29 Julio 2022

¿Colombia y Venezuela de nuevo hermanados? No tan rápido

Bogotá y Caracas se han puesto de acuerdo en avanzar en la reapertura de la frontera y el restablecimiento de las relaciones diplomáticas y consulares.

Crédito: Yamith Mariño

El presidente electo, Gustavo Petro, ha dado importantes avances para normalizar las relaciones con el gobierno venezolano y anunció que el 7 de agosto hará el nombramiento de su embajador en Caracas. Sin embargo, después de tantos años de tensiones, reconstruir la relación no será tan fácil como parece.

Por: Jesús Mesa

Colombia y Venezuela anunciaron que restablecerán sus relaciones diplomáticas a partir del 7 de agosto, cuando asuma el presidente Gustavo Petro. Los dos países acordaron esta semana una “normalización gradual” que incluye nombrar embajadores y funcionarios consulares luego de años de tensiones. Una decisión que distintos expertos en política exterior consideran acertada, pero que anticipan que no será tan rápida como podría esperar el mandatario electo o sus electores.

Esta semana, el ministro venezolano de Relaciones Exteriores, Carlos Faría, recibió al canciller designado de Colombia, Álvaro Leyva, en San Cristóbal, capital del estado Táchira, y, en palabras de ambos, fue una "reunión exitosa".

Durante el encuentro, que duró unas tres horas, se tocaron 14 puntos de interés bilateral. Se "habló de los planes de paz y seguridad para toda la frontera", de la "apertura progresiva, económica y comercial de la frontera" y de "planes hacia el futuro" entre ambos países, según comentó el presidente venezolano Nicolás Maduro.

"Le agradezco al presidente Gustavo Petro haber enviado a su canciller, Álvaro Leyva, hasta San Cristóbal", dijo Maduro durante el acto transmitido por la televisión estatal.

No obstante, como explica Ronal Rodríguez, investigador del Observatorio de Venezuela de la Universidad del Rosario, a pesar de las buenas intenciones de Petro de normalizar las relaciones con el gobierno de Nicolás Maduro, hay varios temas de fondo que harán que este proceso no sea tan rápido como espera el presidente electo.

“El restablecimiento de la relación entre Colombia y Venezuela tendrá que basarse en tres temas clave: la recuperación de la zona de frontera, la normalización de la relación consular y el manejo de la crisis migratoria”, asegura Rodríguez, quien cree que cuatro años es muy poco tiempo para normalizar algo que “está roto” desde 2015.

Si bien en los cuatro años del gobierno de Iván Duque la relación de Colombia con Venezuela fue casi inexistente, los problemas con el gobierno de Nicolás Maduro no comenzaron en 2018 con la llegada del mandatario uribista, sino que tienen su origen en el segundo periodo de Juan Manuel Santos en la presidencia. 

Entre 2014 y 2015, el presidente Maduro argumentó que la inseguridad y la crisis económica en Venezuela se debían a los paramilitares colombianos y al contrabando de gasolina. Este discurso de odio se tradujo en las llamadas “operaciones para la liberación del pueblo”, que llegaron a las zonas de frontera en agosto de 2015 y que forzaron el desplazamiento de más de 23.000 colombianos. 

Aunque la crisis diplomática duró poco y quedó zanjada en septiembre de 2015, dos años después, luego de que el Tribunal Supremo de Justicia venezolano asumiera las funciones de la Asamblea Nacional, en ese entonces con mayoría opositora, Colombia llamó a su embajador en Caracas y habló por primera vez de “dictadura”. No obstante, a pesar de la tensión, las relaciones no estaban rotas.

Pero fue con Duque que la relación entre Colombia y Venezuela llegó al peor momento de su historia diplomática. En febrero de 2019, después de que el gobierno Duque apoyara el ingreso a la fuerza de ayuda humanitaria hacia Venezuela y reconociera a Juan Guaidó como mandatario, Maduro expulsó al personal diplomático y consular colombiano. Desde entonces, la relación entre las autoridades de los dos países se limita a las mutuas acusaciones y descalificaciones. Una diplomacia en completo abandono.

 

El tema consular

Un claro ejemplo del estado en el que se encuentran las relaciones diplomáticas entre ambos países es la casa donde funcionaba el consulado venezolano en Bogotá, ubicado en la Autopista Norte: abandonada, carcomida por la vegetación e invadida por habitantes de calle.

Como esta casa, en Colombia había nueve consulados venezolanos que desde 2019 siguen sin doliente. De restablecer las relaciones entre los dos países, explica Ronal Rodríguez, el gobierno de Petro tendría que asumir económicamente la recuperación de dichos predios, así como garantizar a la misión diplomática venezolana unas condiciones óptimas para operar en el país. 

“Muy seguramente, en el marco de la negociación, el régimen va a exigir una indemnización para la recuperación de ese consulado, lo cual en derecho consular le va a corresponder a Colombia, pues fue el que no hizo vigilancia. Eso mediáticamente va a ser difícil de manejar para el presidente entrante”, cuenta Rodríguez.

