20 Julio 2022

Iván Duque salió por la puerta de atrás del Congreso

El presidente Iván Duque asistió por última vez a la ceremonia de instalación del Congreso de la República.

Crédito: Presidencia.

Tras sufrir los abucheos de la bancada del nuevo gobierno y apenas unos tímidos apoyos de sus copartidarios, Duque salió del Salón Elíptico visiblemente molesto por lo que fue su última presentación ante el poder Legislativo.

Por: Redacción Cambio

La última intervención de Iván Duque como presidente de la república ante el poder Legislativo será recordada como la más caótica de la historia reciente del país: abucheado por la mayoría, tímidamente acompañado por sus compañeros de militancia y eufóricamente aplaudido por los generales de la fuerza pública. Estas y otras curiosidades dejó la ceremonia de instalación del Congreso 2022-2026.

En las afueras del Capitolio Nacional una multitud se agolpaba para el ingreso a la sesión de instalación. Un grupo de la guardia indígena, con sus bastones de mando, realizaba un ritual. Una activista del Pacto Histórico, con bandera y pancarta, arengaba sobre el inicio del primer gobierno de izquierda en la historia del país. Las familias de los congresistas electos se tomaban selfis en cada esquina del antiguo edificio donde opera el poder Legislativo. Hasta ahí, nada nuevo en el ambiente del 20 de julio. Sin embargo, la inusual demora en la comitiva de congresistas que van hasta la Casa de Nariño para acompañar al presidente fue la antesala de una ceremonia de instalación atípica.

Sobre las cuatro de la tarde, un grupo modesto de representantes y senadores atravesó el patio Núñez hacia el Palacio presidencial. El pequeño grupo de quienes quisieron acompañar al jefe de Estado en su última caminata hasta el Congreso deslució de las anteriores ceremonias de instalación, en que los parlamentarios se peleaban los cupos para el ritual del “besamanos”. A Duque lo acompañaron más funcionarios de su gobierno que congresistas. El ultimo recorrido por el tapete rojo, con el sol a las espaldas, resultó premonitorio.

El Pacto Histórico tenía planeado desde temprano un recibimiento al presidente Iván Duque, para lo cual repartieron afiches con los rostros de algunas víctimas de los falsos positivos. La representante María Fernanda Carrascal, uno de los rostros nuevos en la Cámara baja, y la senadora María José Pizarro se encargaron de repartir los carteles.

Miguel Polo Polo, uno de los últimos congresistas en confirmar su curul, se sentó a la derecha de la senadora Paloma Valencia, con quien estuvo charlando toda la sesión. María Fernanda Cabal entró al Capitolio investida por los periodistas como la gran opositora. En sus declaraciones a la prensa dijo con sarcasmo que, "ahora sí quiere ver cómo va a gobernar la izquierda con Santos fungiendo como el poder detrás del poder”. Al salir de los micrófonos, y acompañada por su hijo Juan José Lafaurie Cabal, se situó al lado de Polo Polo y Paloma Valencia.

Los tres legisladores uribistas permanecieron muy juntos en la sesión y fueron notoriamente apáticos durante el discurso del presidente Duque. Mientras la bancada del Centro Democrático escuchaba de pie las palabras del mandatario y con aplausos buscaba contrarrestar los abucheos, Cabal, Polo Polo y Valencia no despegaron su mirada de sus celulares y solo se levantaron a aplaudir cuando Duque dedicó unas palabras a las Fuerzas Armadas.

Rodolfo Hernández, excandidato presidencial y ahora senador de la república, fue una de las atracciones de la ceremonia. A su llegada al Capitolio, docenas de periodistas, asesores y congresistas lo rodeaban para saludarlo. El exalcalde de Bucaramanga se sentó junto a los tres representantes a la Cámara que eligió su partido, la Liga de Gobernantes Anticorrupción, y estuvo atento a lo que sucedía en el recinto. En medio de la sesión, el político santandereano aprovechó para quejarse del desorden.

Pocas veces en la historia un presidente en ejercicio había sufrido el saboteo de su discurso, la rechifla y los abucheos de la bancada del gobierno entrante. La tensión empezó a subir cuando el presidente aseguró que en su mandato entregó más tierras a los campesinos que cualquier otro gobierno, y lanzó una puya al presidente electo Gustavo Petro.

“Entregamos más de 50.000 títulos de propiedad rural, convirtiéndonos en el Gobierno que ha brindado más tierra a los campesinos de Colombia en nuestra historia reciente. Este proceso de equidad nos demostró que se puede hacer justicia social en el campo sin expropiaciones y prejuicios, viendo la alegría de cada nuevo propietario que construye sus sueños", dijo Duque. Lo que desató la rechifla de la bancada del Pacto Histórico que, a la vez que levantaban los carteles, corearon: “Mentiroso, mentiroso”.

La situación ameritó la intervención del presidente del Senado, Juan Diego Gómez, quien pidió respeto para el mandatario. Pero el presidente Duque fue subiendo el tono de su intervención y los gestos de molestia se hicieron inocultables. Un pequeño grupo de congresistas del Centro Democrático intentó darle ánimo con modestos aplausos, mientras los abucheos se tomaban el recinto cuando Duque habló de paz, equidad y derechos humanos. También resultó insólita la ovación de los altos mandos militares en el momento en que Duque les agradeció por los logros en materia de seguridad.

El caos se apoderó del recinto tras el final del discurso del presidente, quien no se quedó para escuchar la réplica de la oposición. El senador Julián Gallo, del partido Comunes, trató de dar el discurso de réplica que le corresponde a la oposición, pero era tal el ruido de los parlamentarios que conversaban entre ellos, y lo problemas en el sonido, que el discurso se suspendió y la sesión fue levantada sin elegir mesa directiva. Mientras tanto, Duque salió escoltado por sus funcionarios y, de forma inusual, el mandatario salió del Capitolio por la puerta que da a la Plaza de Bolívar, evitando pasar por el patio Núñez, donde lo esperaba la prensa para registrar su salida del Congreso.

Ya en su tapete rojo, Duque pareció recobrar fuerzas y ante la entrada de la Casa de Nariño, sus funcionarios lo ovacionaron y aplaudieron en una especie de ritual de la derrota que, sin duda, buscaba subirle el ánimo al único presidente de la historia reciente de Colombia que ha salido del Congreso literalmente por la puerta de atrás.