6 Marzo 2022

Las obras de arte más absurdas: un vaso de agua, excrementos en lata, entre otros

La obra ¿Dónde vamos a bailar esta noche?, de Sara Goldschmidt y Eleonora Chiari, que supuestamente aludía a los excesos de la corrupción política representada en las grandes fiestas, solo le dejó un guayabo moral al museo.

Crédito: Archivo particular

Más allá de la estética, algunos artistas le han dado mucha más importancia al concepto, a las ideas, para crear sus obras. Y en ese contexto se ha visto de todo. Para la muestra estos botones.

Por Diego Garzón Carrillo, codirector Feria del Millón


 

La aseadora que limpió “una obra sucia”

Una mañana de octubre de 2015 llegó la señora encargada de la limpieza del Museo Bolzano de Milán y encontró en una de las salas un desorden absoluto de botellas de champaña y confetis. Muy diligente, y cumplidora del deber, recogió todo y lo tiró a la basura sin saber que se trataba de una obra de arte. Con agua, jabón y trapero dejó el espacio impecable. Como la noche anterior había sido la inauguración, ella pensó que todo había terminado en un relajo. La obra ¿Dónde vamos a bailar esta noche?, de Sara Goldschmidt y Eleonora Chiari, que supuestamente aludía a los excesos de la corrupción política representada en las grandes fiestas, solo le dejó un guayabo moral al museo.

Facebook Sara Goldschmied
Facebook de Sara Goldschmied.

 

La obra invisible

Io Sono” o “Yo soy” es una escultura que nadie ve y que el año pasado alguien compró por 6.000 euros. Salvatore Garau, artista italiano, explicó que se trata de una obra que idealmente debe instalarse en una casa, ojalá en una esquina para que nadie se tropiece con ella. Así, tal cual, el creador de esta pieza dice que la obra es como se la quiera imaginar el espectador. La idea es poner en juego la creatividad de quien la ve e, incluso, como lo dijo en algunas entrevistas, es una metáfora de cómo se percibe a Dios: cada uno se lo imagina como quiere.

 

La galería desocupada

Aquí bien podría haberse exhibido la obra anterior. Es más, este artista fue más allá que Garau e hizo toda una retrospectiva de la imaginación. Simon Pope es el creador de “Galería Espacio Recuerdo”, que se exhibió en el Chapter Arts Centre, en Cardiff, País de Gales. La idea era que los espectadores llegaran y no se encontraran con nada, solo con las paredes blancas, para así invitarlos a recordar las exposiciones más emocionantes que habían visto en su vida. Se trataba de cerrar los ojos y hacer memoria. Si el espectador se molestaba porque para acordarse de exposiciones no era necesario salir de su casa, el texto curatorial podía tranquilizarlo o sacarle más la piedra con frases como “se invita a vivir una experiencia de paramnesia reduplicativa”, o la creencia de estar en un lugar “duplicado”. Eso sí, ningún visitante olvidará esa “exposición”.

Adiós al dedo meñique

A este “acto artístico” se le fue la mano. “El dedo”, para ser más precisos. Por estos días en que Íngrid Betancourt anunció su candidatura a la presidencia, bien vale la pena recordar el performance del artista Pierre Pinoncelli quien, como señal de protesta ante su secuestro ocurrido hace 20 años por parte de la guerrilla de las Farc, decidió mutilarse el dedo meñique. Y así fue: con un hachazo se lo cortó. Hacer arte con el cuerpo se ha prestado para todo. Artistas que se han comido sus propios excrementos delante del público, que se han masturbado en un museo o que dejan una pistola a la mano de algún asistente por si le quieren pegar un tiro, entre tantas otras cosas. Pinoncelli murió el año pasado y también tuvo su cuarto de hora de gloria por dañar con un martillo todas las reproducciones de los urinarios de Marcel Duchamp. Por eso no lo querían mucho en los museos, decían que le faltaban dos dedos de frente.

El vaso de agua de Wilfredo Prieto

Este artista cubano se levantó un día, fue a la cocina, abrió el grifo del lavaplatos y llenó con agua un vaso transparente justo hasta la mitad. Era una metáfora de la vida, de la famosa frase que mide el optimismo: hay quienes ven el vaso medio lleno, otros lo ven medio vacío. Se expuso en la Feria Arco, en Madrid, y se ofreció al público por 20.000 euros. Si se rompe el vaso, la recomendación es comprar otro en la tienda de la esquina y volverlo a llenar con agua de la llave. También uno se puede tomar el agua si tiene sed y volverlo a llenar. No hay problema. “Poéticamente minimalista”, dijo un crítico de arte.

Foto: solera@gabrisolera.com
Foto: solera@gabrisolera.com.

La caja de zapatos vacía

El artista mexicano Gabriel Orozco fue uno de los grandes invitados a la Bienal de Venecia en 1993. Su obra consistía en una caja de zapatos vacía. No era una escultura previamente concebida. Sólo una caja de zapatos de un almacén cualquiera. Esa caja, ahí en el piso, invitaba a pensar en no se sabe muy bien qué. No se podía coger a patadas, en todo caso. Así se lo advirtieron a los asistentes.

Foto: Moma.org
Foto: Moma.org

El aire del artista

Una de las obras más conocidas de Piero Manzoni (1933-1963) son sus excrementos enlatados. “Mierda de artista” se vendió como pan caliente en su momento. Pero también fue famoso porque cogió unos globos y los infló con su propio aire. Decía que esas bombas -las mismas que uno ve en una fiesta de cumpleaños- tenían un valor especial porque fueron infladas con “su aire”. Por eso, “Aliento de artista” consistió en esos globos atados a tablas que tenían su nombre. Un gran éxito en la galería Tate Modern, de Londres, y otros museos.

Jens Cederskjold
Foto: Jens Cederskjold. Creative Commons.