10 Septiembre 2022

¿Lo tuyo es mío? ¿Lo mío es tuyo?

Uno de los aspectos fundamentales de la vida en pareja es el manejo del dinero, lo cual puede conducir a cumplir metas o causar discusiones y problemas. Esta es una guía para que las finanzas no sean un dolor de cabeza en la relación.

La administración del dinero es un tema tan controvertido en algunas parejas, que puede convertirse incluso en el detonante de una separación. Si bien existen leyes que regulan la repartición del capital cuando las parejas llegan a su fin, no hay reglas sobre cómo organizar las finanzas mutuas, y lo cierto es que lo que para una funciona puede no ser apropiado para otra.

Clara Coria, autora del bestseller El dinero en la pareja, asegura que “nadie debería subordinarse al otro en lo económico, así como tampoco en el amor. Mi sugerencia es que sería muy conveniente que en la pareja se hable de lo que cada uno quiere y luego abordar acuerdos de mutuo respeto”.

Tenemos que hablar…

Es importante resaltar la importancia de tener conversaciones abiertas, honestas y tranquilas sobre el dinero en pareja, incluso desde momentos muy tempranos de la misma. Esta comunicación debe estar destinada a definir los objetivos mutuos en materia financiera –¿qué queremos poseer a largo plazo?–, y cómo cumplirlos. 

Pero también esa conversación debe incluir aspectos como las deudas que cada uno tiene desde antes de formar la pareja. Al combinar las finanzas, es necesario recordar que todo lo que se haga puede afectar o beneficiar al otro, y de allí que la transparencia sea uno de los pilares de las finanzas mutuas sanas.

¿Quién paga qué?

La respuesta de esta pregunta debe partir de un presupuesto detallado que debe incluir los gastos en conjunto, un ahorro en conjunto, un sueño que los motive a ambos y el pago de las deudas compartidas.

A partir de allí, se debe definir cómo manejar este presupuesto. Existen dos posibilidades: partir 50/50 o en proporción del ingreso de cada uno. La primera opción solo es recomendable si se tienen ingresos similares, de lo contrario quien tenga un menor ingreso se verá afectado. La segunda opción es la más conveniente cuando existe una diferencia considerable entre lo que ganan los miembros de la pareja. Por ejemplo, si uno gana 800 y el otro 200, esa persona asume 80% y la otra 20% de los gastos en conjunto.

La mejor idea es que ambos participen en el manejo de las finanzas, y no dejarlo todo a responsabilidad de uno solo: una persona puede encargarse de las cuentas diarias –pagos, control de gasto, ahorro–, mientras la otra asume las decisiones a largo plazo –deuda, destinación del ahorro, inversiones–.

Pareja

Juntos… ¡y revueltos!

Esta es una de las decisiones financieras más complejas en pareja, y existen tres métodos principales: llevar cuentas separadas, unir todo en una sola cuenta común, o una mezcla de los anteriores.

El primer caso –llevar cuentas separadas– no es el más frecuente puesto que, si bien permite mantener la independencia financiera de cada uno, también facilita que se presenten problemas por falta de confianza, claridad y transparencia con las cuentas, lo cual se profundiza aún más en caso de que los dos tengan perfiles de gasto y ahorro diferentes. Además, no es consecuente con la idea de que la pareja es un “contrato” para compartir la vida, y esto incluye el dinero. 

La segunda opción es unificar los todos los ingresos y los gastos en una sola cuenta compartida, sobre la cual los dos tengan los mismos derechos y responsabilidades.

Esta modalidad tiene pros y contras. En el lado positivo simplifica los pagos, disminuye las posibilidades de “sorpresas desagradables”, los excedentes pueden destinarse fácilmente y, si uno muere, la pareja seguirá teniendo acceso al dinero.

Por el contrario, desde la orilla negativa se puede decir que la cuenta conjunta resta independencia a las personas, uno de los miembros puede actuar unilateralmente afectando al otro, puede generar choques si los perfiles son diferentes (gastador versus ahorrador), y facilita el control del otro mediante el seguimiento de sus gastos.

La tercera es la vencida

Visto lo bueno y lo malo de las dos primeras opciones, la tercera parece ser la más adecuada. Se trata de mantener las cuentas personales de cada uno destinadas a sus gastos individuales, y hacer transferencias a una cuenta mutua desde la cual se administra el presupuesto familiar.

Este método requiere de un alto nivel de confianza mutua y es recomendado para parejas que tengan un proyecto de vida sólido y a largo plazo. La transparencia en los ingresos y gastos personales es fundamental, y la destinación de recursos debe ser definida con base no solo en el gasto sino además en las metas financieras de la familia.

Una duda que surge sobre esta alternativa es, si la idea de estar en pareja es que todo es compartido, ¿qué pasa con los excedentes que cada uno pueda tener en su cuenta personal? ¿Y cómo se maneja la deuda que pueda adquirir uno de los dos en el manejo autónomo de sus finanzas?

Pareja

¿Y el ahorro de quién es?

Pagados todos los compromisos financieros, algunas parejas tienen la suerte de contar con excedentes para ahorrar o invertir. En este caso, surge una pregunta adicional: ¿los ahorros y las inversiones deben ser individuales o compartidas? El que tiene mayores ingresos puede argumentar que aporta más, así que su derecho sobre los remanentes es mayor.

Sin embargo, en Colombia existe la sociedad conyugal, que una vez se constituye mediante matrimonio o convivencia obliga a que el capital creado por la pareja –durante la duración de la sociedad– pertenezca a los dos por igual. Esto aplica al capital que aporta cada uno al momento de la constitución de la pareja, a menos que se exprese lo contrario mediante capitulación previa.
 

Peso a Peso, Paso a Paso es una colaboración periodística entre Cambio y Bancolombia para la educación financiera.