27 Febrero 2022

Nadie muere por Ucrania (análisis de Enrique Santos Calderón)

Personas en todo el mundo han salido a manifestarse en favor de Ucrania

Crédito: Reuters

Sucedió lo impensable. Y hago mías las recientes palabras del secretario general de Naciones Unidas, Antonio Guterres : “Me equivoqué, nunca imaginé que Rusia invadiría a Ucrania”.

Por: Enrique Santos Calderón

Pero Vladimir Putin resultó más implacable de lo temido y su decisión no solo sacude al mundo sino que hace tambalear los cimientos de Europa de la posguerra, abriendo un sinfín de interrogantes. Entre otros, el de qué postura asumirá China, que firmó reciente declaración con Moscú rechazando imposiciones occidentales, pero que siempre ha defendido el principio de no intervención y de libre autodeterminación de los pueblos. En incómoda posición ha quedado.

Es cierto que durante siglos Ucrania fue parte esencial de la identidad de Rusia; que Kiev era considerada cuna de su cultura y baluarte de su fe ortodoxa (el autor de Archipiélago Gulag, el célebre disidente Solzhenitsyn, llamaba a los ucranianos los “pequeños rusos”) y que una cuarta parte de su población es esencialmente rusa. Nada de esto explica lo sucedido. Putin invocó la “desnazificación” de Ucrania como una de las justificaciones para atacar. La misma que utilizó en 2014 cuando también invadió, dizque para proteger a la minoría prorrusa del “exterminio a manos de fascistas ucranianos” cómplices de Occidente. Argumentos no solo rebuscados sino falsos.

La verdad es que la inmensa mayoría de Ucrania no quiere estar bajo la égida del Kremlin. Desde la Revolución Naranja de 2004 ha quedado en claro que prefiere ser una nación independiente y amiga de Occidente. Que ingrese a la OTAN es otra cosa, no necesariamente deseable, pues desataría la furia de Putin. Algo que hoy parece irrelevante en vista de que Moscú ya pateó el tablero.

Ucranianos se arman
Miembros de las Fuerzas de Defensa Territorial de Ucrania reciben armas en Kiev. Crédito: Reuters

A la hora de escribir estas líneas la situación es incierta y cambiante, con noticias confusas sobre crecientes ataques rusos, número de muertos y una resistencia ucraniana inesperadamente dura. Putin ha advertido que el que se meta con sus tropas pagará las consecuencias y –¿tal vez por eso?– la OTAN ha dicho que no piensa comprometerse en operaciones terrestres en Europa. El presidente Macron afirmó que “la libertad de Ucrania es nuestra libertad”, pero ¿quiénes están dispuestos a morir por la libertad ucraniana? Fuera de sus propios ciudadanos no parece haber muchos voluntarios.

La pregunta es qué está en juego y cuál es el grado de compromiso, o de sacrificio, que Estados Unidos y Europa están dispuestos a asumir. Nadie quiere arriesgar un conflicto frontal con la segunda potencia nuclear y el propio Biden advirtió que si Washington y Moscú comienzan a dispararse arrancaría la guerra de verdad.  

Lo único claro hasta ahora es que se ha desplomado el equilibrio de poderes y fragmentado la noción de una Europa estable y próspera, dando lugar al surgimiento de una nueva guerra fría geopolítica, producto según algunos del fracaso estratégico de la alianza militar occidental, que fue incapaz de disuadir a Moscú de tomar ese paso. Esto ha alimentado paralelos históricos con Munich de 1938 y la política de apaciguamiento con Hitler luego de su invasión de Checolosovaquia, que solo lo envalentonó para luego ocupar Polonia y desencadenar la Segunda Guerra Mundial.

Para los críticos de la posición de Biden por timorata, que recuerda el atolondrado retiro de Afganistán ante los talibanes, se está enviando el mensaje de que Estados Unidos ya no quiere pelear por nada. Conclusión apresurada porque este conflicto apenas comienza y son muchos los escenarios posibles.

Protestas en chile
Protestas en Santiago de Chile en apoyo a Ucrania. Crédito Reuters

No sabemos hasta dónde llegará Putin. Si su objetivo es ocupar Kiev, “decapitar” al presidente ucraniano Zelenski e instalar un gobierno títere, Rusia podría estar fabricando su propio Vietnam. Y Washington, Londres y aliados se sentirían obligados a alentar la resistencia ucraniana si esta toma fuerza.

Pero todas son especulaciones mientras no se defina mejor la correlación de fuerzas y la posición de los poderes occidentales. Por ahora habrá que ver si las sanciones económicas contra Rusia (que incluirán a la rosca de poderosos oligarcas amigos del Kremlin) son suficientes para detener a Putin –hay serias dudas– o si lo empujan hacia un más agresivo aislamiento de corte nacionalista estalinista. Es curioso que mientras en Estados Unidos sondeos de la cadena Fox News indican que el 58 por ciento de los encuestados consideran que Biden no ha sido lo suficientemente duro con Putin, Donald Trump, antiguo héroe de Fox, elogia la invasión como algo “genial”. ¿Quién entiende? Sería desconcertante, aunque no imposible, que la reiterada admiración de Trump por el dictador ruso no afectara su popularidad doméstica. Porque en el resto del mundo ha recibido un rechazo casi unánime.

Los medios informativos oficiales rusos han calificado la invasión no como una guerra sino como una “operación militar especial” limitada al oriente de Ucrania. En todo caso no fue un “cañazo” como casi todo el mundo creía. Putin actuó y el resto del mundo se quedó quieto. Con más de 600.000 millones de dólares en reservas monetarias e ingresos mensuales de 14.000 millones por exportaciones de gas y petróleo, tampoco las sanciones económicas le quitan el sueño. Y no es imposible que al “nuevo zar” de Rusia su aventura militar le resulte políticamente rentable.

Si logra instalar un régimen prorruso en Ucrania sin mayor derramamiento de sangre y una negociación política que frene la expansión de OTAN, habrá hecho sentir el poderío de su país, que era uno de sus objetivos. Pero ¿a qué costos?

Se sabrá en estos días, con el rumbo que tome el avance ruso y la resistencia ucraniana, que puede no aguantar mucho si Putin decide soltar toda su fuerza militar. Muchos recuerdan la brutal estrategia de tierra arrasada que aplicó hace veinte años para aplastar la insurgencia en Chechenia.

Parecería inconcebible que hoy hiciera lo mismo en una nación como Ucrania, pero ya se ha visto que es imposible prever el comportamiento de un gobernante tan despiadado como Vladimir Putin. En palabras del embajador de Ucrania en la sesión de emergencia del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas tras la invasión de su país: “No hay purgatorio para los criminales de guerra. Van directo al infierno”.

Tal destino no le debe preocupar mientras reine como amo absoluto del Kremlin.