26 Julio 2022

Samantha Power, la designada por Joe Biden para la posesión de Gustavo Petro

Samantha Power es directora de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) desde marzo de 2021.

Crédito: USAID

Fue reportera de guerra y profesora de prestigiosas universidades, y ahora lidera la agencia de cooperación internacional de Estados Unidos (USAID). ¿Qué significa para Colombia que sea ella la enviada por Joe Biden a la posesión presidencial?

Uno de los anuncios que entregó el secretario principal adjunto de seguridad nacional de Estados Unidos, Jonathan Finer, tras su reunión entre el presidente electo, Gustavo Petro, y altos funcionarios del gobierno de Estados Unidos, fue el nombre de la persona que liderará la comitiva que asistirá a la posesión presidencial del próximo 7 de agosto.

“Le manifestamos al presidente electo que el presidente Biden quiere que Samantha Power, de USAID, lidere la delegación que irá a la ceremonia de posesión de Petro en agosto, ella nos acompañó en algunas de las conversaciones que tuvimos hoy, así que estamos comprometidos en trabajar con el nuevo gobierno sobre este asunto”, comentó Finer.

La funcionaria, que lidera la agencia de desarrollo internacional USAID, es una de las personas de confianza de Biden y ha trabajado con el mandatario demócrata por más de diez años. Su presencia en el país se puede leer como un claro mensaje sobre cómo los programas de desarrollo serán una de las prioridades de Estados Unidos en Colombia.

Power comenzó su carrera como periodista de guerra, informando desde lugares como Bosnia, Timor Oriental, Kosovo, Ruanda, Sudán y Zimbabue para medios como The Boston Globe, The Economist y The New Republic. Luego, de 1998 a 2002, Power fue la directora ejecutiva fundadora del Centro Carr para la Política de Derechos Humanos, de la Harvard Kennedy School, donde posteriormente ejerció como profesora de la cátedra de Liderazgo Global y Política Pública Anna Lindh.

En 2003 ganó el Premio Pulitzer en la categoría de No Ficción, por su libro Problema infernal: Estados Unidos en la era del genocidio, un ensayo sobre el papel de la potencia en los distintos conflictos étnicos del siglo XX. Por su trabajo fue nominada por la revista Time como una de las 100 personas más influyentes del mundo.

Con el tiempo, Power dejó el periodismo para adentrarse de lleno en la política y la academia. Alternaba sus clases en la Universidad de Harvard con un trabajo como asesora del entonces senador demócrata Barack Obama, a quien acompañó a estructurar la campaña presidencial para las elecciones de 2008.

Tras la victoria de Obama sobre John McCain en noviembre de ese año, Power pasó al gobierno y fue designada por el nuevo presidente como asistente especial y directora principal de Asuntos Multilaterales y Derechos Humanos en el Consejo de Seguridad Nacional. Desde esta dependencia, de acuerdo con una biografía publicada en la página de Harvard, “asesoró en temas como la promoción de la democracia, la reforma de la ONU, los derechos de los LGBTQ+ y de las mujeres, la prevención de atrocidades y la lucha contra el tráfico de personas y la corrupción mundial”. 

Sin embargo, su trabajo desde esta oficina también recibió muchas críticas y Power fue en varias ocasiones calificada como una funcionaria de “mano dura”. Quienes cuestionaron su trabajo recuerdan que la funcionaría defendió en su momento las intervenciones militares estadounidenses “por motivos humanitarios” en Libia y Siria.

En el segundo periodo de Obama, Power se desempeñó como representante de Estados Unidos ante las Naciones Unidas. “Durante su tiempo en la ONU, Power reunió a los países para combatir la epidemia de ébola, ratificar el acuerdo climático de París y desarrollar una nueva ley internacional para paralizar las redes financieras de ISIS”, se lee en una publicación del Harvard Kennedy School, donde también es profesora.

Tras la victoria de Joe Biden sobre Donald Trump en 2020, Power volvió a vincularse al gobierno y fue nominada por el presidente demócrata para liderar la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID). Su tarea, desde entonces, se ha centrado en responder a cuatro desafíos: la pandemia del covid-19, el cambio climático, los conflictos y crisis humanitarias, y el retroceso democrático. 

“Power también garantizará que USAID mejore su liderazgo de larga data en áreas que incluyen la seguridad alimentaria, la educación, el empoderamiento de la mujer y la salud mundial”, se lee en una publicación de la agencia.

Tras su confirmación en marzo del año pasado, Power ha insistido en que la agencia de ayuda estadounidense tiene una visión del mundo a largo plazo y buscará prevenir los conflictos en su origen, al reforzar en gran medida las economías de los países emergentes, contrarrestar la corrupción estatal y fomentar la democracia y los derechos humanos. 

En Colombia, por ejemplo, de acuerdo con la última Ley de Presupuesto de Estados Unidos, Washington aprobó más de 471 millones de dólares para “apoyar el desarrollo social, comunidades afro e indígenas, lucha contra el crimen, seguridad y justicia". Sobre este punto, la comitiva que visitó el país la semana pasada dijo que Power es clave, pues es quien lidera todos los temas de cooperación internacional.