19 Mayo 2022

El lapsus de Bush: confunde Irak con Ucrania

Crédito: Reuters

El expresidente George Bush daba una conferencia en Texas y, cuando se iba a referir al conflicto en Ucrania, tuvo un lapsus y terminó refiriéndose a “la decisión de un solo hombre de lanzar una invasión brutal e injustificada del estado de Irak”.

En la tarde del día 18 de mayo, mientras el expresidente estadounidense de 75 años George W. Bush dictaba una charla sobre la importancia de la separación de poderes y las elecciones transparentes en la ciudad de Dallas, Texas, fue víctima de un escandaloso lapsus freudiano, que nada tiene que envidiarle al de algunos políticos colombianos que en su momento han intentado opinar sobre la guerra de Ucrania, o bien sobre las relaciones que Colombia sostiene con la nación presidida por Vladimir Putin, a quien hace ya varios años se le atribuyó la presidencia de la Unión Soviética desde el micrófono de una reconocida senadora del Centro Democrático.

El anciano funcionario quiso condenar la prevalencia de elecciones “amañadas” en el sistema político ruso, así como la invasión de Ucrania emprendida por su presidente hace casi tres meses. Sin embargo, acabó refiriéndose a “la decisión de un solo hombre de lanzar una invasión brutal e injustificada del estado de Irak”, en una metida de pata que se hizo viral, y que ya cuenta con entre 80.000 y 150.000 vistas en los canales de medios como France 24, USA Today o The Guardian, que están adscritos a la plataforma YouTube. Rápidamente, el exmandatario se corrigió aludiendo a su avanzada edad, y despertando una sonora risotada en su audiencia.

No obstante, nadie debería sorprenderse de este arranque de sinceridad, ya que hace solo dos meses el propio Joe Biden (quien es cuatro años mayor que Bush) fue captado en varios medios televisivos al dirigirse al Congreso y expresar la solidaridad de Estados Unidos con “el pueblo iraní”, en medio de otro notable fracaso idiomático al momento de rechazar la invasión de Putin a Ucrania.

Tal como reportó el diario francés Le Monde, la reacción más sensata a las declaraciones de Bush probablemente provino del politólogo pakistaní Hussain Nadim, director del Instituto de Investigaciones Políticas de Islamabad. Con un tono inevitablemente burlesco Nadim declaró que, durante un breve intervalo de apenas dos segundos, la verdad había prevalecido en la historia de los Estados Unidos de América.

El 20 de marzo de 2003, el entonces presidente sufrió un lapsus bastante más grave al declarar  pomposamente en televisión nacional, el inicio de la operación “Libertad Iraquí”, sobre la base de un inexistente arsenal de armas de destrucción masiva en poder del exdictador Saddam Hussein que permitió a su gobierno ignorar abiertamente los principios del derecho internacional, que desde los Juicios de Núremberg en 1946, condena explícitamente el uso de la fuerza militar como instrumento de presión en el marco de una negociación entre dos estados, así como la organización de cualquier tipo de guerra de agresión con fines de engrandecimiento territorial.

Hace casi ya 20 años que el “primer desliz” de Bush condenó a los iraquíes a un espiral interminable de violencia e inestabilidad política que ha dejado tras de sí a casi medio millón de muertos, y que ninguno de los gobiernos democráticos respaldados por Washington tras su “operación libertadora” ha sido capaz de frenar por completo. No sobra decir que Estados Unidos es, junto con Rusia y China, la única gran potencia que hasta el día de hoy se niega a ratificar el estatuto de Roma de 1998, que otorga a la Corte Penal Internacional la facultad para investigar y procesar a los sindicados por crímenes de guerra, entre los que por supuesto se incluye el de “conspiración para cometer agresión”.

Así pues, vale la pena preguntarse si Vladimir Putin realmente puede ser enviado a La Haya, con un Bush que ha logrado evadirla durante dos décadas y que ahora disfruta plácidamente de su vejez. Una vejez que ni los recuerdos de aquel lejano marzo de 2003 parecen perturbar demasiado, a pesar de que ocasionalmente se embarquen en una invasión brutal y totalmente justificada de su conciencia. Quizá es momento de que el derecho internacional se convierta en derecho, y deje de ser una recomendación propensa a ser víctima de interpretaciones subjetivas.