8 Agosto 2022

Gustavo Petro: el arranque

Foto: Julián Lineros

Hoy serán radicadas ocho reformas del nuevo gobierno, entre ellas la tributaria, la agraria, la política y la del sistema de salud y pensiones. El presidente entregó los puntos básicos en su discurso.

El presidente Gustavo Petro propuso en su discurso de posesión que sea rebajada la deuda externa a cambio del aporte de países como Colombia a la descontaminación del planeta. Transitar hacia una economía con energías limpias sin carbón, ni petróleo. También buscar la soberanía alimentaria. Usar los helicópteros del Ejército para transportar enfermos y a los ingenieros militares para construir caminos y distritos de riego. Reconocer el fracaso de la guerra contra la droga y buscar un acuerdo multilateral para cambiar de estrategia. Cada uno de estos puntos de su discurso  merecería un libro, sin embargo, lo concreto son ocho reformas que los ministros de cada ramo llevarán hoy al Congreso.

Esas reformas incluyen la tributaria, la agraria, la de salud y pensiones, la política, la laboral y la educativa. Sobre el tema tributario, el presidente planteó que “es necesario llevar una parte de la riqueza de las personas que más tienen y más ganan, para abrirles las puertas de la educación a toda la niñez y la juventud". Según Petro se trata simplemente de cumplir con impuestos solidarios que no serán confiscatorios.

El proyecto de reforma tributaria es esperado con ansiedad por los empresarios de Colombia y por los profesionales con sueldos de 10 millones de pesos hacia arriba. El mayor temor se centra en la creación de un impuesto a los dividendos que, según algunos expertos, podría desestimular la inversión nacional y extranjera ya que gravaría las utilidades y podría impedir la movilidad de los capitales. Por otro lado, los empleados con salarios altos temen que los impuestos terminen sacándolos de la clase media por empobrecimiento. 

Sobre la reforma agraria Petro dio algunas puntadas: dijo, por ejemplo, que Colombia tiene que cultivar más maíz, que es la base de la dieta nacional, y una forma de recuperar la soberanía alimentaria. Es decir, que el país no tenga necesidad de importar alimentos básicos. Sobre esto señaló que además de la tierra el Estado tiene que brindar “riegos, créditos, técnicas, semillas mejoradas, protección, el campesinado y la empresa privada pueden brindar el trabajo y el empeño cotidiano para lograr que nuestros campos vuelvan a producir los alimentos que necesita nuestro pueblo”.

El planteamiento, filosóficamente, suena muy bien pero hay alarma en el sector agropecuario porque temen que el gobierno quiera cambiar la vocación de tierra dedicada a otros cultivos y al ganado sin consultar las posibilidades reales de finqueros y trabajadores agrícolas. Vale decir,  que ven inviable que comunidades que ancestralmente se han dedicado al cultivo del arroz o la ganadería puedan cambiar sus siembras por decreto. Algunos insinúan que decisiones como esta acercan al país a un esquema de economías centralmente planificadas, como el que caracteriza a los países comunistas. Sin embargo, en muchas naciones capitalistas se viene impulsando la participación del Estado en el uso de la tierra para diversificar la producción, optimizar el uso del agua, generar empleos e ingresos nuevos. 

Gustavo Petro
Gustavo Petro / Foto: Julián Lineros


Un anuncio de Petro que sorprendió fue el de que los bienes extinguidos o en proceso de extinción de dominio “pasarán a ser la base de una nueva economía productiva administrada por las organizaciones campesinas, por las cooperativas urbanas de jóvenes productivos, y por las asociaciones populares femeninas”.  Actualmente la Sociedad de Activos Especiales (SAE) tiene bajo su control más de 440.000 hectáreas distribuidas en 7.500 bienes rurales que podrían ser una gran cuota inicial de una reforma agraria.

