6 Mayo 2022

"El duelo, por un animal o por un ser humano, agranda el sentido de la vida ”: Alonso Sánchez Baute

En 'La mirada de Humilda' se reflejan las muchas maneras como las personas se comunican con los animales que los acompañan. También es una reflexión crítica acerca de cómo los seres humanos se relacionan con la naturaleza.

 

Alonso Sánchez Baute
Alonso Sánchez Baute.

CAMBIO: ¿Cómo surgió la idea de escribir una novela sobre Humilda?

Alonso Sánchez Baute: Tan pronto mi perra murió, un amigo que acababa de pasar por la traumática muerte de la suya me aconsejó seguir con las rutinas diarias que hacía yo con Humilda. Yo fingía que la sacaba al parque a las mismas horas de siempre y caminaba largo tiempo al final de la tarde como si ella me acompañara. Esto fue clave para superar el duelo. La ida de escribir sobre ella comenzó a desarrollarse en mi cabeza desde nueve o diez años atrás, pero fue a lo largo de estas caminatas cuando finalmente tomó forma. El 22 de octubre de 2021 descubrí las voces, la estructura y el tono narrativo. De inmediato me senté a escribirla en firme y el 1 de febrero finalmente se la entregué a mi editor.


CAMBIO: ¿Es novela, ensayo, ficción, realidad?

A. S. B.: 

Cualquier texto donde hable un animal que no sea el loro de Humboldt es ficción. La mirada de Humilda es una novela en toda regla. Pero como todos los géneros caben en una novela, también le sumé ensayo y memorias. Y hasta fotografía. En todo caso, y más allá del género literario, esta novela no es más que un pretexto para cuestionarme sobre el verdadero valor del amor, la amistad, la generosidad y la comunicación entre el ser humano y la naturaleza; pero también sobre asuntos que se están discutiendo hoy a la luz de la metamodernidad, como son la preservación del medio ambiente, la vuelta a los sentimientos individuales, la comprensión sentimental del mundo y la compasión por la salud mental, temas que enfatizó la pandemia.

 

CAMBIO: ¿Cómo entiende usted la relación entre los hombres y los animales?

A. S. B.: El mundo antiguo siempre fue respetuoso con ellos. «Un tercio del cielo egipcio estaba poblado de animales», afirma Richard David Precht. En Egipto, de hecho, fue donde se comenzó a “humanizar” a los perros por el trato que le daban los faraones a sus salukis, una de las primeras razas caninas. Luego apareció la ortodoxia judeocristiana y, con su reconocida intolerancia, les negó la existencia del alma, por lo que fueron desacralizados y despreciados. Siglos después apareció Descartes e hizo del hombre el «señor y propietario de la naturaleza». Más todavía: afirmó que, al carecer de alma, no podía tenerse con los animales ninguna consideración moral. Por fortuna, desde hace 50 años se discute, cada vez con más frecuencia, la creencia de que el ser humano es superior a todas las demás especies. A esta discriminación la llaman especismo y algunos la comparan con el sexismo o el racismo. La discusión de si el animal tiene alma o no ha pasado a un tercer plano. Ya se habla, incluso, de la autoconciencia animal. Lo importante ahora es si sufren o no los animales. ¿De veras alguien todavía cree que no sienten dolor? El dolor y el sufrimiento son malos en sí mismos, independientemente de la especie del que sufre. Creo, como Precht, que la relación que tenemos con ellos no es compatible con nuestras representaciones de la moral, la liberalidad y la sensibilidad.De modo que no puedo entender la relación entre los hombres y los animales menos que como un trato de igualdad, no como la afirmación de un hecho real, aclaro, sino como una idea moral. Es decir, esta igualdad exige, como en el trato que debemos tener también entre humanos, una misma consideración ante el dolor y el sufrimiento.

Alonso y Humilda

 

CAMBIO: ¿Hasta qué punto piensa usted que es posible establecer una relación con un perro?

A. S. B.: Hay dos formas de relacionarse con un perro: como si fuera un animal de patio, de finca, como sigue sucediendo en algunas partes, o como un animal de compañía, lo que es profundamente hogareño. Esto último se viene dando de tiempo atrás cada vez con más fuerza, pero se agudizó también con la pandemia. En algún momento de mi relación con Humilda me cuestioné: si vamos a estar juntos las veinticuatro horas del día los próximos quince años, ¿por qué no intentar entenderla, si ellos nos entienden perfectamente a nosotros? Fue entonces cuando comencé a desentrañar el significado de sus formas de mirarme, que no eran siempre las mismas, un ejercicio del que hablo en extenso en este libro que terminó por enseñarme el lugar que tiene el otro en el mundo y ante mí, sea un animal humano o no humano, me cambió drásticamente la forma de entender la vida misma y me enfrentó a mis propios valores y principios.

CAMBIO: ¿Qué tan fácil o difícil es superar la pérdida de un camarada canino?

A. S. B.: A diferencia del dolor por la partida de un familiar cercano o de un amigo humano, que se vuelve mucho más punzante con el paso del tiempo, cuando el vacío de esa ausencia se ensancha, el que se siente al despedir a una mascota es profundamente intenso en los días inmediatos a su muerte. ¡Es devastador! Poco a poco se disipa, aunque no desaparece por completo. Todo lo que nace muere. Por fortuna el duelo, por un animal o por un ser humano, alimenta el sentido de la vida. Como la muerte misma.

 

 

La mirada de Humildsa