30 Marzo 2022

El regreso del Festival Iberoamericano de Teatro después del covid-19

Develaciones, un canto a los cuatro vientos.

Laura García, actriz, directora y crítica de teatro, hace una semblanza de su experiencia como actriz y espectadora, y recomienda cinco obras que, en su concepto, son imperdibles.

Por Laura García

Dijo recientemente Audrey Azoulay, directora general de la Unesco, que … «ha llegado el momento de hacer de la cultura, en toda su diversidad, un verdadero bien común, de modo que realice todo su potencial para configurar el futuro». Añade que la pandemia de la covid-19, todavía sin satisfactoria explicación por parte de quienes la provocaron y diseminaron calladamente desde noviembre de 2019, «… ha provocado una crisis sin precedentes en el sector cultural. En todo el mundo los museos, cines, teatros y salas de conciertos, que son lugares de creación y de intercambio, han cerrado sus puertas… La situación de muchos artistas ha pasado de ser precaria a insostenible, poniendo en peligro la diversidad de la creación. Al mismo tiempo, nos hemos dado cuenta de lo mucho que necesitamos la cultura, la creatividad y la diversidad de las expresiones culturales…». Y no deja de mencionar que la cultura brinda un respiro personal y une nuestras sociedades para forjar un futuro más prometedor.

El preámbulo sirve para apuntar a que el Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá, extensamente avalado, sufrió también, y con creces, a raíz de la pandemia de la covid-19. Tanto que en 2020 hubo que aplazarlo y tan solo ahora renace, en su versión número XVII, más comprimida. Irá desde el 1 de abril, y se extiende hasta el 17 del mismo mes. Hay que precisar que el FITB es, en realidad, de carácter internacional, e incluye varias disciplinas, porque no solo contiene teatro de origen iberoamericano sino teatro, danza, títeres y artes performativas no convencionales de países provenientes de otros continentes y culturas. en sus versiones anteriores contaba con una oferta de talleres de formación en varias áreas correlacionadas con las artes escénicas, conferencias, charlas, encuentros. Esperamos que para 2024 recupere su dimensión prepandémica.

Desde 1988 he sido espectadora del FITB en todas sus versiones. En ocasiones he escrito crítica teatral sobre distintos espectáculos de autores clásicos, antiguos y modernos y dramaturgos/as contemporáneos/as. Desde siempre he participado como actriz en festivales alrededor del mundo (el primero, el de Caracas en 1978, donde conocí al afamado director Peter Brook, que en esa ocasión presentaba su magnífico Ubú rey de Alfred Jarry). También he visitado festivales de muchos tamaños y formatos. Como el inimaginable en tamaño que es el de Edimburgo, que transcurre durante el verano de Escocia, al que asistí en 1988, que incluye, además de teatro y danza, música, cine, fotografía, artes plásticas. Y una consistente oferta fringe, una franja alternativa de presentación, para aquellos que están probándose, y a quien el mundo no identifica todavía, profesionalmente hablando.

En el FITB nuestro, desde 1990 he participado como actriz representando a Colombia y, en una ocasión, a España. En su segunda versión, participé con Burlador de Sevilla y convidado de piedra, el mito del don Juan, original del dramaturgo español Tirso de Molina, escenificado por el Teatro Libre. Una obra que resalta la importancia de la justicia y el honor en la vida de las personas, a través de la historia del seductor empedernido, don Juan. Luego, en 1992, y como parte de la delegación venida de España, me presenté en el Teatro La Castellana con la obra Lope de Aguirre, traidor, del catalán José Sanchis Sinisterra, dirigida por el director y fundador del teatro La Abadía de Madrid, José Luis Gómez, con un elenco integrado por Blanca Portillo, Carmelo Gómez, Dolores Heredia, entre otros. En 1994 abrí el festival con el monólogo de Gabriel García Márquez, Diatriba de amor contra un hombre sentado, una perorata de hora y media de una mujer a su marido el día de su aniversario de bodas de un cuarto de siglo, con la presencia de nuestro nobel en la sala, anunciada a última hora, y el consabido nerviosismo que me procuró su presencia. Con esa obra, además, viajé por cielo, mar y tierra durante tres años. Se presentó en cárceles, iglesias, teatros de mediano y gran formato.

En 2000 fue La Orestíada de Esquilo, en versión de Jorge Plata y dirección de Ricardo Camacho¸ en su versión completa de Agamenón, Coéforas y Euménides, y con una duración de cuatro horas y media, dos intermedios incluidos. En ella personificaba a la reina Clitemnestra, forjadora del asesinato de su cónyuge y del golpe de Estado. Con un hacha y la coautoría de Egisto, primo del propio rey Agamenón, ella lo liquida en la bañera junto con su amante Casandra, una vez vuelto a Grecia, después de la guerra de Troya. En 2002, Sanseacabó, un cabaret musical con letras de Piedad Bonnett y musicalización de Juan Luis Restrepo y Kent Biswell, en la que la colombianidad de la época se manifestaba con ironía inteligente. Esta se presentó en la carpa cabaret del FITB en la calle 100 con autopista norte.