Sobre la reforma al contrato laboral, el presidente Petro no ahondó en su discurso. Pero la ministra de Trabajo, Gloria Inés Ramírez ha manifestado públicamente que se opone a los contratos de prestación de servicios y que el país debe marchar hacía una formalización del empleo para proteger a los trabajadores. El propósito de la ministra choca con el planteamiento de algunos economistas que sostienen que “el encarecimiento” de la vinculación laboral traerá como consecuencia la disminución en los puestos de trabajo. Según ellos, el mayor problema no es la gente que gana poco sino la que no gana nada, y que para hacer una reforma laboral es necesario mirar a esos sectores de la población que frecuentemente no se ven reflejados en las estadísticas.

El presidente también señaló que es necesario fortalecer la educación pública y procurar que los colombianos logren el nivel más alto de escolaridad y cultura. Petro insistió en la creación de una sociedad del conocimiento y dijo que el futuro está en el trabajo ligado a la ciencia, a la tecnología y a la cultura y no a la extracción de materias primas.

En esa misma línea recalcó: “Nosotros estamos dispuestos a transitar a una economía sin carbón y sin petróleo, pero poco ayudamos a la humanidad con ello. No somos nosotros los que emitimos los gases efecto invernadero. Son los ricos del mundo quienes lo hacen, acercando al ser humano a su extinción, pero nosotros sí tenemos la mayor esponja de absorción de estos gases después de los océanos: la selva amazónica”.


Sugirió que los países del primer mundo y la banca multilateral deben recompensar a los países amazónicos por conservar el gran pulmón del mundo y propuso “cambiar deuda externa por gastos internos para salvar y recuperar nuestras selvas, bosques y humedales. Disminuyan la deuda externa y gastaremos el excedente en salvar la vida humana”.


El mandatario sostuvo que el problema de las drogas no debe ser visto desde una perspectiva militar o policiva. Según él una política de prevención del consumo en los países desarrollados puede ser menos costosa, más eficiente, y menos violenta. “Es hora de una nueva Convención Internacional que acepte que la guerra contra las drogas ha fracasado, que ha dejado un millón de latinoamericanos asesinados, durante estos 40 años, y que deja 70.000 norteamericanos muertos por sobredosis cada año. Que la guerra contra las drogas fortaleció las mafias y debilitó los estados”, expresó.


Petro también quiso perfilarse como un líder para la región, en dos temas centrales: un cambio en el modelo de lucha contra la droga y un proyecto de unidad latinoamericana. “Ya es hora de dejar atrás los bloques, los grupos y las diferencias ideológicas para trabajar juntos. Entendamos de una vez y para siempre que es mucho más lo que nos une que lo que nos separa. Y que juntos somos más fuertes. Hagamos realidad esa unidad con la que soñaron nuestros héroes, como Bolívar, San Martín, Artigas, Sucre y O’Higgins. No es una utopía ni es romanticismo. Es el camino para hacernos fuertes en este mundo complejo”, dijo.


En el discurso, Petro dejó claro que la principal bandera de su gobierno será la de alcanzar la paz total, un proceso de diálogo social que incluya a los grupos armados, ya sean guerrilla o estructuras ligadas al narcotráfico.  Al respecto, señaló: “Que la paz sea posible. Tenemos que terminar, de una vez y para siempre, con seis décadas de violencia y conflicto armado. Se puede. Cumpliremos el Acuerdo de Paz, seguiremos a rajatabla las recomendaciones del informe de la Comisión de la Verdad y trabajaremos de manera incansable para llevar paz y tranquilidad a cada rincón de Colombia. Este es el gobierno de la vida, de la paz, y así será recordado”.


El presidente electo cerró su discurso advirtiendo que su gobierno no será para perseguir a sus opositores y que los organismos de inteligencia deberán enfocarse desde ahora en la persecución de los corruptos, y aseveró que durante su administración habrá cero tolerancia con la corrupción sin distingo de quien la practique: “Familiares, amigos o colaboradores”, sentenció el nuevo presidente de Colombia, antes de presentar el decálogo de principios que seguirá en su paso por la Casa de Nariño.