20 Febrero 2022

El amor tras los tiempos de la cólera

Cuando llegó el coronavirus, Schmieg cerró su agencia de turismo y siguió trabajando en sus proyectos de investigación periodística, sobre todo para medios extranjeros. Unos meses antes de la pandemia, tuvo como huésped al famoso chef Gordon Ramsay –condecorado con 16 estrellas Michelin–, que conduce programas de la talla de Masterchef, Hell’s Kitchen y Kitchen Nightmares.

Crédito: Oliver Schmieg

Un periodista alemán enamorado de Colombia combinó el oficio de cubrir temas sobre el conflicto y el narcotráfico con el de guía turístico de remotas y desconocidas maravillas naturales del país, pero mientras la pandemia le hizo abandonar ese oasis, la realidad lo obligó a seguir en el periodismo.

Por Germán Hernández

 

Ese reportero alemán que recorrió los tremedales de donde se extraen cascotes de oro maldito cerca del río Bebaramá, en el Chocó, se dedicó a invitar turistas europeos a que descubran leyendas doradas en la Serranía de Chiribiquete. Ese periodista que visitó las trincheras en donde se libró la guerra de las drogas por los lados de San José del Guaviare, se propuso acompañar a sus rubios compatriotas a sosegarse con la serenidad de las palmas de cera del Valle de Cocora. Ese enviado especial que durante diez días siguió la travesía de la columna Héroes de Marquetalia de las Farc hasta el lugar exacto en donde nació ese movimiento, se consagró a convidar a sus asombrados paisanos a que tomaran café del bueno, cerca de la Laguna de las Mellizas, en el pacífico municipio de Pijao.

Los paisajes que conoció como reportero de guerra lo enamoraron tanto de Colombia que Oliver Schmieg se reinventó como promotor turístico.
Los paisajes que conoció como reportero de guerra lo enamoraron tanto de Colombia que Oliver Schmieg se reinventó como promotor turístico.

Se llama Oliver Schmieg y si no fuera porque suele andar vestido con bermudas de dril y botas de cazador, podría pensarse, al verlo, que se trata de un meticuloso científico alemán que vino a Colombia a seguir los pasos de Alexander von Humboldt. Y aunque comparte con su antiguo paisano el apego por los paisajes colombianos, no llegó al país desde Berlín sino desde Munich, la ciudad en donde nació por allá en la segunda mitad del siglo XX.

Arribó en 1998 como corresponsal de guerra de varias revistas como National Geographic, Al Jazeera, Sunday Telegraph, Rolling Stone, Univision, Storyhunter, Liberación, Deutsche Welle, Tageswoche, Profil y Blickpunkt Lateinamerika, pero hace dos años, antes de la pandemia, terminó convertido además en promotor de un país en paz. Junto con su actual esposa, la tolimense Durley Peña González, montó la agencia Colombia Viajes, dedicada a organizar excursiones –para europeos, sobre todo– a destinos poco comunes, como son las minas de oro del departamento de Chocó o las de las esmeraldas de Muzo, la Serranía de Chiribiquete –el Parque Nacional Natural más grande de Colombia y a la vez la región más desconocida del país– y las llanuras solitarias de la Orinoquia, uno de los pocos lugares en el mundo en donde habita el delfín rosado.

Uno de los documentales en los que Schmieg trabajó se titula Misterios de la jungla: reinos perdidos del Amazonas, que lo llevó a la serranía de Chiribiquete.
Schmieg trabajó en el documental se titula Misterios de la jungla: reinos perdidos del Amazonas, en el Parque Nacional Natural de Chiribiquete.

Debido a mi trabajo periodístico de casi 20 años, tuve la oportunidad de recorrer y de conocer el país, incluso hasta en los rincones más alejados, y por eso decidimos fundar una agencia de viajes: para que el mundo conozca por fin la maravilla que es esta nación”, dice Schmieg, con un acento cálido todavía salpicado de guturales fonemas germanos.

Con Ella Al-Shamahi, arqueóloga y presentadora del documental Misterios de la jungla: reinos perdidos en el Amazonas. Al fondo, los pictogramas recién descubiertos que asombran al mundo.
En la serranía de La Lindosa (Parque Nacional Natural de Chiribiquete) con Ella Al-Shamahi, arqueóloga y presentadora del documental Misterios de la jungla: reinos perdidos en el Amazonas. Al fondo, los pictogramas que asombran al mundo.

