6 Agosto 2022

Canal del Dique, una fisura en una billonaria licitación

Manuel Felipe Gutiérrez y Diana Cardona, presidente y vicepresidenta de la ANI, se enfrentaron por el cronograma de la licitación del Canal del Dique.

Crédito: Yamith Mariño

CAMBIO reconstruyó con testimonios de funcionarios y exfuncionarios el minuto a minuto del naufragio de uno de los proyectos de infraestructura más ambiciosos de todos los tiempos.

Por: Alfredo Molano Jimeno

La instrucción que Manuel Felipe Gutiérrez dio desde su llegada a la presidencia de la Agencia Nacional de Infraestructura, en noviembre de 2019, después de haber sido viceministro de Infraestructura en el Ministerio de Transporte, fue tajante: “El proyecto del Canal del Dique se tiene que entregar en este gobierno”. Desde ese día, los funcionarios técnicos iniciaron una carrera a contrarreloj para cumplir la orden que, según se dijo siempre, provenía directamente de la vicepresidenta, Marta Lucía Ramírez, a quien nominaron como la “madrina del Dique”. Así empezó el viacrucis de una licitación de 3,2 billones de pesos cuyo puerto era ser adjudicada la última semana del gobierno de Iván Duque. Lo cual, finalmente, no ocurrió por la presión de la opinión pública, del gobierno entrante y de la renuncia de la funcionaria Diana Cecilia Cardona quien se desempeñaba como vicepresidenta de estructuración llevando sobre sus hombros el peso de estas presiones.

Un proceso de estructuración de una alianza público privada toma años y en algunos casos, como en el del Canal del Dique, tarda varios gobiernos. Esta empezó en la era Santos y ahora queda en manos del gobierno de Gustavo Petro. Una situación que no estaba prevista en los cronogramas, ni en las peores pesadillas del presidente de la ANI, quien hasta el último día buscó la manera de licitar las obras. La historia de este proyecto empieza en 2011, cuando la ola invernal provocó el rompimiento del Dique por Santa Lucía y la inundación de varias comunidades. El presidente Juan Manuel Santos apenas empezaba su mandato, por eso la llamó el “maldito fenómeno de la Niña”. Entonces creó el Fondo de Adaptación para enfrentar estas contingencias. La tragedia obligó a buscar una solución definitiva al canal, que fue construido en el siglo XVI por la Corona española para conectar la bahía de Cartagena con el río Magdalena, y ha sufrido tantas obras y rectificaciones que ya no es un cuerpo que conecta el tejido de ciénagas que hay entre Bolívar, Sucre y Atlántico, sino que se convirtió en una autopista que rompe los ecosistemas, aísla los cuerpos de agua y arrastra una gran cantidad de sedimentos al mar.

En 2014 empezaron los estudios y conceptos sobre qué hacer con el Dique. Hubo propuestas de toda índole, desde acabarlo para que las ciénagas retornen a sus flujos de aguas, hasta la realización de una fuerte intervención con obras, que fue lo que finalmente ocurrió. Por el canal pasa el 90 % del tráfico comercial del río Magdalena. En el segundo gobierno de Santos empezaron a estructurar el proyecto. Una exfuncionaria del Fondo de Adaptación que vivió este momento lo cuenta así: “Un concepto de un consultor del Fondo de Adaptación recomendó que se hiciera por una alianza público privada (APP). Algo que sólo se había hecho para carreteras. Un proyecto más ambicioso. En ese tiempo se dijo que no había que hacer consulta previa a las comunidades negras, que al final se hicieron oír con múltiples tutelas. También se dijo que no se necesitaba licencia ambiental sino un plan hidrosedimentológico. Con eso se pavimentó el proyecto”.

Para profundizar

Durante dos años, entre noviembre de 2019 y diciembre de 2021, los funcionarios de la ANI trabajaron en la estructuración del proyecto, convocaron al Ministerio del Interior para adelantar las 16 consultas previas, socializaron el proyecto y elaboraron todos los documentos técnicos para llevarlo a autorización del Ministerio de Hacienda. “Aquí empezamos a jugar con el cronograma, a colgar unos prepliegos para ganar días pues ya empezaba a haber alertas de que el tiempo no nos alcanzaría. Entre enero y marzo se trabajó intensamente en los detalles de la licitación, se resolvieron dudas y solicitudes de las empresas interesadas, que alcanzaron a ser como 18. El 21 de marzo se abrió la licitación, ya era muy apretado el tiempo para que las empresas pudieran estudiar el proyecto y hacer la oferta. Es un proyecto de alto riesgo por el monto y por los aspectos técnicos de la obra, pero la orden de la Presidencia de la ANI era cumplir el cronograma antes del 7 de agosto”, relató un contratista.

