10 Agosto 2022

Pagar horas extras, ¿bueno o malo para el empleo? Esto opinan empresarios y trabajadores

Gloria Inés Ramírez, ministra de Trabajo, ha abogado por la derogación de la Ley 789 de 2002 en el pasado.

Crédito: Yamith Mariño

Frente a la propuesta del Ministerio de Trabajo de reducir la jornada laboral y retomar los recargos nocturnos a partir de las seis de la tarde hay opiniones a favor y en contra. Los empresarios creen que podría afectar la generación de nuevos empleos y los trabajadores consideran que sería saldar una deuda histórica.

Por: Jesús Mesa

En su primer día la nueva ministra de Trabajo, Gloria Inés Ramírez, anunció que convocaría en los próximos días a las centrales obreras y los empresarios para lo que sería la discusión de la propuesta del Estatuto del Trabajo. Ramírez no demoró en hacer una propuesta que tiene a los gremios económicos preocupados y a los trabajadores ilusionados a la expectativa de que se les cumpla una promesa muchas veces incumplida en el pasado: revertir lo estipulado en la Ley 789 de 2002, en la que se amplió la jornada laboral y se eliminaron las horas a partir de las seis de la tarde., tal y como era antes del gobierno de Álvaro Uribe Vélez.

Parte de las disposiciones registradas en esta ley buscaban brindar una mayor flexibilidad en materia de contratos laborales con el fin de promover la generación de empleo formal. Colombia venía de una época económica difícil y con niveles de desempleo muy altos. La lógica detrás de esta ley era facilitar la creación de nuevos puestos de trabajo y, en este sentido, las empresas tendrían la posibilidad de tener dos turnos de trabajo de ocho horas en jornada ordinaria, sin necesidad de pagar el recargo nocturno, lo cual provocaría una mayor demanda laboral.

Con este fin, la reforma extendió la jornada de trabajo ordinario en cuatro horas, estableciéndola entre las seis de la mañana y las diez de la noche, de modo que la jornada nocturna comenzara más tarde y no existiera un recargo adicional por el trabajo realizado entre las seis de la tarde y las diez de la noche. Adicionalmente, la reforma redujo el recargo por trabajo durante dominicales y festivos, del ciento por ciento al 75 por ciento por hora. 

Con estas disposiciones y otras contenidas en la reforma, el Gobierno esperaba impulsar la creación de alrededor de 160.000 empleos por año (640.000 en cuatro). Vale la pena recordar que la tasa de desempleo en Colombia para diciembre de 2002, cuando se aprobó la ley, era del 15,8 por ciento, una de las más altas en los últimos 20 años. Para 2022, la cifra está en 11,2 por ciento y esto, de acuerdo con los gremios económicos, es justificación casi que suficiente para decir que la reforma fue “un éxito”.

Por ello, para los empresarios volver al antiguo horario de trabajo, cuando las jornadas eran de 12 horas y aumentar al ciento por ciento el recargo por hora del trabajo durante dominicales y festivos, implicaría despidos, bajos salarios y una reducción en la productividad. “Se está encareciendo la creación de empleo y se está afectando la competitividad”, dijo Bruce Mac Master, presidente de la Andi. “Con estas medidas se puede frenar la generación de nuevos puestos de trabajo", aseguró la presidenta de Acopi, Rosmery Quintero. “Esto puede terminar afectando a los consumidores porque se terminará reflejando en mayores costos para ellos", agregó el líder gremial Juan Esteban Orrego, director de Fenalco Bogotá. 

No obstante, aunque es evidente que la tasa de desempleo en Colombia sí descendió tras la implementación de la reforma laboral de 2002, el argumento esencial de quienes cuestionan la ley es que la flexibilización de ese año no aumentó el número de empleos como se había previsto. En cambio, deterioró las condiciones de los trabajadores, al reducir su posibilidad de acceso a recargos adicionales “para cuadrar caja”. También insisten que el descenso del desempleo no puede solo atribuírsele a la ampliación de la jornada laboral o a la eliminación de las horas extras, sino que hay también que considerar “múltiples factores macroeconómicos y microeconómicos”.

Cuando se presentó la ley de 2002, para verificar el cumplimiento de la meta de los 640.000 empleos en cuatro años, el Gobierno estableció una Comisión de Seguimiento y Verificación de las Políticas de Generación de Empleo, conformada por miembros del Congreso, del ministro de Trabajo, directores de Planeación y del Dane, un representante de los trabajadores y otro de los empleadores, cuya misión era rendir informes trimestrales de la disminución del desempleo como consecuencia de la aplicación de dicha ley. A partir de estos informes, el Gobierno estaba en la obligación de “presentar al Congreso un proyecto de ley que modifique o derogue las disposiciones que no hayan logrado efectos prácticos para la generación de empleo”.

Sin embargo, de acuerdo con Iván Jaramillo Jassir, profesor e integrante del Observatorio Laboral de la Universidad del Rosario, esta meta no se cumplió en ese periodo y aún así se mantuvo la normativa a través del tiempo. La comisión nunca funcionó.

“Las reformas previstas en la Ley 789 de 2002 estaban dirigidas a crear empleos a través de la disminución de garantías laborales. Sin embargo, no se crearon los empleos que se pretendían crear con esas modificaciones regresivas”, aseguró el experto.

Desde entonces, organizaciones de trabajadores como la Central Unitaria de Trabajadores (CUT), que en ese momento se opusieron a la reforma, vienen reclamando desde hace años que este proyecto terminó “precarizando” las condiciones de los trabajadores colombianos, pues aunque la tasa de desempleo disminuyó y la tasa de ocupación aumentó, dicen, no mejoró en la misma medida la calidad del empleo. 

Un estudio reciente del Centro de Estudios Económicos Regionales del Banco de la República parece darles la razón a los trabajadores, pues encontró que en Colombia el 32,2 por ciento de los trabajadores labora más de 48 horas a la semana y de esos, nueve de cada diez no recibe remuneración por las horas extras. 

Este fenómeno no solo se refleja ahora, sino que se puede remontar a varios años atrás. En estudios como ‘Efectos de la reforma laboral, ¿más trabajo y menos empleos?’, que analizaba el impacto de la Ley 789 de 2002, los autores Juan Carlos Guataquí y Andrés García encontraron que el efecto de la eliminación de las horas extras no había tenido un impacto favorable sobre la generación de empleo (nuevos empleos).

Desde entonces, han sido múltiples los intentos por revertir dicha ley, pero los proyectos han naufragado una y otra vez en el Congreso por falta de apoyo. Quien es hoy la ministra de Trabajo, Gloria Inés Ramírez, cuando era congresista por el Polo Democrático en 2013, presentó un proyecto para derogar la ley de 2002, pero se hundió en el Legislativo. Luego, en los días finales de la campaña presidencial de 2014, en segunda vuelta, el candidato presidente Juan Manuel Santos prometió restablecer el sistema de pagos de horas extras para los trabajadores, pero no cumplió con su promesa. 

Con Ramírez en el Ministerio de Trabajo, y con las mayorías en el Congreso para el petrismo, el Gobierno espera que después de 20años las horas extras y los recargos dominicales regresen a como estaban. No será fácil. Los gremios económicos muy seguramente no se quedarán de brazos cruzados y, además, el proyecto de ley tendrá que discutirse cuatro veces en el Congreso de la República y debe ser aprobado tanto por el Senado como por la Cámara de Representantes.