Pero el problema no sería solo para Colombia. Durante el tiempo en que Colombia y Venezuela no mantuvieron relaciones diplomáticas, la migración de ciudadanos del vecino país se disparó a 1,8 millones, según los últimos datos de Migración Colombia. Así las cosas, en caso de que Venezuela anuncie la reapertura de sus consulados, es probable que colapsen por una masiva solicitud de pasaportes o de otros procesos. 

Otro punto a tener en cuenta es el de los colombianos residentes en el vecino país. De acuerdo con cifras del Observatorio de Venezuela de la Universidad del Rosario, en los últimos años retornaron más de 980.000 colombianos. Eso quiere decir que Colombia tendría que replantearse dónde piensa poner sus consulados y quiénes ocuparán esos cargos.

“Recuperar las misiones tiene una complejidad altísima porque implica capacitar a un equipo diplomático en el manejo de la relación y todo eso tiene una serie de retos, pues ya vamos casi siete años de desencuentros y tensiones”, explica Ronal Rodríguez. 

 

Reabrir la frontera

El intercambio comercial entre Venezuela y Colombia, que rozó los 7.200 millones de dólares en 2008, se desplomó con el cierre parcial de la frontera en 2015, y el cierre total en 2019. Por eso, la inminente reapertura con la llegada de Petro ha generado un optimismo que hace mucho tiempo no se veía en las ciudades fronterizas.

Cúcuta, por ejemplo, a pesar de ser la ciudad con la inflación más alta (13,65 %) y ser la segunda en informalidad (65,2 %), tuvo un repunte en el Índice de Confianza del Consumidor (ICC), cuya cifra se ubicó en 46,2 % en la Encuesta Pulso Social (EPS) realizada por el Dane. Juan Daniel Oviedo, director de la entidad, expresó que el optimismo ha ido creciendo por las expectativas que genera la reapertura de la frontera y de las relaciones con Venezuela. 

“Los hogares en Cúcuta, casi tres cuartas partes de ellos, consideran que la situación económica será mejor o mucho mejor en los próximos 12 meses”, manifestó el funcionario.

Víctor Bautista, secretario de Fronteras, Asuntos Migratorios y Cooperación de Norte de Santander, es quizás una de las personas que más conoce las dinámicas fronterizas entre Colombia y Venezuela. El funcionario cucuteño trabajó en la Cancillería durante el gobierno de Santos y en la administración Duque es quien ha liderado los diálogos con las autoridades chavistas para la reapertura de las fronteras.

“Lo esencial es recuperar la confianza. Llevamos casi siete años en un tire y afloje en el que, desde la frontera, se siente una sensación de desgaste. Ya está claro que la confrontación no funcionó y la mejor solución es buscar canales de diálogo entre las dos partes”, asegura Bautista a CAMBIO. 

Este último año, Bautista se ha reunido en varias oportunidades con el chavista Fredy Bernal, gobernador del Táchira y quien ha servido de puente entre el gobierno colombiano y el venezolano para el restablecimiento de las relaciones comerciales, anunciadas a comienzos del año. La Cámara de Integración Económica Colombo-Venezolana (Cavecol) maneja proyecciones entre 800 millones y 1.200 millones de dólares para este año, después de que bordeara solo 400 millones en 2021. 

Sin embargo, Bautista cuenta que, a pesar de la buena voluntad del gobierno entrante, hay unos temas que son importantes para pensar en una reapertura total.

“La apertura no va a ser tan rápida porque hay unos procesos institucionales que toca coordinar. Aduanas, migración, salud pública frente al manejo de enfermedades, son todos temas que tienen su complejidad. Esto sin contar con el tema de la seguridad, que en los últimos años, por cuenta de las disputas diplomáticas, ha dejado a la frontera a su suerte”, explica. 

 

"Desmarcarse de Maduro"

Colombia y Venezuela comparten miles de kilómetros de frontera y tanto allá como acá viven millones de ciudadanos de ambos países. La inexistencia de relaciones bilaterales ha facilitado que la delincuencia se haya tomado las zonas limítrofes, por donde se pasean las disidencias de las Farc, el ELN y algunos frentes del Clan del Golfo. 

La frontera entre los dos países es hoy la zona del mundo donde hay más concentración de cultivos ilícitos, según mediciones de Naciones Unidas. 

Bajo este panorama, el restablecimiento de las relaciones con Venezuela es parte fundamental de la política exterior del entrante gobierno de Petro, descrita por uno de sus colaboradores más cercanos como similar a la implementada por el gobierno de Virgilio Barco, cuando se privilegiaron las buenas relaciones con la comunidad internacional, independientemente de las ideologías de sus gobernantes.

En ese sentido, el nuevo gobierno proyecta poner en marcha una política de buena vecindad, con la que busca consolidar las relaciones y el entendimiento con los países vecinos. Eso sí, advierten tanto Bautista como Rodríguez, es clave que Petro logre desmarcarse pronto de Maduro y así no permitir que el gobierno venezolano capitalice el plan del presidente electo como un triunfo de la revolución. 

“Si el presidente desea trascender y convertirse en un líder de izquierda respetado, tiene que tener cuidado. Si bien hay una sintonía ideológica entre el nuevo gobierno y el de Maduro, debe dejar clara una diferencia entre un proyecto de democracia de izquierda y un proyecto autoritario”.