22 Septiembre 2022

¿Por qué los indígenas invaden una y otra vez la Hacienda Japio, en Cauca?

Crédito: Yamith Mariño Díaz

Una tercera invasión se tomó la Hacienda Japio en Caloto, al norte del Cauca. Esta hacienda ha sido motivo de disputa desde tiempos coloniales. Los indígenas buscan realizar allí rituales para purificarla de la sobreproducción.

Por: Maria F. Fitzgerald

En los procesos de toma de tierras del norte del Cauca ha existido una hacienda que ha estado en constante disputa: la Hacienda Japio, que actualmente le pertenece a la familia Eder Garcés, dueña del Ingenio azucarero Manuelita. 

Entre agosto y septiembre, al menos dos grupos de más de 100 indígenas han intentado tomarse la hacienda, que queda ubicada entre Caloto y Santander de Quilichao. Los indígenas la reclaman como propia desde tiempos previos a la colonia y piden poder hacer ejercicios de liberación de la madre tierra allí. 

Sin embargo, la disputa continúa y esta hacienda ha sido un punto especialmente álgido, porque es un monumento de conservación que refleja los valores coloniales del siglo XVII. 

¿Cuál es la historia de la hacienda? 

Fue construida en el siglo XVI y para el siglo XVII se convirtió en convento para los jesuitas. En poco tiempo pasó a ser una hacienda de alta productividad, en la que funcionaban trapiches, hatos de ganado, siembra de maíz y arroz, y todo tipo de producción agrícola que lograra sustentar las necesidades de la iglesia de San José, en Popayán. 

Cuando los jesuitas fueron expulsados de Colombia en 1767, la hacienda fue reasignada a la Corona Española, y fue rematada y vendida a un hacendado español. Sin embargo, con los años, pasó por las manos de distintos dueños, como la familia Arboleda, o la familia Caicedo. Ambas familias tuvieron cargos muy importantes durante el gobierno colonial. 

En ese entonces, y con la independencia, estas mismas familias se convirtieron en representantes de los partidos Liberal y Conservador, lo que terminó de consolidar al Japio como una hacienda con alta incidencia política para la zona. 

Gradualmente, la finca y sus 1.200 hectáreas de terreno empezaron a transformarse en un espacio de mayor tensión, porque sus tierras empezaron a ser utilizadas para la siembra de caña de azúcar. Los cañaduzales se convirtieron en la principal fuente de productividad y, desde entonces, aumentó la tensión con los pueblos indígenas. 

¿Por qué los indígenas piden su liberación? 

Los indígenas del norte del Cauca han solicitado tener acceso a esta tierra que, aseguran, les pertenece desde tiempos previos a la colonia. Una tensión similar ya había ocurrido con otra hacienda, la de La María, ubicada en Piendamó, Cauca.

La María previamente había sido controlada por otros hacendados, que también la utilizaron para plantaciones de caña. Esa fue una zona en disputa desde 1971, cuando se dio la creación del Consejo Regional Indígena del Cauca (Cric), y más o menos 500 indígenas tomaron una finca vecina, El Credo. En ese momento el movimiento indígena tomó 1.800 hectáreas, que actualmente conforman un resguardo. 

Ya con la consolidación del Cric como fuerza política en el norte del Cauca, el grupo indígena negoció con el gobierno de Samper la entrega de la hacienda La María, que también reclamaron como propia desde tiempos previos a la colonia. Desde entonces, tanto el Cric, como otros movimientos indígenas independientes a ellos, han reclamado otras haciendas del norte del Cauca como propias. 

La hacienda Japio primero fue invadida a principios de agosto de 2022 por un grupo de 100 indígenas que llegaron con banderas alusivas al Cric. La intervención del Esmad no permitió que se consolidara la invasión y desde entonces la hacienda ha estado bajo tensión constante. 

Una segunda invasión se intentó hacer a principios de septiembre, protagonizada por hombres que aseguraron pertenecer al grupo Nietos de Quintín Lame. Más de 100 personas intentaron tomarse la finca, pero también terminaron cediendo ante la llegada del Esmad. 

Finalmente, el tercer intento de invasión ocurrió el 19 de septiembre. Más de 100 hombres llegaron hasta la finca, y han instalado algunos campamentos pues, aseguran, deben retomar el control de la hacienda y así cumplir con liberarla de la sobreexplotación.