22 Abril 2022

Ya estamos en la sexta gran extinción

La comunidad científica ha coincidido en alertar sobre una pérdida masiva de biodiversidad que está en curso. Las razones, en la gran mayoría de casos, se pueden seguir hasta llegar a la actividad humana. Este es el estatus de la desaparición.

A lo largo de la historia de la vida sobre nuestro planeta han ocurrido cinco grandes extinciones, unas ocurridas por desequilibrios de la química en el mar y la atmósfera, otras causadas por cambios drásticos de la temperatura global y otra más atribuida al impacto de un meteorito. Todas ellas, por razones naturales e imposibles de controlar. Por eso, causa alerta que la comunidad científica haya determinado que estamos en curso de la sexta gran extinción, esta vez con un origen por lo menos perturbador: la humanidad.

Así es. El impacto de las actividades humanas modernas ha desencadenado una pérdida masiva de biodiversidad en todo el mundo. Cada día, especies de microorganismos, hongos, plantas, insectos y vertebrados se extinguen irreversiblemente, y esto implica consecuencias indeterminables en el delicado equilibrio de la naturaleza.

El impacto de las actividades humanas modernas ha desencadenado una pérdida masiva de biodiversidad en todo el mundo.



En el planeta existen más de 7.7 millones de especies de animales y más de 20% está en peligro de extinción. Algunos de los animales más extraños y maravillosos de nuestro planeta caminan en la cuerda floja de la desaparición. Entre tal diversidad, es difícil explicar qué implica la extinción de alguna especie, pero sabemos que cada organismo cumple una función importante en la Tierra, como aquellos que tienen un rol polinizador,
los que controlan el crecimiento excesivo de una especie, o incluso los que se benefician de relaciones simbióticas con un huésped. Todas y cada una de estas especies juegan un papel fundamental en la biodiversidad, por lo que si desaparecen ponen en riesgo al resto de su ecosistema.

Pájaro

Según datos de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, aproximadamente 5.200 especies de animales se encuentran en el borde de la extinción.
Además, si se desglosa por clase, se encuentran en peligro de extinción 11% de las aves, 20% de los reptiles, 34% de los peces y 25% de los anfibios y mamíferos.

De acuerdo al Informe Planeta Vivo (IPV) 2020 de WWF, durante los últimos cincuenta años las poblaciones de mamíferos, aves, peces, reptiles y anfibios han disminuido en 68% en promedio; en América Latina el resultado es aún más impactante con una reducción del 94%.

Existen múltiples causas por las que una especie puede extinguirse, y cada caso se explica por razones tremendamente particulares. Sin embargo, en general, entre las mayores amenazas se encuentra la destrucción y fragmentación de los hábitats, el cambio climático, la caza y tráfico ilegal, y la introducción de especies exóticas. Detrás de todas estas está una razón de fondo: la actividad humana.

Adiós, muchachos…

La cacería es un tema aparte, que reviste la mayor gravedad. Varias de las especies más significativas de todo el inventario de vida en el planeta han sido conducidas al borde de la extinción por esta razón. El rinoceronte negro, que hace un par de siglos era un habitante común en el sur y este de África, hoy tiene su población total en menos de mil individuos.

Y su cacería continúa. La misma suerte a manos de cazadores corrió el célebre gorila de montaña, especie de la que quedan un par de centenares de individuos en los bosques de Congo y Ruanda.

La fragmentación de los hábitats es otra razón que ha conducido a numerosas especies al riesgo de desaparecer. Por ejemplo, el felino más grande de Suramérica, el jaguar, tiene su supervivencia en la cuerda floja, y la explicación es que la frontera agrícola y ganadera se ha extendido incontrolablemente en las zonas donde habita, quedando sus poblaciones fragmentadas. Al reducirse su hábitat –explica la Fundación Panthera– el jaguar encuentra cada vez menos presas naturales para alimentarse, y entonces debe entrar en contacto con el ganado, creando conflictos en los que siempre termina perdiendo.

Existen causas más complejas y difíciles de individualizar, como la introducción de especies exóticas. Un hábitat es en realidad el delicado equilibrio que se forma en la interacción entre diferentes especies, y muchas veces tan solo basta la aparición de una especie foránea para que ese equilibrio se destruya y las especies nativas empiecen a
verse afectadas.

Actualmente, en Colombia se han catalogado como especies invasoras el retamo espinoso, la rana toro, el caracol gigante africano, la trucha arcoíris, los hipopótamos del Magdalena Medio y el pez león del Caribe, entre otras, que suman 22 en la lista de mayor preocupación según Parques Nacionales.

Este último, el vistoso pez león, es un caso interesante. Originario del Sudeste Asiático, se desconoce la razón por la que terminó en el Caribe, aunque los científicos coinciden en señalar que, según el rastreo de su población, pudo ocurrir que tras los destrozos causados por el huracán Andrew, en la Florida, en 1992, algunos ejemplares escaparon de acuarios ornamentales. A partir de entonces, esta especie se ha reproducido a una velocidad desenfrenada, extendiendo su población por todo el Caribe. Sin depredadores naturales en esta zona, el voraz pez se ha dedicado a comer los juveniles de otros peces, poniendo en serio peligro el equilibrio natural de todo el arrecife.

Así, muchas otras especies enfrentan un futuro incierto en este planeta: el mandril, el oso polar y el oso panda, la hermosa mariposas monarca, el poderoso tigre de Bengala, nuestro oso de anteojos o andino (el único oso de Suramérica), el manatí, el mero guasa, el delfín rosado del Amazonas y el imponente cóndor de los Andes, el ave de mayor envergadura del mundo.

El fin de la biodiversidad

No sabemos a ciencia cierta las consecuencias que traerá la sexta extinción masiva. Lo que sí es cierto es que irán más allá de hecho de que nuestros nietos nunca verán especies tan emblemáticas en libertad.

La ausencia de una sola especie puede desequilibrar tanto un hábitat que este desaparece completamente, activando reacciones en cadena muy difíciles de predecir. Por eso, cada especie, por pequeña que esta sea, es importante en el sostenimiento de un sistema mucho mayor: se llama equilibrio.

La ausencia de una sola especie puede desequilibrar tanto un hábitat que este desaparece

completamente, activando reacciones en cadena muy difíciles de predecir.



Lo que sí se puede predecir con facilidad es que una de las consecuencias de la sexta gran extinción será la pérdida masiva de biodiversidad. Esto significa que en un futuro la variedad de la vida sobre el planeta se verá diezmada dramáticamente, mientras aumenta y prevalece la población de especies que le prestan servicios directos a la humanidad: el futuro será, entonces, un planeta lleno de vacas.