26 Septiembre 2022

Qué tiene que ver la liberación de la madre tierra en el conflicto del norte del Cauca

Crédito: Yamith Mariño Díaz

Las ocupaciones esconden el problema de fondo: los industriales reclaman su derecho a explotar la tierra industrialmente; los indígenas, su derecho a recuperarla para dejarla descansar.

Por: Maria F. Fitzgerald

Cada vez que se produce una invasión en el norte del Cauca, los indígenas lo justifican diciendo que se trata de una "liberación de la madre tierra". Con esta frase invocan el derecho ancestral a recuperar el territorio que les fue arrebatado desde la Colonia. Invocan, también, la necesidad de "liberar" a la "madre tierra" de la asfixia a la que la someten los cultivadores de caña. 

A primera vista parece un choque de culturas: una que busca recuperar la armonía entre el hombre y la naturaleza, versus la otra, que invoca a su vez el derecho a explotar la tierra y garantizar el desarrollo económico de la región. 

Sin embargo, visto más de cerca, el problema se resume en uno solo: la disputa por el acceso a la tierra. “Estos conflictos, en general, en los últimos años los han llamado conflictos interculturales, y yo creo que no son conflictos interculturales.  Aquí lo que existen son conflictos por derechos diferenciales sobre la tierra”, asegura la antropóloga Alhena Caicedo, nueva directora del Instituto Colombiano de Antropología e Historia. 

¿En qué consiste el ejercicio de liberación de la madre tierra? 

El objetivo del ejercicio de recuperación de la madre tierra consiste, de acuerdo con la cosmovisión indígena, en darle un descanso a la tierra para lograr construir una buena relación con ella. Pero el exsenador Feliciano Valencia, uno de los líderes del Consejo Regional Indígena del Cauca (Cric), va más allá, y añade que los ejercicios de liberación buscan recuperar las tierras que les fueron usurpadas y que están ubicadas en la parte plana del Valle: las más fértiles.

Según Valencia, en la parte alta de la montaña, a donde fueron expulsados, no es posible cultivar, pues es una zona que requiere protección ambiental especial donde se encuentran muchos nacimientos de agua: “Hemos insistido al Estado a través de los gobiernos que, en un gesto de reparación, nos devuelva las tierras que nos fueron hurtadas en el Valle del Cauca. Esa es la insistencia de los pueblos indígenas. Eso es lo que hemos acordado. Eso es lo que hemos pactado con los gobiernos anteriores, pero que no cumplieron”.

Valencia asegura que parte de las misiones de los pueblos indígenas no se oponen al desarrollo de los negocios, ni mucho menos a las industrias. Lo que buscan las ocupaciones es que se les devuelva al menos una porción de las tierras bajas para que los indígenas puedan crear sus proyectos productivos y tener posibilidad de florecer como pueblo: “Ojalá pudiéramos armonizar esas visiones de desarrollo, esas visiones empresariales, esas visiones de emprendimiento que respeten la tierra, los valores culturales, que respeten las decisiones de las comunidades y donde no todo sea acumulación de riquezas en manos de unos pocos, sino generación de riqueza para todos y todas”, asegura. 

¿Será posible compartir la tierra? 

La Constitución del 91 les otorgó a los pueblos indígenas derechos diferenciales y prioridad para el acceso a las tierras que les pertenecían. Luego, la Ley 70 permitió la creación de los consejos comunitarios como entes de representación política y las titulaciones colectivas sobre las tierras para los pueblos afrodescendientes y palenqueros de todo el país. 

Poco a poco, los indígenas han venido reclamando sus derechos sobre las tierras que perdieron por la violencia y el desplazamiento forzado, y por la avidez comercial de los ingenios azucareros, que se aprovecharon de la situación.  

“Los ingenios tomaron posesión absoluta de la parte plana del Valle, que coincide con ser la zona más fértil para la tierra. Terminaron corriendo a los indígenas y a los afro de sus tierras originales y se convirtieron en los dueños absolutos de estas tierras, que son las mismas que hoy están en disputa”, asegura Caicedo.

La Constitución del 91 también creó la jurisdicción indígena, que les permite a las comunidades ancestrales regirse y hacer uso de la tierra según su propia cosmovisión. Así, los indígenas del norte del Cauca reclaman que a la "madre tierra" que les fue arrebatada –y que intentan recuperar– la están tratando sin ningún tipo de respeto, y que, por lo tanto, es necesario liberarla.

¿Podrán conciliar las dos visiones sobre el acceso a la tierra? Caicedo considera que es momento de plantearse la pregunta: “Hay más de una tensión entre las vidas campesinas (sean indígenas o afro) y la agroindustria. La pregunta de fondo es si la agroindustria y la vida campesina pueden convivir o no. Ese es el punto”.