete meses. 

Ambas están pensadas en la demanda del mercado. “Hablamos con las compañías para saber qué tipo de oficios requieren y de acuerdo con esto diseñamos el currículo”, dice Luz Borchardt, cofundadora y CMO de HENRY –acrónimo de High Earners Not Rich Yet, que significa Altos ingresos, no ricos todavía–.

En estos programas, profesores colombianos, mexicanos o argentinos enseñan los conocimientos técnicos, pero también las habilidades blandas que necesitan los estudiantes para emprender en tecnología o conseguir trabajo en start ups.

Al final del curso los estudiantes reciben una certificación. No es un título avalado por el Ministerio de Educación, porque “nuestro currículo cambia de acuerdo con las necesidades del mercado y esos cambios se dan más rápido que la duración de los trámites gubernamentales”, explica Borchardt. Además, estas empresas están más interesadas en que sus colaboradores tengan habilidades técnicas y blandas que en un título.

A diferencia de la academia tradicional, aquí los estudiantes solo pagan el costo del curso, 4.000 dólares, cuando logran emplearse. “Si no consiguen trabajo, no nos pagan”, afirma Luz. Pero eso casi nunca sucede. El 90 por ciento encuentra un puesto en menos de cuatro meses y con él logran incrementar 400 por ciento su ingreso. “El impacto en la movilidad social es notorio”, señala Luz. En muchos casos hablan de una reconversión laboral y un cambio de vida.

La magia de los oficios

Eso mismo sucede en la Escuela de Artes y oficios Santo Domingo (EASD), fundada en 1985 para preservar las técnicas artesanales con altos estándares de calidad. Ofrecen cursos técnicos aprobados por el Ministerio de Educación en bordado, madera, cuero, orfebrería, tejido en telar y tejido en dos agujas.

Sus historias de éxito son incontables: varios profesores son egresados, y algunos de ellos tienen su taller de orfebrería. Algunas egresadas de bordado trabajan con una exitosa diseñadora que exporta su trabajo, y los expertos en telares trabajan para fábricas de alfombras. La diseñadora Alexandra Agudelo, que adelantó estudios de platería en EASD, expone sus obras de arte en galerías de todo el mundo. “Les cambia la vida aprender estos oficios, les da una ocupación que les genera buenos ingresos”, dice Adriana, asistente de la dirección de esta fundación.

Son programas son de 1.500 horas y al año hacen cuatro aperturas trimestrales para grupos de entre 70 y 100 estudiantes. El 80% que se gradúan sale con su propio emprendimiento artesanal, otros trabajan con en talleres de diseño y otros en grandes empresas. “El ideal es que salgan a crear empresa, pero muchos se emplean. Adicional a crear emprendimiento, la EASD ayuda a nuestros egresados a trabajar en lo que les apasiona”, dice Adriana. 

El perfil de sus estudiantes lo conforman personas que salen del colegio y quieren tener su emprendimiento, o que tienen ya su carrera, pero su pasión son los oficios y quieren reenfocar su vida con una nueva actividad. “Otros conocen el oficio de manera empírica porque sus papás y abuelos les enseñaron y quieren certificarse”. 

“Nuestro aporte, además de entregar conocimiento para crear emprendimientos, también es preservar los oficios para que no se pierdan, y para que se conozcan a nivel mundial. Lo que se quiere rescatar es el trabajo manual y el respeto por el material”, concluye Adriana.

Peso a Peso, Paso a Paso es una colaboración periodística entre Cambio y Bancolombia para la educación financiera.