14 Septiembre 2022

El accidentado arranque de Irene Vélez: ¿qué tanta gasolina le queda?

Crédito: Yamith Mariño

La ministra de Minas lleva apenas cuatro semanas de viaje en el nuevo Gobierno y ya las millas se le están acabando, por cuenta de sus tropezones en el Congreso y con la prensa. ¿Hasta dónde le alcanzará el combustible?

No han sido días fáciles para la ministra de Minas y Energía, Irene Vélez. La emoción que generó su nombramiento, debido a su liderazgo ambiental, se ha ido desmoronando en las últimas semanas por cuenta de sus desafortunadas declaraciones públicas. La expectativa derivó pronto en una lluvia de críticas que tienen a Vélez, y a buena parte del Gobierno, a la defensiva y justificando cada una de sus salidas en falso. Vélez es por lejos la más criticada y cuestionada de todos los ministros, incluso por encima de Guillermo Reyes, quien está acusado de plagio; y, dada la actual coyuntura, todo apunta a que el camino se volverá más tortuoso cuando Gustavo Petro ordene el aumento en el precio de la gasolina.

El padre de Irene Vélez fue fundamental para su llegada al Ministerio de Minas y Energía. Hildebrando Vélez, un académico y activista reconocido nacionalmente por la defensa de los derechos de las comunidades afrocolombianas, fue uno de los asesores más cercanos de la vicepresidenta Francia Márquez en su postulación a la consulta para elegir al candidato presidencial del Pacto Histórico, que se celebró el pasado 13 de marzo. Tras la derrota, que vino acompañada de un sorpresivo segundo lugar apalancado por 783.000 votos, el profesor Vélez continuó ligado a la lideresa caucana. Su lealtad inquebrantable fue recompensada. 

Con la confirmación de Márquez como fórmula de Petro en el tarjetón y su posterior triunfo electoral, la nueva vicepresidenta sugirió el nombre de Irene Vélez para comandar el Ministerio de Minas y Energía. Pese a su formación de pregrado como filósofa, su currículo daba fe de un historial de lucha por el medioambiente y el correcto manejo de los recursos naturales, por lo que muchos aplaudieron la decisión. El propio presidente se refirió a ella como “una mujer con amplia experiencia en el sector ambiental y que tendrá la ardua tarea de liderar la transición hacia una economía no extractivista”.

¡Emergencia, emergencia!

Pero la designación se ha ido desdibujando de forma acelerada. Primero, tan solo días después de haberse posesionado, la ministra señaló que el país no firmaría nuevos contratos de exploración de gas y que, en caso de que no se pudiera abastecer a la población, la solución sería comprárselo a Venezuela. Ante las recriminaciones de expertos del sector, a quienes les parecía absurdo comprar caro el gas a Venezuela en vez de producirlo barato en Colombia, no tardó en echarse para atrás en su afirmación. 

Para profundizar

Luego vinieron sus declaraciones en el Congreso Nacional de Minería de 2022: “Nosotros necesitamos exigirles también en el marco de esta geopolítica global a los otros países que comiencen a decrecer en sus modelos económicos, porque de ese decrecimiento depende también que nosotros logremos un equilibrio mayor y que los impactos del cambio climático nos afecten menos”.

Si bien la teoría del decrecimiento existe y tiene amplia acogida en círculos académicos, ese momento preciso de su intervención fue compartido en redes sociales y los opositores del Gobierno lo recibieron como un acto de ingenuidad de la funcionaria, pues a nadie se les ocurriría pedirles a sus vecinos que dejen de desarrollarse. Esa misma tarde vino su desplante a los periodistas, cuando se negó a responder las preguntas que le formulaban a la salida del Congreso, y una semana después se equivocó en el monto del déficit que existe en el Fondo de Estabilización de la Gasolina, cuando lo ubicó en unos 10.000 billones de pesos. Aunque fue evidente que lo que quiso decir fue 10 billones, según los cálculos gubernamentales el déficit era mucho más alto y estará a final de año cerca de los 35 billones.

La más reciente estocada la recibió por cuenta de su intervención en el Congreso de la República, durante un debate de control político, el pasado 12 de septiembre. Vélez estaba explicando las medidas que se van a ejecutar para mitigar el aumento de las tarifas de energía, cuando el senador Inti Asprilla, de la coalición oficialista, le advirtió que, por ley, no estaba autorizada para leer lo que le iba a decir a la audiencia.

Para profundizar

El episodio no pasó inadvertido. Aunque no es la primera vez que un ministro lee en un debate frente a los legisladores, la seguidilla de desaciertos de Vélez hicieron que este nuevo desliz le saliera caro. Las redes sociales se inundaron de personas pidiendo su dimisión y cuestionando las razones por las que fue considerada para entrar al Gobierno. El presidente, a través de un trino en su cuenta de Twitter, publicó un hilo en el que apoyó a Vélez y acusó a sus detractores de esforzarse por “destruir a una ministra capaz y honesta”.

