5 Junio 2022

¿Cómo le fue a Gustavo Petro en la Alcaldía de Bogotá?

El líder del Pacto Histórico gobernó Bogotá desde enero de 2012 hasta diciembre de 2015.

Crédito: Yamith Mariño

El líder del Pacto Histórico cuenta con una alta popularidad en la capital de la república, pero esto no fue así durante los años de su mandato. Tuvo importantes logros en lo social, pero se quedó corto en infraestructura y movilidad.

Las elecciones del 29 de mayo confirmaron que Bogotá es un bastión electoral de Gustavo Petro. En ninguna otra parte el candidato del Pacto Histórico consiguió tantos votos como en la capital, donde recogió 1,7 millones, de los 8,5 millones que sacó en todo el país. 

Nada de esto hubiera sido posible sin el paso de Petro por la Alcaldía de Bogotá entre 2012 y 2015. Su proyecto de ciudad, denominado 'Bogotá Humana', proponía enfocarse en el desarrollo social frente a las propuestas de “cemento” de Enrique Peñalosa, su principal rival político.

Pero la suya fue una alcaldía marcada por las polémicas. Decisiones administrativas como la de suspender las corridas de toros en Bogotá, la crisis generada por el manejo de las basuras en la ciudad –que le dieron pie a la Procuraduría de Alejandro Ordóñez para sancionarlo, destituirlo e inhabilitarlo– y sus peleas con el Concejo marcaron una administración que en su momento no fue bien calificada por los bogotanos. 

El triunfo en las elecciones

Antes de llegar a la Alcaldía de Bogotá, Petro era un reconocido congresista y excandidato presidencial. En sus años en el Capitolio, se destacó por denunciar a decenas de sus colegas por tener relación con paramilitares y narcotraficantes, y por su fuerte oposición al gobierno de Álvaro Uribe. Como senador del Polo Democrático, también fue reconocido por develar parte del escándalo del carrusel de la contratación de Bogotá, sin importarle que el entonces alcalde de la ciudad, Samuel Moreno, fuera miembro de su partido.

Con 50 años, Petro incursionó por primera vez en una carrera presidencial en el año 2010 y consiguió la candidatura del Polo Democrático al ganarle a Carlos Gaviria Díaz. Esa vez quedó en cuarto lugar y sacó 1’331.267 votos, de los cuales 241.381 provinieron de Bogotá. 

Un año después, para la campaña por la Alcaldía de Bogotá, ya sin el aval del Polo, Petro formó el movimiento “Progresistas” y ganó las elecciones con 732.308 apoyos (un poco más del 33 por ciento del total en la ciudad), venciendo a Enrique Peñalosa. 

Tensa relación con el Concejo

Gustavo Petro fue el alcalde que menos votos necesitó para obtener la victoria, algo que sin duda le significó una gran dificultad en su mandato. Al haberse apartado del Polo Democrático y optado por un nuevo movimiento, Petro llegó al Palacio de Liévano acompañado de apenas ocho concejales de Progresistas. La gobernabilidad era un reto y pronto él y su secretario de Gobierno, Antonio Navarro Wolff, negociaron la llegada de distintos concejales a su gabinete, lo cual le dio aire en los primeros meses de su administración.

Petro nunca obtuvo las mayorías en el Concejo y su relación fue bastante tensa. Sin embargo, a pesar de que los cabildantes no bajaban al alcalde de “mal gerente”, le pasaron proyectos como el Plan de Desarrollo, los presupuestos, la modificación a la valorización, la creación de la Secretaría de la Mujer, la conversión del Fopae en el Idiger y el cupo de endeudamiento, entre otros.

En junio de 2013, no obstante, se hundió la modificación al Plan de Ordenamiento Territorial (POT), clave en la apuesta de ciudad de Petro, y su relación con el Concejo se vino abajo. Al POT le siguieron hundimiento y dilataciones de proyectos como la modernización tributaria, la creación de la empresa Metro y las vigencias futuras para colegios en concesión. El alcalde terminó su mandato con una relación con el Concejo debilitada e incluso perdiendo concejales que en un comienzo lo habían apoyado.

 

Educación: altas y bajas

Según el informe de la Veeduría Distrital, en materia de educación Petro dejó varias metas con alto riesgo de incumplimiento. Uno de los lunares de la Bogotá Humana fue quedarse corto en la creación de los 30.000 nuevos cupos en educación pública distrital para estudiantes de estratos 1, 2 y 3. Solo se crearon 3.959 cupos hasta diciembre de 2015, correspondientes al 13,20 por ciento de la meta. 

Otra promesa que quedó en el aire fue la de construir o adecuar 86 colegios nuevos, 30 en lotes nuevos y 56 restituidos en predios preexistentes. Hasta finales de 2015 se habían construido o restituido 18 colegios, equivalentes al 20,93 por ciento de la meta. Las dos nuevas sedes para la Universidad Distrital (0 por ciento construido) también quedaron en veremos.

Pero si falló en infraestructura, la alcaldía de Petro consiguió importantes logros, como superar la meta específica de atención a la primera infancia; garantizar alimento escolar para 890.000 estudiantes; conseguir que un millón de niños, niñas y adolescentes se matricularan gratuitamente desde prejardín hasta grado 12; dotar de acceso a internet de alta velocidad al 100 por ciento de los colegios de la capital e implementar de manera exitosa la jornada escolar de 40 horas semanales para 250.000 niños, niñas y adolescentes.

