3 Septiembre 2022

Se emborrachó el Pacto Histórico: una semana de embarradas

Como si se hubieran puesto de acuerdo varios funcionarios y legisladores de la coalición de gobierno metieron la pata en los últimos días, algunos de manera graciosa y otros de forma preocupante.

Una de las frases más recordadas de Carlos Marx asegura que la historia se repite primero como tragedia y luego como comedia. En la Colombia de los últimos días parece haberle llegado el turno a la comedia. La ministra de Minas hace pataleta ante los periodistas después de generar estupor frente a los mineros; el ministro del Interior invita a la gente que se manifestó contra la reforma tributaria de Duque a que se vuelque a las calles a pedir que aprueben los impuestos de Petro; el canciller glorifica al prófugo y extinto Jesús Santrich mientras defiende el silencio frente a las graves violaciones de derechos humanos de la dictadura de Nicaragua; el recién llegado embajador en Venezuela se presenta aparentemente alicorado en un foro en la frontera; aún más pasado de copas y con la bragueta húmeda, un senador de la bancada oficialista insulta a un policía y luego dice que su trabajo no es dar buen ejemplo; y una congresista se levanta en un foro sobre conectividad para entonar el Ave María de ​​Schubert, a propósito de nada.

Increíblemente en un gobierno que se ha visto descoordinado buena parte del tiempo pareciera que algunos de sus más importantes integrantes se hubieran puesto de acuerdo para embarrarla. 

El episodio de la ministra de Minas, Irene Vélez, resultó especialmente desconcertante. Por primera vez se presentaba ante al Congreso Nacional de Minería frente a un gremio lleno de preguntas y preocupaciones que venían en aumento luego de que la alta funcionaria sostuviera que para ayudarle al planeta, Colombia debería comprarle gas a Venezuela después de agotar sus reservas. La receta parecía inspirada en la célebre poesía Simón el bobito de Rafael Pombo en la que el protagonista recomienda esconder un montón de tierra abriendo un hoyo para echarla.

Las cosas arrancaron mal por la actitud de la ministra en su intervención. El sector minero esperaba respuestas sobre las nuevas reglas del juego para ejercer la actividad y la ministra no llegó con esas respuestas. Por el contrario, se dirigió a un auditorio de empresarios y técnicos en minería con una teoría académica que sostiene que la salvación del planeta está en decrecer las economías del mundo desarrollado para no agotar los recursos naturales y permitir que crezcan los países pobres. Desde luego es una visión filosófica válida pero la ministra no pudo explicarla y derivó en una frase cantinflesca: “Nosotros necesitamos exigirle también, en esta geopolítica global, a los otros países que empiecen a decrecer en sus modelos económicos”. El público se repartió entre la muda estupefacción, la risa contenida y los comentarios en voz baja. Esto último sacó de casillas a la ministra quien en una actitud escuelera optó por llamar la atención de un grupo de empresarios en estos términos: “Ay, como yo le diría a mis estudiantes, por favor los de la segunda fila a mano derecha si nos hacen silencio para poder seguir. Gracias”

El auditorio quedó desconcertado y la ministra brava. Tanto que al salir no resistió las preguntas de los periodistas que clamaban por las explicaciones frente a lo que acababan de escuchar. Como no le gustaron las preguntas acabó abruptamente la conferencia de prensa en un ataque de cólera que se desarrolló en fases sucesivas. Primero juntó histriónicamente las manos como si estuviera rezando “¿me dejas hablar por favor, gracias, porque si no, no puedo responder?”. Y Acto seguido concluyó “Bueno entonces esto se acaba aquí. Muchas gracias a los que alcanzaron a escuchar, me voy, tengo un viaje”. Su colega de gabinete, la ministra de Ambiente Susana Muhamad, quedó sola haciendo frente a la situación. 

Horas después, en Cali, la ministra Vélez volvió a hablar con la prensa en la conclusión de Congreso Nacional de Energía Inteligente. Haciendo honor al foro reconoció, por fin, que se había equivocado. 