José Antonio Ocampo, el ministro de Hacienda, confirmó el pasado martes que los aumentos en los precios de la gasolina empezarán a evidenciarse desde octubre. Con la eliminación de los subsidios, el galón pasará gradualmente de los 9.500 pesos que cuesta hoy a los 16.000 pesos, según los cálculos del Gobierno. Es una determinación que probablemente generará un malestar generalizado y que podría manifestarse en protestas y bloqueos, así como ha ocurrido en otros países latinoamericanos. Una de las carteras llamadas a ser parte de la solución y calmar las aguas es el Ministerio de Minas. En consecuencia, la ministra Vélez tendrá que poner la cara en un momento en que su imagen está particularmente débil. Tanto, que es difícil pronosticar si tendrá suficiente "gasolina" para afrontar el reto que se avecina. Si ni siquiera ha tomado la primera decisión de fondo y ya está en la cuerda floja solo por su accidentada relación con los parlamentarios y con la opinión pública, no se sabe qué pueda pasar cuando le toque socializar las medidas impopulares o mediar con los gremios afectados ante una posible crisis.

Crítica exagerada

CAMBIO conversó con Sergio Guzmán, director de la consultora de riesgo político Colombia Risk Analysis, y con Mauricio Jaramillo, profesor de la Universidad del Rosario, sobre cuáles deberían ser los pasos del Gobierno de ahora en adelante: aguantar o pedirle la renuncia a Irene Vélez.

“Hay que reconocer que lleva cuatro semanas. No es mucho lo que ha hecho. Durante este tiempo, más allá de ciertos anuncios que generan inquietud, su actuación no representa una falta grave. Demuestran muchísimas cosas, pero no una falta grave de la ministra. Lo que sí es verdad es que, evidentemente, no está preparada para el cargo, ni para responder ante el Congreso y tampoco para comunicar sus puntos de vista con los medios de comunicación. En general, no ha sido capaz de dar tranquilidad respecto de la visión que busca implementar el Gobierno”, señaló Guzmán.

En su criterio, los cambios que planteó Gustavo Petro frente a la transición energética todavía no son claros y, por ende, generan cierto temor sobre sus posibles consecuencias en materia económica. En su criterio, el presidente no se moverá de su posición de mantener a Vélez en su gabinete.

“El Gobierno se muestra muy testarudo. No solo al mantener a la ministra en su cargo, sino al transmitir mensajes distintos. Parece que el Gobierno no quiere ceder, no quieren dar su brazo a torcer, y menos con la industria extractiva, a la cual ve con una mezcla entre desprecio y desconfianza. Entonces, en ese sentido, creo que sería bueno que el Gobierno tendiera puentes con el sector y que tratara de buscar un mejor relacionamiento. Con esta ministra como líder de ese esfuerzo, va a ser difícil”, aseguró.

Por su parte, Mauricio Jaramillo considera que un paso al costado de Vélez sería un fallo, ya que la crítica en su contra, en buena medida, ha sido exagerada.

Lo que ha pasado no es suficiente para que renuncie. En realidad el único error grave que cometió, que creo que es muy reprochable, es el de la rueda de prensa. Un ministro no puede dejar a los periodistas con la palabra en la boca. El error de los 10.000 billones es un lapsus que puede pasarle a cualquiera. Pedirle que se vaya porque leyó en el Congreso es desproporcionado. Todos los ministros se equivocan. Cuando Carolina Barco era canciller, por ejemplo, y fue a dar las explicaciones de por qué Colombia apoyaba la guerra en Irak, alguien también le dijo que no podía leer. El control político debe ejercerse por error y se pide la renuncia cuando son fallas graves. En este caso, creo que hay mucha predisposición hacia cualquier cosa que haga o diga la ministra”, advirtió.

Insistió en que lo correcto es esperar un periodo prudente para no causar traumatismos internos ni externos.

“Hay que acordarse de que este es un Gobierno sobre el que se ha especulado mucho alrededor de qué tanto puede mantener la estabilidad. Si Petro empieza a cambiar ministros, cuando apenas lleva un mes, es una pésima señal frente a los inversionistas extranjeros y centrales de riesgos. Quizá lo que quiere el Gobierno es mantener el gabinete un tiempo prudente. Si la ministra sigue causando polémicas, pues la reemplazarán, pero por el momento quieren evitar que les pase lo que le pasó a Castillo en el Perú, que cambió muchos ministros en poco tiempo”, concluyó.

El aspecto resaltado por Jaramillo es clave. Vélez, por fuera de sus metidas de pata, ha demostrado tener cierto conocimiento del sector energético –siempre desde una postura crítica y cercana al activismo ambiental– y está asesorada de expertos que la pueden guiar en cada uno de los problemas con los que deba lidiar. En lo que no pueden influir, más allá de lo que su equipo de comunicaciones pueda trabajar en algunos aspectos, es en sus intervenciones frente a los medios de comunicación. Petro puede tener a una persona dúctil y capacitada, pero difícilmente seguirá aguantando abnegadamente la crítica si su ministra no corrige el caminado. Está en manos de Vélez, pero ahora deberá trepar cuesta arriba porque el primer mes de Gobierno ya lo perdió.