Su amor por Colombia nació en los tiempos del cólera. En 1998 fue destacado para realizar un reportaje en Venezuela, al cabo del cual aprovechó para conocer La Guajira y enamorarse de sus misterios cósmicos. Al año siguiente regresó para escribir y tomar las fotografías de una crónica sobre Ciudad Perdida –en la Sierra Nevada de Santa Marta– y en San Agustín, en el Huila.

Y luego, en el año 2000, duró un año despachando reportes desde San Vicente del Caguán para la revista Abenteurer & Reisen, sobre las culturas indígenas del Amazonas. “Este país me enamoró por su increíble y exótica diversidad –explica–: es bello en todos sus extremos, desde los desiertos hasta los nevados”.

Ese amor a primera vista también se materializó en el lado sentimental de su cerebro cuando nació su hija Sarah, producto del amor con una colombiana de la que después se separó. “Con esa niña quedó sellado mi vínculo con Colombia –confiesa– y tomé la decisión de quedarme”.

Empezó entonces a trabajar con la dura realidad nacional en temas relacionados con el conflicto, el narcotráfico, el crimen organizado y las consecuencias sociales que han generado ellos, aunque a veces se les escabullía como un niño. Ese mismo año, por ejemplo, se acordó que entre sus pertenencias importadas de Europa se encontraba una tabla de cedro y fibra de vidrio de 1,50 metros de largo, que le sirvió para redactar un informe especial para una revista checa sobre cómo era practicar un deporte de invierno en un país tropical. Schmieg estaba convencido de que aquella vieja tabla de snowboard sería perfecta para deslizarse sobre las dunas de Zabrinsky Point, una zona desértica ubicada al occidente de Bogotá, cerca del relleno sanitario de Mondoñedo, pero también se la llevó a la Sierra Nevada del Cocuy, en donde la probó luego de escalar el legendario pico del Púlpito del Diablo.

Recuerdo que al regreso de esa aventura me topé por primera vez con la guerrilla, con quien me tocó negociar porque quería quedarse con mi sleeping bag y mi carpa –dice–. Finalmente, muy cordiales, me dejaron seguir sin quitarme nada”.

No fue su único contacto con grupos rebeldes de una república banana. En el año 2007 escribió una crónica para la revista bogotana Don Juan, en la que relató su vivencia con la columna móvil Héroes de Marquetalia, que regresaba al lugar exacto en donde se fundaron las Farc. “Era el primer anillo de seguridad de Alfonso Cano –recuerda el periodista– y la idea del reportaje era descubrir cómo estaba de ánimo en ese momento esa agrupación insurgente”.

A lo largo de su estadía en el país como corresponsal se especializó, sin embargo, en dos temas recurrentes: la minería ilegal y el narcotráfico. Visitó zonas como Irrá, al norte de Manizales, el pueblo en donde niños mineros arriesgan su vida para arañarle el oro a la tierra a través de túneles construidos bajo las aguas del río Cauca. “Era increíble ver cómo esos pequeños se arrastran por recovecos hechos bajo millones de toneladas de agua y recoger esa absurda pesadilla dorada”, señala.

La minería ilegal, uno de los temas que más documentó en Colombia.
La minería ilegal, uno de los temas que más documentó en Colombia.

También acompañó al comando Jungla, de la Policía Nacional de Colombia, en un operativo antidrogas adelantado en el Vichada contra un traficante conocido como alias Cuchillo. “Tuve el honor de conocer a estos valientes guerreros que, por ejemplo, esa vez, aunque no lo capturaron, sí arrestaron a sus lugartenientes que iban en un campero al que detuvieron con la hélice del helicóptero, en una maniobra suicida. Eso para no hablar de la forma cómo uno de ellos, una vez en tierra, me salvó en el preciso instante en que yo iba a pisar una mina antipersonal”.

A pesar de su extraño pero duro oficio de relator de desvaríos, Oliver Schmieg ama profundamente este país. “Soy consciente de que nací en una tierra privilegiada, en donde la salud y la educación son un derecho. Pero aun así decidí que mi hija Sarah estudiara acá, pues ella es alemana pero también colombiana y debe ser consciente de la realidad de su país y no huir a esa isla de bienestar que es Europa”, explica.