En 2004, Yo, pobre ignorante, ciega, un monólogo inspirado y basado en la autobiografía de una monja venerable de Gerónima Nava y Saavedra, la monja clarisa del siglo dieciocho que describió y vivió, desde su morada en el antiguo convento de Santa Clara, sus arrebatados de éxtasis místicos, confiados celosamente a su confesor. Posteriormente fue Madre coraje y sus hijos, del alemán Bertolt Brecht, un profundo alegato antibélico, dirigida por Germán Moure, de cuyo autor había hecho La ópera de tres centavos, mi bautismo actoral en el Teatro Popular de Bogotá, en la década de los 70. Posteriormente, en 2016, en ese mismo espacio, ahora llamado Espacio Odeón, la obra del español David Desola, Almacenadas, dirigida por José Domingo Garzón, en compañía de la actriz peninsular Mercedes Salazar. Una obra que transcurría en un espacio despojado, bajo una atmósfera absurda, que manifestaba la precariedad y alienación del trabajo y los vínculos que se desarrollan con los colegas de una misma labor. Y este año, producto de una elaborada versión teatral de la novela de Gabriel García Márquez, me presento en el Teatro Colón a partir del 7 de abril con El coronel no tiene quien le escriba, dirigida por Jorge Alí Triana y con Germán Jaramillo como el coronel que espera en vano la pensión que nunca llega. Mi rol: el de la mujer del coronel, que no tiene nombre, ni siquiera en la novela, pero a quien considero, en altura y complejidad dramática, como a una Clitemnestra, o una Blanche du Bois de Un tranvía llamado Deseo, o una Lady Macbeth de la tragedia escocesa.

Y ahora, algo que podría sobrar, pero que deseo, con respeto, ventilar en este espacio: hay, en ocasiones, el sentir equivocado de que cualquiera puede actuar. Yo nunca pienso que cualquiera puede construir un túnel o un puente o un artefacto espacial. Memorizar un texto y todo un montaje físico de cualquier duración no es una simple facilidad natural que se tiene: es gracias al «músculo» de la memoria del cuerpo que se viene ejercitando. Al conocimiento y aceptación de los entresijos de las emociones humanas. Porque somos atletas del corazón, como bien nos apellidaba mi profesora neoyorquina Susan Batson. Por ello, el público debe saber y asumir que ir a un espectáculo presupone que hubo uno o varios artistas que laboraron horas, meses, quizás años, para culminar un proyecto artístico, gracias a su expertise, lograda con desvelos, lecturas, investigaciones, viajes, ensayos y más ensayos. Por eso, invoco a Dioniso, el dios del teatro en la Grecia antigua, para que no les tiemble la mano cuando piensen asistir o no al FITB. ¿Qué puede ser mejor que apartarse momentáneamente de la virtualidad y el encierro de tantos meses obligados por la pandemia? Volver a palparse en los artistas que están vivos y al alcance en los escenarios. Reconocerse como lo que se es: insertos de una narrativa dramática, farsesca, trágica y cómica que se querella sobre las tablas, una vez abierto el telón de boca. Y luego, el silencio que este movimiento esparce. Índice de que se va a contar una historia de un modo extraordinario.

Cinco recomendados del Festival de 2022

Develaciones, un canto a los cuatro vientos (Colombia)

Los creadores de este espectáculo ofrecen, de una manera plástica, musical, poética y ejemplarmente hermosa, una aproximación a temas muy álgidos y extremadamente complejos que han sido ventilados en la Comisión de la verdad de Colombia, visibilizando las comunidades que han sufrido el rigor del conflicto armado. 102 artistas en escena. 

Encuentros breves con hombres repulsivos (Argentina)

A partir de la narrativa del estadounidense David Foster Wallace, el mundialmente reconocido director argentino Daniel Veronese nos ofrece un tour de force entre dos magníficos actores:  Francisco Reyes y Marcelo Alonso, quienes encarnan a dos personajes: A y B. Son ocho breves encuentros en los que se trata la condición de lo masculino a la luz del cara a cara que cada uno de ellos lleva a cabo con una mujer, encarnada por ellos mismos. El amor, el sexo, la pérdida, suben a la palestra en esta confrontación de género.

The origin of a tale (Líbano)

Da vida, en tiempo real, a una obra a partir de arcilla, eco de la voz de los animales y las cosas. Una obra en clave de fábula, que habla del mundo y nos enseña a vivir. Los marionetistas Aurelien Zouki y Éric Deniaud dan vida a las fábulas, en una puesta en escena que combina narración, danza y manipulación de objetos y sonido.

Coroneñ+l
El coronel no tiene quien le escriba, coproducción del Teatro Colón y la Fábrica de Teatro Popular.

 

El coronel no tiene quien le escriba (Colombia)

Estrenada con gran éxito en 2021, vuelve la teatralización de una de las más conmovedoras novelas de un jovencísimo Gabriel García Márquez. Un coronel retirado de las guerras civiles de Colombia espera una pensión que nunca le llega, al lado de su esposa asmática, y nueve meses después de que su único hijo haya sido asesinado por repartir información clandestina en la gallera del pueblo. Un canto a la esperanza, a la dignidad, a la temperancia. Un retrato sin par del amor, la soledad, la senectud y el humor, que no clava la cabeza en tierra, a pesar de las peores adversidades.

¡Ja, ja, ja! / Ha, ha, ha (Bélgica)

De Bélgica arriba este espectáculo en el que la risa es protagonista. Dos payasos que nos recuerdan a los de Europa del Este, o mejor, dos acróbatas convertidos en payasos, van barajando situaciones inverosímiles e hilarantes, en medio de una sobriedad que únicamente algunos objetos perturban y que son pretextos para otras fantasías.