Sin duda el episodio de Irene Vélez fue el más vistoso, pero no el único. Su colega, el ministro del Interior, Alfonso Prada, que tiene muchas más horas de vuelo, también terminó dando una declaración absurda. En Padilla, Cauca, el mismo lugar en que están enfrentados indígenas y afrodescendientes, Prada pronunció unas frases nada tranquilizadoras. Dijo que aunque la reforma tributaria “emberraca a más de uno” es la única manera de conseguir los recursos que necesita el gobierno y llamó “incluso a la movilización popular para decirle al Congreso que necesitamos plata para salir de esta. El que entendió, entendió”. Tanta gente lo entendió que desde ese día el ministro se ha tenido que dedicar a explicar su discurso. 

También el veterano canciller Álvaro Leyva contribuyó a esta comedia de equivocaciones. Primero su despacho tuvo que admitir en un derecho de petición, presentado por el periodista Juan Camilo Merlano del Canal Caracol, que la ausencia de representación de Colombia en el la sesión del Consejo Permanente de la OEA para condenar la violación de los derecho humanos en Nicaragua no había sido por casualidad ni por una maniobra del gobierno Duque. Era en realidad una instrucción del canciller Leyva que según él obedecía a intereses nacionales y a un propósito humanitario. Los intereses nacionales consisten en la búsqueda del permiso nicaragüense para que los pescadores sanandresanos puedan trabajar en las aguas que la Corte Internacional de La Haya le concedió a ese país. El propósito humanitario consiste en una callada mediación que Leyva viene adelantando para la liberación de monseñor Rolando Álvarez, obispo de Matagalpa, preso por el régimen de Ortega sin ninguna explicación. Los dos son propósitos nobles pero para muchos no justifican el silencio de Colombia frente a las violaciones de los derechos humanos del régimen nicaragüense. Colombia no puede defender unas banderas en unos escenarios y olvidarlas en otro por conveniencia. 

Para completar, el ministro de Relaciones Exteriores terminó haciendo una apología de Jesús Santrich, el extinto guerrillero de las Farc, que retomó las armas, puso en riesgo el proceso de paz y burló la justicia colombiana incluyendo a la JEP que le había concedido la garantía de no extradición para que pudiera defenderse en Colombia. El canciller Leyva evocó al prófugo y reincidente con estas palabras: “En materia de la verdad, se redactaron unos principios sobre los cuales se creó la Comisión de la Verdad. Y no lo hice solo, me acompañó un guerrillero entrampado y asesinado: Jesús Santrich”.

Al menos los ministros cometieron sus errores de juicio en sano juicio. Sobre el embajador en Venezuela Armando Benedetti no se puede decir lo mismo. Apenas cuatro días después de haber llegado a Venezuela se publicó un video que lo muestra aparentemente alicorado hablando “en letra pegada” ante un grupo binacional de empresarios en Cúcuta. El evento tuvo lugar antes de su posesión pero las consecuencias políticas se empezaron a sentir después. El embajador sostiene que no estaba borracho sino enfermo.

El que no pretende ni puede negar que se la amarró es el senador del Pacto Histórico Álex Flórez. En Cartagena y bajo los efectos del alcohol el legislador tambaleando por la intoxicación etílica insultó a unos patrulleros de la Policía llamándolos ladrones, atracadores, asesinos y violadores de derechos humanos. Un miembro de su esquema de seguridad trata de controlarlo ante lo cual el senador le dijo: “No seas tan sapo cabrón quédate callado”. Su estado de embriaguez era tal que hasta sus pantalones caqui se mojaron. Al respecto el periodista Daniel Samper Ospina comentó que al menos Flórez había hecho su “mea culpa”.

La justificación resultó peor. Hablando con Blu Radio con arrogancia afirmó  “A mí me eligieron para hacer las leyes, no para que me comportara como el ejemplo nacional”. El tono resultaba tan agresivo que uno de los periodistas le preguntó si seguía bajo los efectos del alcohol. El senador lo negó. Horas después emitió un comunicado excusándose por su comportamiento. 

No tan grave, pero igualmente exótica, resultó la aparición de la representante a la Cámara Susana Boreal en el Congreso Internacional de las TIC en Cartagena. En una mesa de discusión sobre comunicación y tecnología, la congresista se levantó, tomó aire y empezó a interpretar el Ave María de ​​Schubert. Nada ofensivo, simplemente fuera de lugar para el escenario. 

Los desaguisados políticos, la falta de compostura, las conductas escandalosas o las simples fallas del sentido de la oportunidad están empezando a volverse costumbre. Ningún bien le están haciendo a la administración Petro estas acciones de sus alfiles. Las salidas de tono están debilitando la imagen de un gobierno que apenas empieza.