Luego, desde su agencia Colombia Viajes, este cronista se dedicó a revelarles a sus compatriotas europeos la belleza local. Ya hacía unos años le había entregado su corazón y el esqueleto a Durley Peña, con quien se fue a vivir a Pereira cansado del caos de Bogotá y, desde esa ciudad, ella coordinaba la logística de viaje de los forasteros mientras él los acompañaba, en carne y hueso, en alguna aventura turística. Un día, por ejemplo, llevó a un visitante austríaco que quería conocer el Parque Nacional Natural Cahuinarí, en el Caquetá, que en teoría está cerrado al público. “Pedimos permiso por escrito a las comunidades indígenas de allí y conocimos una región exuberante, todo un paraíso”, afirma. Un edén en el que el hombre es todavía un conquistador desconocido, un Adán sospechoso: cuando caminaban por la jungla, el guía que los acompañaba los alertó de que algo raro iba a suceder. Y fue de repente: una jauría de jabalíes se les vino encima, de modo que la pareja de europeos solo se libró de sus colmillos feroces luego de subirse a unos árboles.

Fue una escena muy divertida, que hace parte de ese país que merecemos conocer”, dice Schmieg detrás de su sonrisa teutona.

Pero llegó el coronavirus y tuvo que cerrar la agencia. Schmieg seguía trabajando en sus proyectos de investigación periodística, sobre todo para medios extranjeros. Unos meses antes de la pandemia, tuvo como huésped al famoso chef Gordon Ramsay –condecorado con 16 estrellas Michelin–, que conduce programas de la talla de Masterchef, Hell’s Kitchen y Kitchen Nightmares.

El presentador vino a Colombia a realizar el documental Cooking on Coke, para el canal de televisión ITV, de Gran Bretaña, del que Schmieg se encargó de la investigación y producción, y que incluyó no solo gastronomía relacionada con esa planta, sino entrevistas con cocaleros y visitas a un laboratorio de cocaína en las selvas del Putumayo, así como un operativo antinarcóticos real que se adelantó, en vivo y en directo, en Tumaco.

Como fotógrafo, Oliver Schmieg acompañó a las autoridades en operativos contra el tráfico de drogas. Este reportaje lo publicó la revista checa Koktejl.
Un reportaje suyo sobre el tráfico de cocaína fue portada de la revista  francesa New Look.

Su esposa Durley tuvo a su cargo ‘cocinar’ la parte logística del documental, que incluyó organizar el programa de vuelos y hospedaje para todo el equipo de grabación.

Como fotógrafo, Oliver Schmieg acompañó a las autoridades en operativos contra el tráfico de drogas. Este reportaje lo publicó la revista checa Koktejl.
Como fotógrafo, Oliver Schmieg acompañó a las autoridades en operativos contra el tráfico de drogas. Este reportaje lo publicó la revista checa Koktejl.

Cerrada la agencia de viajes, la pareja se dedicó de lleno a la investigación. Durante los últimos años, ambos han apoyado series como Trafficked, de National Geographic, en un episodio que sigue a la periodista Mariana van Zeller mientras intenta localizar a una ‘narco’ femenina que se rumorea es la segunda al mando de uno de los carteles más nuevos del país.

También trabajaron con el presentador Jason Fox en un capítulo especial de Netflix de la serie Inside the Real Narcos, que explora el contrabando de drogas en el puerto de Buenaventura, lo mismo que con Raphael Rowe, para la serie Inside the world’s toughest prisons, también de Netflix, en la que ese reportero recorrió el sórdido mundo escondido detrás de la cárcel Distrital de Bogotá.

Y así, los documentales han seguido siendo producidos con la guía de la pareja: uno para la serie This World, de la BBC, con Stacey Dooley; otro para el programa Our World, igualmente de la BBC, con Michael Buchanan. “El año pasado logramos filmar un episodio para la segunda temporada de Traffiked con los autores del secuestro de los ocho muchachos de Anserma: los Caparros. La grabación duró tres días en el Bajo Cauca”, apunta Schmieg.

Recorrer este país ha sido una obsesión para este alemán que se encontró con la inquietante paradoja de descubrir increíbles maravillas ocultas en la dura realidad nacional.