6 Marzo 2022

Reguetón: qué pasa con esas letras

Crédito: Reuters

"“A ella se le encharca el pantalón”, “me le pego y se lo rozo por la espalda”, y otras varias poesías eróticas hacen pensar que en esta nueva era de canciones el sexo y la droga no son solo el común denominador, sino el único denominador".

Por Alejandro Mora Salive

Los viernes en la mañana, miles de personas recorren su plataforma de streaming preferida para buscar canciones nuevas que sacan al aire sus artistas amados. Con el fin de hacerles fácil la vida a los usuarios, esas plataformas seleccionan cuidadosamente las famosas listas de novedades de los viernes. Playlists que utiliza la industria musical para dar a conocer los nuevos lanzamientos de cantantes que ayudan a lidiar con las nuevas “tusas”.

El protagonismo de esas listas se lo lleva de lejos el reguetón: Dembow puro y duro que pone a saltar los tímpanos de los usuarios. Ya en otros momentos de la historia, un solo género se había apoderado del planeta. Y ¡qué bueno que esta vez sea uno latino! Lo celebramos todos los días. Sin embargo, de oír, oír y oír, surge una pregunta: ¿Qué pasó con las letras?

La pregunta no nace desde un ángulo godo, aterrado con la sexualidad vuelta canción. Pero sorprende que durante el descubrimiento musical de un viernes cualquiera haya tres canciones que hablen de “Qué rico cuando chingamos”, dicho en diferente orden, pero dicho igual. Con esa pregunta en la cabeza, el oyente curioso salta en esa lista de novedades que compila los hits del momento y encuentra la misma respuesta.

Beats tremendos, mezclas poderosas y tratamientos de voces que muestran la maestría del ingeniero, confirman que en esta música actual el sonido llegó a un nuevo nivel, pero…las letras… ¿Qué pasó con las letras? Solo en esta playlist hay dos canciones que palabras más, palabras menos, dicen “la toco y se viene,” y otras tres en la que se repite “tu novio no te lo hace como yo”, de nuevo en distinto orden pero diciendo lo mismo. 

“A ella se le encharca el pantalón”, “me le pego y se lo rozo por la espalda”, y otras varias poesías eróticas hacen pensar que en esta nueva era de canciones el sexo y la droga no son solo el común denominador, sino el único denominador. 

El rápido análisis de estas canciones abre la conversación para saber si el porno hecho canción será conveniente o si pasará factura. Está demostrado hasta el cansancio que la pornografía tergiversa el sexo y enseña que una buena tirada debe ser con más posiciones que los movimientos políticos que hay en Colombia; con gritos, groserías, y otras cosas que si se ponen en estas respetadas páginas generaría un bloqueo de internet. Hasta la misma Billie Eilish lo dijo hace algún tiempo refiriéndose a la pornografía: “No me negué a hacer cosas que no eran buenas las primeras veces que tuve sexo. Y fue porque pensé que eso era lo que se suponía que me debía gustar”. Ahora bien, ¿será que estas letras obsesionadas con los panties tendrán el mismo efecto? 

Una de las teorías publicitarias que más se estudian durante la carrera es la de la frecuencia. Mientras más veces se logre que un consumidor oiga el mensaje que la marca quiere dar, más fácil será sembrar la semilla de la persuasión. Eso se ve en comerciales de televisión, en jingles de radio y en campañas políticas. Si se extrapola esa teoría al mundo de la música, se llegaría a entender que reforzar un patrón abiertamente exagerado y poco real (inclusive machista), puede llevar a que esa semilla se siembre fácilmente y que frases como “va a dejarme que haga en la cama con su cuerpo lo que se me antoja” se conviertan en una actitud válida para quienes la oigan una y otra vez.

Esto no es una regla generalizada ni un ejemplo de falta de creatividad. Porque si hay algo que hoy en día se demuestra es que los líderes de las listas mundiales son personajes con mucho talento e imaginación. Que Bad Bunny le dio clase de creatividad al mundo entero con la producción de “El último tour del mundo”, o que Karol G con “Bichota" sumó una palabra al diccionario del empoderamiento femenino, son solo un par de ejemplos del talento inmenso de estos creadores. Pero que en la música actual hace falta el poder de una buena letra, de esas que al oírlas retuercen el alma, de esas que vuelven inmortales las canciones, no tiene discusión.