 

Menos homicidios, pero mayor percepción de inseguridad

A lo largo de la campaña por la presidencia, uno de los caballitos de batalla de Petro han sido los indicadores de inseguridad durante su alcaldía en Bogotá. Sin embargo, el balance de su administración en este tema depende de cómo se le mire y qué datos se tomen en consideración. 

De acuerdo con los datos levantados por Bogotá Cómo Vamos, Petro tiene razón en decir que durante su gobierno la tasa de homicidios en la ciudad llegó a mínimos históricos (17 casos por cada 100.000 habitantes), una tendencia que también se vivió en todo el país.

Sin embargo, a pesar de los buenos números en homicidios, para finales de 2015 la percepción de inseguridad en la ciudad (38 por ciento) fue la más alta desde 2008, cuando el porcentaje estaba en 24 por ciento. 

Pero como dato curioso, a pesar de que la percepción de inseguridad era alta, el porcentaje de personas que dijeron ser víctimas de un delito bajó del 24 al 20 por ciento en el último año; un porcentaje que estuvo 19 puntos por debajo del de 2009, cuando marcó 39 por ciento, según esta misma medición.

 

Avances en lo social: sí, pero con lupa

Petro con frecuencia ha sacado pecho sobre los resultados de su alcaldía en el plano social, en especial en lo que refiere a pobreza, desnutrición, déficit habitacional y embarazo adolescente, indicadores en los que sí hubo avances.

En 2015, haciendo un balance de su administración, Petro dijo: "Bogotá tenía 800.00 pobres y hoy tiene 400.000. En tres años eso es una revolución. Mírese donde se mire, bajo cualquier óptica o ideología; compárese con otro país o ciudad”.

No obstante, aunque las cifras de la administración Petro son buenas, estas coincidían con una tendencia nacional positiva y no dependían completamente de políticas impulsadas por el alcalde. 

Esto queda ilustrado en el índice de pobreza multidimensional (que no mide ingresos, sino condiciones de vida, como acceso a salud y educación), que bajó del 11,1 por ciento en 2012 al 4  por ciento en 2015. La diferencia de 6,6 puntos porcentuales fue levemente menor a la del país, de 6,8.

En cuanto a pobreza monetaria (que mide ingresos), la reducción fue de menos de un punto porcentual, mientras que la nacional bajó cinco puntos.

La pobreza extrema se mantuvo en 2 por ciento entre 2012 y 2015, mientras que la nacional sí se redujo en cinco puntos.

 

Impopular durante su mandato

Aunque el alcalde Petro en su momento decía que sus acciones serían evaluadas “con el tiempo”, lo cierto es que durante su mandato los bogotanos no sentían que las cosas en la ciudad fueran por buen camino. De acuerdo con una encuesta de Bogotá Cómo Vamos de 2015, para el 73 por ciento de los bogotanos las cosas en la ciudad iban por mal camino y el 68 por ciento tenía una imagen desfavorable del alcalde, un porcentaje que solo resulta superado por la mala imagen de Samuel Moreno en 2010 y 2011. 

La desconfianza en la gestión del alcalde no se vio afectada por la sanción administrativa de la Procuraduría. De hecho, según la encuesta,  pasó de un 33 por ciento en 2014 a 18 por ciento en 2015. En 2012, la misma encuesta mostraba el porcentaje de confianza en 24 puntos, y en 2013, en 27.

La mala imagen de Petro se vio luego reflejada en las urnas, pues su principal contradictor, Enrique Peñalosa, arrasó en las elecciones locales y venció sin mayores inconvenientes a sus rivales Rafael Pardo y a Clara López, quien se pensaba podría continuar las banderas de la Bogotá Humana.

 

Movilidad

Durante la administración de Gustavo Petro el tema de la movilidad fue uno de los más complejos. Gran parte de la campaña del entonces alcalde de Bogotá se enfocó en la construcción de un metro subterráneo, que, aunque llegó a un nivel avanzado de estudios, no pudo concretarse por múltiples factores, entre ellos las peleas del alcalde con el Concejo y la poca voluntad política por parte del Gobierno nacional de apoyar el proyecto.

Sin un metro para mostrar, de acuerdo con el informe final de la Bogotá Humana, fueron 14 metas en movilidad (37 por ciento del total) las que quedaron con un nivel alto de ejecución. Petro pudo sacar pecho por la conservación y rehabilitación del 13 por ciento de la malla vial local, así como de la implementación del Sistema Integrado de Transporte Público (SITP), el cual logró poner en funcionamiento con alrededor del 40 por ciento de las rutas planeadas. 

Pero con TransMilenio fue otro el cantar. De alcalde, Petro fue uno de los principales enemigos del sistema y fue poco lo que se avanzó en materia de obras para ampliar la cobertura de los buses rojos en la capital. En el Plan de Desarrollo propuesto por la Bogotá Humana, uno de los objetivos era el ampliar la red de TransMilenio en un 46 por ciento a través de la construcción de la troncal de la Avenida Boyacá. En este apartado, la administración progresista solo cumplió con el 3 por ciento. Otras obras en la que no se avanzó ni un centímetro fue en la reconstrucción de las troncales de la Avenida Caracas y Autopista Norte.

Esto sin contar el tema de los subsidios a los pasajes de TransMilenio, que abrieron un hueco fiscal en las finanzas de la empresa.  Entre 2012 y 2015, tiempo en el que gobernó Petro, los pasajes no subieron de precio; por el contrario, en agosto de 2012 la alcaldía decretó una reducción: pasó de 1.750 pesos a 1.700 en hora pico, y a 1.400 en hora valle. Con los años, las siguientes alcaldías tuvieron que subir el precio del pasaje para sanear las finanzas del sistema.