Pero no solo el tiempo era el problema, al apretado calendario se sumaron otras alertas. “Vi el aumento de críticas sociales al proyecto. Uno de los primeros opositores fue el abogado Adil Meléndez, quien creó un grupo de abogados y líderes que hicieron mucho ruido y resistencia, y denunciaron malos manejos en las consultas previas. A mitad de 2021 también salieron declaraciones de exparamilitares que contaban que el canal del Dique era una inmensa fosa común a donde echaron los cuerpos de miles de personas descuartizadas. Esto prendió las alarmas de la Comisión de la Verdad y la Jurisdicción Especial para la Paz, que empezaron a hacer llamados y a solicitar información. Aquí vi que el proyecto empezaba a tambalearse”, explicó un funcionario del área de diálogo social de la ANI.

En el otro frente de obra el panorama no era mejor. “El proyecto siempre tuvo problemas con el cronograma, pero también una fortísima presión para que fuera adjudicado en este gobierno. El punto de quiebre se dio después de las elecciones. Ganó Petro y se empezaron a oír cada vez más voces de oposición al proyecto. Artículos de prensa y declaraciones de políticos como Iván Cepeda, Gustavo Bolívar, el mismo Germán Vargas Lleras hacían llamados a suspender la licitación. Al mismo tiempo, la Contraloría empezó a solicitar información como yo nunca había visto y, obvio, ahí me empecé a preocuparme seriamente, porque ya vi a varios de los jefes, gerentes y vicepresidentes con preocupaciones por sus carreras”, describió una contratista que ha participado del proceso.

A mediados de julio, el proyecto hacía un estruendoso ruido en la opinión pública, mientras el hermetismo era total en la ANI. “Había miedo de que la licitación quedara desierta, porque ese es un gran fracaso para un proyecto de estos y ya había ocurrido con la navegación del río Magdalena. El 13 de julio, Sacyr presentó oferta y todos respiramos, pero a la semana se conoció de una multa internacional a la compañía. En ese momento ya mi preocupación se volvió angustia. Le dije a la doctora Diana que ella no era abogada y que buscara un concepto o pronunciamiento externo al tema pero, al parecer, Manuel se negó a que lo hiciera”, explica otro funcionario. 

Y continúa el relato del epílogo: “Las últimas dos semanas fueron infernales. La audiencia estaba citada para fue el jueves 4 de agosto. Muchas personas del piso sexto vieron a Diana enferma e incluso llorando. Ella le planteó a Manuel en varias ocasiones que ampliara el cronograma, él se negó y empezó un diálogo muy tenso. Ella decía que para que no perdiera legitimidad el proyecto era mejor que el nuevo gobierno tomara una decisión. A estas alturas era clara la inconveniencia de adjudicar así, pero el presidente de la ANI insistía en que no se podía modificar el cronograma. Decía que era un compromiso del Gobierno, de la vicepresidenta, que todo iba a estar bien. Él llevó a Diana a una situación límite. La carameleó para cerrar el cerco y que ella no pudiera tomar una decisión. En algún momento dijo que tranquila, que iba hablar con el equipo de empalme de Petro y para que el presidente electo pusiera un trino de apoyo al proyecto”, dice una fuente de la oficina de comunicaciones.

El lunes pasado, la relación entre la vicepresidenta de estructuración y el presidente de la ANI era de evidente molestia. Ella le planteó que no iba a firmar la adjudicación y le advirtió que prefería renunciar. Lo extraño es que si el presidente de la ANI tiene la facultad de firmar el proyecto, más de un funcionario de la entidad se preguntaba por qué no lo firmaba él. El martes hubo absoluto silencio, y el miércoles Diana tuvo claro que la única salida era la carta de renuncia. Manuel la convenció de que hiciera una carta protocolaria sin explicar sus motivaciones, para no hacerles daño a la entidad ni a sus compañeros. Además, le pidió que firmara la adenda de ampliación por un día para poder estudiar bien la decisión. Ella lo hizo y le pidió que el tema fuera llevado a un comité de contratación, donde públicamente iba a defender la propuesta de ampliar el plazo de al menos tres semanas. 

Pero la diplomacia se acabó cuando Daniel Coronell salió en su reporte de W Radio. Un testigo de este desenlace en la ANI narró lo siguiente: “Manuel montó en cólera. Llamó a Diana, le dijo que le aceptaba la renuncia y la acusó de filtrar información a la prensa. Ella le dijo que no había problema y cuando se dirigía para la oficina a radicar la carta de renuncia, le llegó la resolución de la aceptación. La carta de renuncia que le aceptó el presidente de la ANI a la funcionaria es distinta a la que ella radicó y en la que explica los motivos de su renuncia, lo cual implica que alguien tuvo que radicar la carta de renuncia sin su autorización y sobre la cual el presidente de la ANI emitió la resolución donde le informaba que no continuaba más en la institución”. 

Así terminó el paso por la ANI Diana Cardona, a donde había llegado recién graduada y salido convertida en una funcionaria pública ejemplar con un alto sentido de responsabilidad.  El testigo concluye que Diana Cardona de inmediato pidió radicar la carta donde explicaba los motivos de la renuncia. Mientras Manuel se veía descontrolado y lleno de frustración. Es en ese momento en el que sale a los medios a decir que se aplazaba porque él creía que era la mejor decisión. Así disfrazo de sensatez el fracaso de la adjudicación del Dique.