6 Agosto 2022

¿Por la boca muere el pez?: El peso que carga Petro con sus reformas

Crédito: Yamith Mariño

El primer presidente de izquierda en la historia prometió una serie de reformas que presentará un día después de posesionarse. Si bien gobernar no es un ejercicio sencillo, existe mucha expectativa sobre qué tantos cambios materializará en los primeros meses.

Las expectativas siempre son altas con la posesión de un nuevo gobierno. Y son más altas aún cuando ese gobierno es el primero de izquierda en toda la historia y su líder es un exguerrillero que luchó por años, fallando en más de una ocasión, para obtener la primera dignidad del país. Luces y miradas están puestas sobre Gustavo Petro y su equipo. Para su triunfo, en la segunda vuelta, fue clave que muchos votantes primíparos se volcaran a las urnas seducidos por su discurso de cambio y transformación. Los casi tres millones de nuevos apoyos que cosechó el pasado 19 de junio provenían de personas desencantadas y apáticas por la política nacional y que con su candidatura hicieron lo que nunca habían hecho: votar. Entonces Petro no solo tiene un compromiso con aquellos que lo siguen desde sus inicios en la vida pública, sino que también se debe —incluso en mayor medida porque es gracias a ellos que hoy es presidente— a todos los colombianos que por primera y única vez están atentos y esperanzados con que la situación social y económica del país cambie para bien.

Y esa esperanza no surgió de la nada. A su crítica vehemente y constante de todos los tropiezos que sufrió la administración de Iván Duque, Gustavo Petro adicionó un discurso carismático, sentimental y prometedor que cautivó a millones y en poco tiempo lo posicionó como el principal opositor del gobierno. La mezcla de reprobación con ilusión resultó ser exitosa para su victoria y ahora se convierte en una vara que medirá qué tan bien o mal avanza su mandato. El nuevo presidente puede estar a la altura de su invento o terminar siendo su propio verdugo.

Petro aseguró que adelantaría reformas en materia de educación, economía, seguridad, infraestructura y tierras, entre otras. Aún está por verse si entre su dicho y el hecho hay un largo trecho, pero su capataz en el Congreso, el presidente del Senado, Roy Barreras, ya empezó a mover toda su artillería y advirtió que su objetivo es concretar la mayor cantidad de proyectos en los primeros meses de gobierno. Barreras declaró que su aspiración es tener “todas las reformas aprobadas este semestre” y se atrevió a fijar una fecha de corte: el próximo 30 de noviembre, como si se tratara de una misión de vida o muerte. 

En cierta medida lo es porque un temprano estancamiento de las reformas significaría una maltrecha relación con los congresistas. Cuando Ejecutivo y Legislativo no empiezan de la mejor manera, por más esfuerzos y consensos que se logren con posterioridad, la situación no mejora radicalmente y se corre el riesgo de no construir una relación sólida en confianza. Prueba de ello es que Iván Duque se empecinó en no hacer concesiones al Congreso y luego, cuando finalmente accedió a modificar su estrategia, no obtuvo el efecto esperado porque los senadores y representantes siguieron dándole la espalda en algunas iniciativas de peso. Por eso es mejor aprovechar la luna de miel que viene tras la toma de posesión. Petro lo sabe y por eso sus fichas están puestas en el envión inicial.

El ministro de Hacienda, José Antonio Ocampo, anunció que el lunes 8 de agosto, a primera hora, radicará la reforma tributaria. Gustavo Petro y su círculo cercano insiste en que será útil para recaudar 50 billones de pesos, mientras que expertos y detractores afirman que la cifra estará incluso por debajo de la mitad. Esa es la primera pelea que tendrá que dar el nuevo mandatario, quien, a pesar de gozar de una bancada mayoritaria —calificada por algunos como la más grande de la historia—, debe tener claro que el país viene de un malestar social que todavía no se ha apagado y que una razón de peso para las multitudinarias manifestaciones que se tomaron las calles durante meses fue la mala lectura de los tiempos que hizo el gobierno anterior. Cuando el descontento solo iba en aumento, Duque y Alberto Carrasquilla promovieron una reforma tributaria que alebrestó al pueblo como nunca. Petro debe ser cuidadoso y quirúrgico en ese aspecto sin olvidar que el tiempo le juega en contra. Si en los primeros meses aún no se ha materializado nada, la cuesta se le puede volver mucho más empinada en los años venideros.

Un escalón más abajo, pero todavía con bastante trascendencia, están las iniciativas que plantean prohibir el fracking; la reforma agraria; la salida de la Policía Nacional del Ministerio de Defensa y, de paso, crear el Ministerio de Paz, Seguridad y Convivencia para ubicarla allí; y establecer el marco normativo sobre el cual fundamentarán su propuesta de “paz total”. Sin duda una hoja de ruta bastante ambiciosa que requerirá un funcionamiento coordinado y aceitado para evitar grietas que entorpezcan su consecución. Surge la duda si la izquierda, acostumbrada a ser oposición, cambiará de chip tan rápidamente y encarnará una eficacia legislativa sin precedentes.

Si algo llegara a salir mal, los problemas recaerán sobre el plan de reformas que el Pacto Histórico tiene pensado adelantar en 2023. Por la borda se irían las reformas pensional, laboral y judicial, así como la eliminación de la Procuraduría General de la Nación, si el primer paquete de proyectos de ley no llega a buen puerto. Por ejemplo, acabar con un organismo de control que ha sido una mina de oro burocrática para la clase política, si bien gozaría de la aprobación popular, no es un comentario muy aplaudido en los pasillos del Capitolio. La única forma de que el gobierno Petro pueda salir triunfante de esa lucha es si llega a pelearla con aire en la camiseta. Por eso es fundamental que sus derrotas legislativas se reduzcan al mínimo.

No es un muy buen augurio lo que está sucediendo con la elección del próximo contralor general. La lucha está reñida, pero si la votación fuera hoy es probable que la ganadora fuera María Fernanda Rangel, la ungida por Carlos Felipe Córdoba y que cuenta con el espaldarazo de los partidos Liberal, Conservador, Cambio Radical y de La U. Desde el Pacto Histórico se adelantaron varias jugadas fallidas para incluir a Julio César Cárdenas en la lista de elegibles ya que contaba con el visto bueno de Petro. Ahora, según pudo conocer CAMBIO, buscarán impulsar a Carlos Hernán Rodríguez para impedir la llegada de Rangel al ente de control fiscal. Tienen hasta el 18 de agosto para cambiar el panorama actual. De poder revertir lo que parece una derrota cantada, el gobierno iniciaría con el pie derecho y listo para intentar cumplir con su plan de campaña. Una pérdida, por el contrario, podría ser la primera de varias.

Los técnicos en el fútbol suelen reconocer a los periodistas que “es mejor corregir sumando que perdiendo”. Algo así le tocará a Petro: estrenarse gobernando un país mientras da resultados inmediatos y aprende sobre la marcha. No hay mucho margen de error. Él mismo se lo redujo.